Saltar a contenido
Feminismos Desigualdades
Durante la apertura del centro de atención a mujeres y personas de género diverso usuarias de drogas, el 27 de febrero, en Las Piedras. · Foto: Ignacio Turell, Presidencia

Durante la apertura del centro de atención a mujeres y personas de género diverso usuarias de drogas, el 27 de febrero, en Las Piedras.

Foto: Ignacio Turell, Presidencia

La brecha de género en el tratamiento del consumo problemático de sustancias

Referentes de la Junta Nacional de Drogas explicaron cómo trabaja el Estado para eliminar estas barreras y mujeres con consumo problemático dieron su testimonio.

La desigualdad de género permea todas las áreas de nuestra sociedad y el tratamiento del consumo problemático de drogas no queda exento. En diálogo con la diaria, Claudia Maciel, psicóloga especializada en adicciones, afirmó que la tasa de recuperación de las mujeres es menor que en los hombres debido a múltiples factores.

A su vez, la mayor parte de los centros de rehabilitación están hechos desde una “mirada masculina”, como indicaron el nuevo secretario general de la Junta Nacional de Drogas (JND), Aldo Tomassini, y la referente de Género de esta institución, Laura Latorre, que en ese sentido explicaron cómo se trabaja desde el Estado para transformar esta situación.

la diaria también entrevistó a mujeres que realizaron tratamientos en estos centros, quienes contaron su experiencia y relataron algunas de las dificultades que vivieron allí por su género.

La desigualdad en los procesos de recuperación

Claudia Maciel, psicóloga especializada en el uso problemático de drogas y que cuenta con cuatro años de experiencia laboral en una clínica de rehabilitación, explicó a la diaria que el uso problemático de sustancias responde a un trastorno “crónico, progresivo y grave” que no afecta solo a quien lo padece, sino también a su familia y/o entorno más próximo.

La licenciada indicó que no identifica diferencias de género en la presentación del consumo problemático, pero que “la población masculina es considerablemente mayoritaria en los procesos de recuperación”. Esta desigualdad es “multicausal”, dijo, y el factor preponderante es el sociocultural. En esa línea, expresó que la maternidad y las tareas de cuidados, que generalmente recaen sobre las mujeres, cuestan mucho delegar y son “la mayor traba al pedir ayuda”. En ese sentido, señaló que la mujer posee una conciencia escasa de su problema de consumo y a veces nula: “Piensa que puede [recuperarse] sola”.

“Los porcentajes de recuperación (entendiéndola como el consumo cero y abstinencia sostenida) a nivel mundiqal son muy bajos; a nivel región y país están en menos de un 5%”, detalló. El porcentaje es aún más reducido para las mujeres, ya que “no acceden a los tratamientos de la misma forma que los varones”, concluyó.

Cómo el gobierno enfrenta esta problemática

A nivel gubernamental, la perspectiva de género es uno de los principios rectores de la Estrategia Nacional de Drogas para el período 2026-2030, en tanto “permite comprender los vínculos que se establecen con los mercados de drogas, la exposición a diferentes formas de violencia y las consecuencias de la infracción de leyes de droga”, señala el documento.

Agrega que “su incorporación como marco conceptual implica mirar críticamente las intervenciones, estrategias y abordajes en la política de drogas, contemplando las especificidades e interseccionalidades, promoviendo entornos seguros y libres de violencia, que garanticen condiciones efectivas de equidad”.

Tomassini, secretario general de Drogas, y Latorre, referente de Género de la JND, explicaron las dificultades que enfrentan las mujeres para acceder a los tratamientos por consumo problemático de sustancias y las distintas medidas que está llevando a cabo la institución para mitigar estas barreras. Destacaron la creación de dispositivos que contemplan las necesidades específicas de las mujeres, en el abordaje de cuestiones como los cuidados, la maternidad y la violencia de género.

En los centros de rehabilitación residenciales, donde las personas se encuentran internadas, la mayor parte de la población es masculina. Tomassini relató que, “históricamente, estaban muy masculinizados estos lugares. Incluso la infraestructura del lugar no facilitaba el acceso de las mujeres y la verdad es que terminaba siendo muy complejo y muy forzado pensar que un dispositivo pudiese ser mixto”.

“Lo que hemos tratado de mejorar es que haya más dispositivos específicos destinados a mujeres y a personas de género diverso, a nivel de comunidad, que no teníamos”, señaló Latorre. Explicó que estos centros difieren de los de rehabilitación, no son residenciales y a nivel general llegan más personas. Además, cuentan con la capacitación de los equipos de trabajo con perspectiva de género “para mejorar aún más la atención de las mujeres usuarias de drogas”, sostuvo el secretario.

El 27 de febrero de este año, la JND abrió el primer dispositivo con atención específica para mujeres y personas de género diverso en Las Piedras con una atención ambulatoria de 14.00 a 20.00. Se trata de un espacio pionero en América Latina, según afirmó en su inauguración Gabriel Rossi, el anterior secretario, recientemente fallecido.

El centro de Las Piedras “surge de esta problemática de acceso de las mujeres, que en otros dispositivos más destinados a varones, o que tradicionalmente fueron pensados para varones y asisten más varones, de alguna manera hay como una predominancia de los discursos de los varones y dejan un poco en segundo orden a las mujeres”, reafirmó Latorre.

Además, agregó que se sumó al centro una consultoría que evalúa su técnica y funcionamiento para “identificar dónde tenemos vacíos y oportunidades de mejora con el fin de diseñar los estándares de calidad de este tipo de dispositivos y un modelo que pueda replicarse en más regiones del país”.

Ambos expresaron que una de las mayores barreras es que las mujeres demandan o consultan menos sobre el tratamiento debido a que sufren una mayor estigmatización, especialmente aquellas que son madres o están cursando el embarazo.

Otra de las limitantes para acceder a los centros de tratamiento es el temor a la pérdida de la custodia de las hijas e hijos. “Si una mujer con hijos o embarazada —momento donde muchas quieren parar de consumir— es tildada como mala madre o abandónica, se aleja de los dispositivos de tratamiento”, explicó la referente.

Como respuesta a estos obstáculos, la JND tiene en desarrollo la creación de salas infantiles, de cuidado y atención para madres con consumo problemático de sustancias en los lugares de atención, “porque es una práctica que se reconoce como facilitadora del acercamiento a la recuperación”, tal como explicó el nuevo secretario general del ente gubernamental.

Recuperarse siendo mujer

la diaria entrevistó a tres mujeres que estuvieron una o más veces en centros de rehabilitación mixtos privados, quienes expresaron sus vivencias y dificultades en las clínicas al ser mujeres. En esa línea, describieron desde falta de adaptación a sus necesidades básicas como la higiene menstrual hasta abusos que sufrieron fuera y dentro de los centros.

Olivia tiene 21 años, es estudiante en la Facultad de Humanidades, fanática de Taylor Swift e hincha acérrima de Peñarol. La joven estuvo internada en 2025 en una clínica psiquiátrica durante dos semanas luego de sufrir una sobredosis y, posteriormente, fue derivada a una clínica de rehabilitación donde estuvo internada seis meses, según su testimonio.

“Dentro de las clínicas sufrimos abusos […] En mi caso, un hombre más de diez años mayor que yo me dio un beso sin mi consentimiento y me acosó cuando había entrado hacía solo una semana. Otras compañeras sufrieron abusos sexuales de compañeros y hasta de funcionarios que supuestamente nos cuidaban y no se llevó a cabo prácticamente ninguna acción frente a ello, simplemente los mandaban a otro lugar del centro”, relató.

Dijo que tuvo que “aprender las reglas del juego del lugar, cuándo, cómo y con quién hablar para que se hiciera algo cuando ocurrían situaciones y decían comentarios totalmente misóginos […] Después de eso pude enfocarme realmente en mi recuperación y hoy estoy agradecida, más allá de eso, de haber estado internada y poder estar limpia”.

“Yo consumía sola, me daba vergüenza y sentía mucha culpa, nadie sabía, o eso pensaba en el momento, por eso no pedí ayuda, pero cuando estás cinco días seguidos sin dormir ni comer, se empieza a notar”, contó.

Mercedes tiene 57 años y no consume hace 18 meses; gracias a ello, hoy está retomando sus estudios secundarios. En su relato, manifestó que su padre no la dejó terminar sus estudios “porque no servía y era mejor ir a trabajar”. Así, a los 15 años empezó a trabajar como trabajadora doméstica hasta que ingresó en una clínica con 55 años. Es madre de dos hijos y esposa de Fernando, quien “fue un apoyo en todo el proceso de recuperación”.

Relató que su padre también tenía adicción; en su caso, a las mujeres y al alcohol. “De chica viví mucha violencia por su parte. Desde los cuatro años hasta los 16 fui abusada sexualmente por él”. Expresó que, gracias a la atención psicológica de la clínica, “recién con 57 años” pudo entender y reconocer el daño que le causó y lo identificó como una de las mayores causas de su adicción, “el deseo de tapar ese dolor”.

Melina tiene 29 años y le gusta leer poesía e historia. Es oriunda del Pinar, donde vive actualmente tras haberse ido a Montevideo con 19 años, momento donde comenzó su consumo problemático. Después de nueve meses de internación durante este año, pudo comprarse la moto que tanto quería. Al igual que Olivia, se reconoce como adicta y llegó a la rehabilitación tras “tocar fondo” con un intento de autoeliminación. Ahora está en abstinencia y eligió estar desempleada para poder enfocarse “en el proceso de recuperación, que sigue después del alta médica que te dan en la clínica”.

“Estuve diez años ocultándole a mis padres que yo tenía un problema con el consumo, debido también a que tengo un hermano que está en consumo activo. Eso les trajo muchos problemas y yo estaba vista desde otro lugar, quería estar vista desde ahí y mantenerme en ese pedestal con él. Entonces no quería romperles el corazón, pero era mucho, ya no aguantaba más”, expresó.

Melina señaló que para sus padres no fue lo mismo enterarse que “su hija se drogara a que su hijo lo hiciera”. Afirmó que si ella hubiese hecho “la mínima parte de lo que él hizo, seguramente a mí no me abrirían las puertas; la forma de tratar la enfermedad es completamente diferente”.

“Hay una traba por ser mujer para poder incorporarse al tratamiento de la salud mental para recuperarse. En la clínica hay madres de familia, mujeres de tercera edad, víctimas de abusos por parte de sus parejas que consumían o de abusos intrafamiliares. Hay un montón de panoramas de otras mujeres que se animan y para mí son lo más valioso porque son un ejemplo tremendo. Hay que tener mucho, mucho ovario para todo esto”, señaló.

Melina afirmó que consumo problemático no discrimina por género, edad, orientación sexual o nivel socioeconómico. “Para las mujeres es el doble de angustiante el no saber a quién pedirle ayuda porque te da miedo que te juzguen, el juzgar de la sociedad, el juzgar de la persona a la cual le pidas ayuda. Está claro, la población que más se interna […] son varones. No porque no haya mujeres que no tengan problemas de consumo o salud mental, pero no se visibilizan como corresponde”.