La Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE) promueve una estrategia centrada en la transformación digital de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), al tiempo que busca posicionar la soberanía tecnológica como un eje clave del desarrollo productivo del país. En un contexto global marcado por la concentración del poder en grandes plataformas y el avance de la inteligencia artificial, el organismo plantea la necesidad de que Uruguay no se limite a adoptar tecnología, sino que construya capacidades propias, dijo a la diaria el presidente de la agencia, Juan Ignacio Dorrego.
“La transformación digital no es una mera modernización estética. Somos conscientes de que esto se refiere a una disputa por el poder económico. Es decir, muchas veces se presenta la tecnología solamente como un asunto de eficiencia y modernización, pero en realidad estamos hablando de quién captura valor, quién controla datos, quién fija estándares y, por supuesto, quién queda subordinado a estos sistemas de producción”, afirmó el presidente de la ANDE.
Para Dorrego, incorporar tecnología e impulsar la innovación y la ciencia en la producción de Uruguay es un “tema desafiante” que se enmarca en una “estrategia de país”.
En ese marco se inscribe el programa Uruguay Innova, que busca articular ciencia, tecnología y producción, así como fortalecer la coordinación entre agencias públicas. El objetivo es que la innovación no quede encapsulada en sectores específicos, sino que se traduzca en desarrollo productivo, explicó.
“Estamos convencidos de que Uruguay no puede limitarse a adoptar tecnología. En definitiva, tenemos que construir capacidades, soberanía práctica [...] Este es el paraguas que orienta lo que estamos haciendo en materia de ciencia y tecnología”, sostuvo.
En ese sentido, dijo que la agenda digital no es “decorativa”, sino que implica una mirada de desarrollo. Ese enfoque requiere también una redefinición del concepto de soberanía tecnológica. “No necesariamente creemos que la soberanía tecnológica es una autarquía, sino que refiere a tener capacidad de decidir”, explicó, y agregó que para un país pequeño no implica “aislamiento”, sino que se trata de “tener capacidades mínimas para elegir, para negociar, para adaptarse y no aceptar pasivamente lo que viene dado”.
En ese marco, puso el ejemplo de la instalación del primer “Laboratorio de inteligencia artificial para el bien” de Microsoft en América del Sur, una iniciativa que se instalará en el Parque de Innovación del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU) y de la cual la ANDE forma parte.
“En definitiva, el problema no es usar tecnología global, sino que el inconveniente es utilizarla sin estrategia. La dependencia digital es una vieja desigualdad que, en este caso, se profundiza, por eso hay que estar atento a estos desafíos. [...] El riesgo siempre es que existan usuarios intensivos de tecnología únicamente ajena, que solo sean generadores de datos y compradores permanentes de soluciones que en definitiva no controlamos”, dijo.
Frente a esta situación, indicó que la ANDE pretende fomentar la digitalización, automatización e inteligencia artificial de las mipymes en una proceso construido con las empresas tecnológicas uruguayas. “Además, están atravesando un momento crítico, en donde hay una transformación del modelo de negocio que pasa de vender servicios a ofrecer productos, y ese camino uruguayo debe de hacerse de forma conjunta entre un Estado emprendedor, dinámico, potente, que toma decisiones, y un sector privado dispuesto a dar esos pasos”, indicó.
Transformación digital
La ANDE prevé invertir más de siete millones de dólares entre 2025 y 2026 en programas orientados a digitalizar procesos productivos, mejorar la gestión empresarial e incorporar herramientas de automatización e inteligencia artificial en las mipymes. La apuesta, según explicó Dorrego, es que la innovación no quede concentrada en nichos o startups, sino que alcance al conjunto del entramado productivo.
“La agenda de innovación no puede ser solo para startups, sino que tiene que transformar también las micro, pequeñas y medianas empresas. Países como Uruguay no pueden hablar de innovación sin pensar en las mipymes. De lo contrario, se está hablando de una minoría. La productividad, el empleo y, en definitiva, la capacidad exportadora, que no es otra cosa más que la competitividad, dependen de que la tecnología llegue a las empresas reales y no solo a casos de portadas de revistas”, sostuvo.
Pero el desafío no es solo tecnológico. También implica un cambio cultural en el empresariado. Según Dorrego, “hay un 15% de las empresas uruguayas que se autodeclaran innovadoras”, un nivel que considera bajo para sostener un proceso de desarrollo basado en conocimiento.
De acceso a captura de valor
Una tercera dimensión del debate tiene que ver con quién se apropia del valor generado por la digitalización. “La discusión ya no es solo sobre acceso a tecnología, sino sobre la captura de valor”, planteó.
Esto supone pasar de una lógica centrada en el acceso, la conectividad y la adopción digital a otra que priorice la creación de empresas capaces de competir en mercados globales y generar valor agregado.
Para avanzar en esa dirección, ANDE impulsa programas orientados a fortalecer el ecosistema emprendedor, especialmente en áreas de base científica y tecnológica. Entre ellos, se destacan iniciativas para identificar y financiar nuevos emprendimientos, con una inversión estimada de unos dos millones de dólares. También lanzará una iniciativa que busca generar capacidades en universidades, parques científicos y tecnológicos u otras instituciones para identificar ideas de negocio.
Inteligencia artificial
La inteligencia artificial aparece como un eje transversal de esta estrategia. Desde ANDE advierten que su impacto dependerá de cómo se gestione su adopción. “La inteligencia artificial, si bien puede potenciar y acelerar algunos modelos de desarrollo […], también puede ampliar algunas brechas si no se la gobierna con sentido de desarrollo”, señaló Dorrego.
En ese marco, la agencia elaboró una estrategia interna que combina formación de capacidades técnicas, fortalecimiento de infraestructura, alianzas y licencias con empresas tecnológicas nacionales y globales. A esto se suma el desarrollo de herramientas orientadas a mejorar la gestión pública, con el objetivo de automatizar procesos, agilizar convocatorias y facilitar diagnósticos.
La estrategia también tiene una dimensión externa, enfocada en el ecosistema productivo. Por un lado, busca fortalecer las capacidades de quienes lideran micro, pequeñas y medianas empresas y de los emprendimientos en el uso de inteligencia artificial.
Por otro, impulsa la creación de servicios concretos que impacten en la gestión cotidiana, como el desarrollo de agentes de inteligencia artificial que operen a través de redes sociales o aplicaciones de mensajería, y la implementación de centros digitales respaldados por estas tecnologías.
“Para nosotros es importante tener una estrategia interna de ANDE, que se alinee con esa mirada de país que busca vincular esta tecnología con la investigación, que no busca enfrentarla a una excesiva regulación y que necesita ponerla a disposición de los sistemas de producción”, afirmó.
En este escenario, Dorrego dijo que Uruguay parte de algunas ventajas, como altos niveles de conectividad, el rol de Antel como empresa pública tecnológica, una alta adopción de herramientas digitales a nivel ciudadano y condiciones macroeconómicas que posicionan al país. No obstante, advirtió que el país enfrenta el riesgo de quedar relegado si no logra integrar estas tecnologías en su sistema productivo. “Es necesario que estos sistemas de producción no queden rezagados en la adopción de estos instrumentos al tiempo que pensamos cómo desarrollar tecnología desde Uruguay”, afirmó.
Lejos de limitarse a corregir fallas de mercado, Dorrego planteó que el Estado debe tener un rol activo en la creación de capacidades y en la orientación de los procesos de innovación. “La política pública no tiene por qué correr atrás de la innovación, sino que tiene que orientarla. Si el Estado solo corrige fallas de mercado, llega tarde. En países periféricos, por lo general, el Estado tiene que ayudar a crear capacidades que el mercado por sí solo no puede”, concluyó.