Existe gran preocupación entre las autoridades de la Salud Pública por el elevado número de ahogamientos registrados en las playas, especialmente en el este. Los episodios de bañistas que tienen que ser rescatados por los guardavidas van en aumento, pero incluso en los casos en los que el rescate es exitoso, las secuelas pueden ser muy graves.
El sábado, un guardavidas que tres días antes se había metido en el agua de una playa para sacar a alguien tuvo que ser rescatado por un gastroenterólogo. “Fue una suerte que hubiera un especialista en el sistema digestivo en la playa. Si no, no sé si estaría contando el cuento”, relató el guardavidas, quien sintió los primeros indicios de que algo no estaba bien en horas de la mañana. “Primero empecé a sentir una especie de hormigueo en el estómago, que inicialmente atribuí al hambre. Pero después me vinieron unas ganas incontenibles de defecar. Ni bien bajé de la caseta para ir al baño me di cuenta de que no llegaba y tuve que ir detrás de las dunas. Por suerte, se acercó un gastroenterólogo y me explicó que lo que tenía era un cuadro de intoxicación por exposición a coliformes fecales. Me mandó a casa y me recomendó que la próxima vez me metiera al agua sólo si era estrictamente necesario”.
El testimonio: “El otro día alguien había tragado tanta agua que terminó en el hospital. No por los pulmones y el corazón, que le quedaron bárbaros después de la reanimación, sino por la diarrea”. Guardavidas pero no guardaintestinos.