Pinchinatti: candidato ficticio a presidente en las elecciones de 1989, protagonizado por Ricardo Espalter (1924-2007) en el programa humorístico de Canal 10 Decalegrón, por la lista 7777 del Partido de Unificación Tradicional (PUT), autoidentificados como “putistas”. Sus propuestas de gobierno eran disparatadas, como convertir a Uruguay en una gran oficina pública de América Latina, de modo que, mientras le hacemos todos los trámites al resto de los americanos, los uruguayos pasaríamos a ser toditos empleados públicos. O colocar camiones cisterna en los barrios que repartan nafta y querosén, canchas de bochas en la Caja de Jubilaciones para que los ancianos se entretengan mientras esperan para cobrar, y pantalla gigante para que las abuelas no se pierdan la novela de la tarde mientras hacen esas colas interminables para cobrar la jubilación.

La popularidad de Pinchinatti fue explosiva y pronto el equipo de Decalegrón decidió hacer actos públicos, todos los lunes, en la Plaza de los Bomberos, transmitidos en vivo, y se llenaban de cientos de personas que venían de todo el país. Allí presentó a su futuro ministro de Economía (el mago Michel), que hizo un truco en el cual sacó una ristra de chorizos de adentro de un gran colador de café de tela como símbolo de la prosperidad de su futuro gobierno.

El “lanzamiento oficial” de su candidatura se hizo en el Palacio Peñarol, adonde asistieron miles de personas, colmando incluso las calles. Sin patrocinio alguno, la gente fue por sus propios medios con carteles y pancartas. Allí Pinchinatti llamó a valorizar el gofio como alimento autóctono y prometió obsequiárselo a los visitantes extranjeros para que lo difundieran por el mundo.

Prometió humanizar el valor de los impuestos ofreciendo a quien pagara la patente de su perro, automáticamente, el derecho a tener dos gatos sin recargo alguno. Y para aliviar la carga tributaria sobre la población, prometió que aquellos que no tuvieran auto no tendría que pagar patente de rodados y que las zanahorias serían vendidas exclusivamente por la Cámara del Bien Raíz. Y fue categórico al afirmar que controlaría severamente las latas de duraznos en almíbar, que cada vez tienen más almíbar y menos duraznos, problema que, en cambio, no habría con el zapallo en almíbar, ya que “en este país lo que sobran son los zapallos”.

Su jingle, compuesto por Julio Frade (1943-2025), decía: “Pinchinatti, él es nuestro líder/ es el ídolo de la nación/ Pinchinatti es un hijo de pueblo/ Pinchinatti trepa con su corazón”.

La cosa pasó a castaño oscuro cuando la gente empezó a buscar en la guía telefónica el apellido Espalter y a llamarlo por teléfono para consultarle dónde conseguir listas del PUT. Finalmente, días antes de las elecciones, el elenco de Decalegrón hizo pública una declaración, en su mismísimo programa, en la que dejaron en claro que Pinchinatti era un personaje ficticio. No dejó, sin embargo, de obtener unos cuantos votos, con aquellas listas en joda y que decían: “Voto a Pinchinatti para la Presidencia, la Intendencia y para todas las bancas del Poder Legislativo (inútilmente ocupadas)”.

Ultratón: robot alcahuete que venía desde la inmensidad del espacio para todos los niños y aparecía en Cacho Bochinche, programa infantil conducido durante 38 años por Cacho de la Cruz (1937-2025) en Canal 12. Era como un calefón gigante con brazos y luces y traía unas cartas con información secreta sobre gurises malenseñados, ya que gracias a su antena de ondas serchianas sabía todo lo que pasaba en el mundo.

Esos informes eran leídos al aire por Cacho ante una tribuna repleta de gurises chicos, muchos de los cuales eran escrachados: “Patricia Gómez Altuna tiene 5 años, les pega a todas las compañeras de la escuela, llora y se tira al suelo, y a su mamá le dice flaca chiflada”, o “María Roo Vázquez tiene 3 años, usa chupete y a las tías les dice viejas brujas”. O “Heber Fabián Barboza, 2 años, no hace caso a nadie, se enoja y le tira puntapiés a todo el mundo; a su mamá le grita gorda papafrita y también moja la ropa”. Tras tamañas revelaciones, y con todo el guacherío asombrado y, nunca mejor dicho, “quietitos como gurí cagado”, Cacho, junto con sus músicos, entonaba el popular estribillo de la canción de Ultratón: “Decir cosas feas es asunto grave/ Antes de decirlas, ¡boquita con llave!”.

La visita de Ultratón a Cacho Bochinche finalizaba cuando este sacaba una canasta a la cual todos los pendejos que estaban en la tribuna corrían presurosos a dejar sus chupetes, pañales y mamaderas –no fuera cosa que los dejara pegados en el siguiente programa–, que eran llevados por Ultratón en su regreso al espacio. Otra de sus canciones decía: “Atención, atención, Ultratón los vigiló/ y llegando del espacio muchos chicos controló”, y que “vigila a los niños que no quieren a la escuela/ y también a los traviesos que molestan a la abuela”. Además de “en la escuela hay muchos chicos que se pasan conversando/ y que se comen las uñas como quien está almorzando”, y “Atención, atención, que Ultratón está presente/ con chicos desobedientes que no quieren hacer caso/ ni a papá ni a mamá ni a la tía ni a la abuela/ y repiten como loros todas las palabras feas”. Cosa que es asunto grave.