Ta bien, en Uruguay no habremos tenido un Ícaro que, desoyendo a su padre, se acercó tanto al sol que sus alas de cera se derritieron y cayó haciéndose moco contra el mar, ni tampoco una Pandora, que no pudiendo más de chusma abrió la caja aquella que Zeus había dado instrucciones de no abrir bajo ningún concepto y de donde se le terminaron escapando todos los males del mundo. Ni lugares como el Monte Olimpo, el Jardín de las Hespérides o Florencio Varela, en la provincia de Buenos Aires.

Pero la mitología uruguaya está conformada por lugares, hechos y personajes tan maravillosos que harían pasar vergüenza a los mismísimos romanos, nórdicos o griegos y de quienes estaremos hablando en distintas entregas.

Batlle, los cuernos de: histórico monumento construido en 1967 y emplazado en el cruce de Bulevar Artigas con las avenidas Luis Alberto de Herrera y José Pedro Varela. Originalmente su creador, el arquitecto salteño Román Fresnedo Siri (1903-1975) lo hizo en homenaje al expresidente Luis Batlle Berres (el padre de Jorgito, el que dijo aquello de los argentinos, sí...), a quien simboliza levantando sus brazos hacia el infinito en su aspiración de mejorar las condiciones de vida del pueblo uruguayo. Pero no sólo las condiciones de vida del pueblo uruguayo nunca mejoraron (todo lo contrario, más bien), sino que, para desgracia del arquitecto, el pueblo uruguayo nunca vio allí ningunos brazos, mas si un par de astas, guampas o cornamentas. Nadie dice, por ejemplo, “pa ir al shopping tomate el 180 y te bajás en los Brazos Alzados hacia el Infinito de Batlle”.

Coneja, la hermana de la: personaje principal de una canción escrita por Raúl Castro y popularizada por Jaime Roos, que era de Playa Pascual y que perdió la virginidad en un colchón apolillado en un depósito sucio de la Ciudad Vieja con el flaco Tito, aquel morocho flaquito que la conquistó con mimos. Tuvo la mala suerte de quedar embarazada y, aunque el flaco Tito consiguió la guita para hacer un aborto clandestino en el fondo de un almacén, de todos modos se mandó mudar. Finalmente, al parecer, se acomodó con un gordo barrigón con plata y terminó divirtiéndose en pavada de colchón, veraneando en el este, usando lentes con cadenita, mandando a los gurises a colegio privado y no pregunta los precios ni para comprar un kilo de carne picada de la magra. Y nunca más se acordó de la hermana, a la que ni nombra. Pero a pesar de que acude al psicoanalista y todo, siempre la marcó la sombra de cómo la vino a quedar allá por la Ciudad Vieja.

Verídico, don: Personaje famoso por sus cuentos, creado en 1962 por Julio César Castro, Juceca (1928-2003), que comenzó en la revista Misiadura y fueron interpretados por Luis Landriscina y por él mismo en diálogos con Gerardo Sotelo (sí, ese mismo que estás pensando) y editados en libros. Los cuentos de don Verídico están situados en un paraje rural que no tiene nombre ni queda en un lugar determinado, y hablan de las costumbres de sus habitantes y su idiosincrasia. Buena parte de ellos transcurre en el boliche El Resorte (ver) que tiene un grupo de parroquianos fijos que generalmente son los personajes principales, pero frecuentemente es visitado por otros vecinos y algunos forasteros. Una de sus características principales radica en la particularidad de los nombres de sus personajes, como Pocholo Fomento, casau con Mantecosa Gotera, o Anodino Pertrecho, casau con Ligerita Latosa, que se conocieron una vuelta que ella tiró por la ventana el agua de los fideos justo cuando él se asomaba pa preguntar dónde quedaba la casa del dentista, porque hacía 14 años que le dolía la muela. O Moretón Mortajo, que era lobizón pero del tipo lobizón sorpresa, de los que nunca se sabe en qué se le pueden convertir, tanto en bicho como en cosa cualquiera, como teléfono ocupado o espejo de tualé. O Anular Gandul, casau con Apócrifa Visual, hija del viejo Visual, que con Anular se conocieron en el velorio de Palangano Mocheto, que tuvo la muerte del terrón de azúcar porque murió en un café.

Verdoso, Azulejo: uno de los protagonistas principales de los cuentos de don Verídico en el boliche El Resorte. Tiene fama de inventor porque en una oportunidá trató de inventar un mate con dos bombillas pa no tener que dar vuelta la yerba, además de crear una bombilla sin agujeros en la punta pa que no se le tapara. En otra ocasión hizo una máquina de rascar para Tropelía Chuleta, mujer que supo ser asunto serio pa la picazón, que como el marido no daba abasto pa la rascada ella solía visitar a un tal Barométrico Costrita, famoso por las uñas ya que su oficio era pelador de mondongo. Fue así que agarró un rayador de queso, un elástico de cama de aquellas camas con elástico, una polea, cuatro pilas alcaloides, dos botones de timbre pa prender y apagar, algunos chirimbolos más, y le hizo una máquina de rascar que venía gente de lejos pa verla. Es hermano y coparroquiano en El Resorte de Rosadito Verdoso, ese que está siempre comiendo higos.