Los yoruguas no tendremos un Prometeo robando el fuego a los dioses para entregarlo a los humanos ni cantos de sirena que nos conduzcan hacia la muerte, pero tenemos cada personajes que La Ilíada es un poroto...

Bustamante, Juan Glorieto: letrista imaginario, junto con Romualdo Chinchulín Manrique, del conjunto de humoristas Sociedad Anónima, un grupo de canarios de San José que revolucionó la categoría allá por los años 2000 y algo. Su nombre completo es Juan Glorieto Bustamante de Píriz de López de Pronceda y de Benítez, razón por la cual sus amigos le llamaban Tito. Como compositor, compuñó importantes canciones, entre ellas “El pueblo de arlao”, y también le ha compuñido las frases célebres al profe de la patria José Gimnasio Artigas, hermano de Bulevar Artigas, de quien era muy amigo.

Momo, dios: si bien el original es griego, al que Zeus sacó a patadas en el orto del Olimpo por burlarse y hacer chistes de los dioses, existe uno uruguayo de acá, que desde principios del siglo XX es el dios del carnaval. Por eso los conjuntos carnavaleros siempre hacen referencias a él en sus presentaciones y retiradas, y los periodistas hablan de que nos invade el espíritu de dios Momo para decir que empezó el carnaval, o que dios Momo copa la principal avenida para referirse al desfile. El espíritu de dios Momo ha ido cambiando con el correr de los años. Antes era una fiesta popular; andaban los gurises con los pomos de Gamberoni tirando agua con jedor a vinagre a las viejas mientras las familias llevaban viandas con tarta de fiambre y damajuanas de vino a los tablados, que los había por todos lados. Ahora, en cambio, en las murgas salen los personajes de la televisión y en los tablados te parten el tujes con los precios desde que entrás hasta que salís, y todavía, si te querés comer un choripán, tenés que andar fijándote que no sea Centenario.

Resorte, El: pulpería imaginaria en la que transcurre buena parte de los Cuentos de don Verídico (ver). Sin un dueño aparente ni nadie que lo atienda, era una especie de boliche autogestionado por sus propios borrachos. Si bien su elenco estable de parroquianos estaba conformado por los hermanos Rosadito y Azulejo Verdoso, la Duvija, el Tape Olmedo, el Pardo Santiago y un gato barcino más conocido como el Barcino (ver, ver, ver, ver y ver), permanentemente era frecuentado por algún forastero que pedía una gaseosa y le servían una cañita. Y allí se tejían historias como la de Anacrónico Concreto, que se le quedó con un rastrillo al viejo Botarate Botijo y cuando el viejo se lo fue a reclamar el otro se lo devolvió con los dientes torcidos y en lugar de disculparse le recomendó una ortodoncia. Era costumbre del lugar tomar vino y picar algún quesito con mermelada, a veces de nísperos. A menudo al queso lo agujereaban con un taladro para que pareciera gruyère. Y tomaban un vino tinto en damajuana que tanto lo usaban pa una fiesta como pa pintar exteriores y que era especial pa curar bicheras, pa matar hormigas, pa olvidar las penas o pa sacarles la herrumbre a los fierros... como quien dice, un vino multiuso. Una vez, Soporífero Corchea, cuando lo tomó, sintió una sensación como si por el garguero le fuera bajando una tropa de cascarudos con zapatos de trepar montañas. Era habitual que alguno de sus parroquianos, cuando no todos al mismo tiempo, estuvieran mamaus por unanimidá. El boliche carecía de electricidad, por lo cual, para enchufar una guitarra, en una oportunidad, Azulejo Verdoso consiguió un alargue con cinco leguas de cable, porque no había enchufe más cerca.

San Baltasar, llamadas de: histórico desfile de comparsas de negros y lubolos que se realiza cada 6 de enero entre los barrios montevideanos Sur y Palermo (rivales y hermanos) por la calle Isla de Flores, como no podía ser de otra manera. Hoy en día, a diferencia de las otras Llamadas (las llamadas Llamadas), es posible arrimarse hasta ahí y presenciar una treintena de comparsas sin pagar entrada, sin vallas y sin policías que te tiren el vino y te surtan a cachiporrazos la cabeza. Cuenta, además, con una vasta oferta de choripanes, aunque conviene caminar antes de pedir uno en el primer lugar que encontrás. El otro día me cobraron uno a 250 mangos, y una cuadra para allá valía 200 y además no tenían las aceitunas flotando en un jugo extraño, la lechuga marchita ni el pomo de mayonesa tibionga de pasar toda la tarde al rayo del sol.

Verdoso, Rosadito: uno de los protagonistas principales de los Cuentos de don Verídico en el boliche El Resorte, mundialmente reconocido por su fanatismo por los higos. Siempre va al boliche con una bolsa llena de higos, y ha llegado a comer croquetas de higos, además de reventarle algunos higos en la frente a alguno de esos impertinentes que nunca dejan de aparecer en el boliche. Que en alguna ocasión fueron sólo dos porque no era temporada y los tenía racionados. Hermano y coparroquiano en El Resorte de Azulejo Verdoso.