Todos los días abre un Farmashop nuevo en algún lado. Cierran comercios que deberían ser declarados servicio esencial, como los bares, y enseguida vienen, hacen pimpumpám y ya te abrieron uno nuevo en la esquina, a una cuadra de uno y a dos cuadras de otro.

Todos igualitos, sin rasgos particulares. La shoppinguización de todo lo que sea shoppinguizable llegó a las farmacias, desplazando al farmacéutico del barrio, que hasta hace no muchos años era una especie de doctor de los vecinos que recurrían a él por los más diversos motivos y dolencias.

A diferencia de los Farmashop, que son fríos, impersonales, donde los clientes no importan sino solamente como consumidores, en las farmacias de barrio se conservaba una relación de confianza construida durante muchos años, en la que sus dueños eran vecinos que tomaban mate y comían bizcochos en la vereda mientras chusmeaban con el vecindario o hablaban de “lo horrible que está la calor” y que vieron crecer a los gurises del barrio, a quienes siempre les obsequiaban caramelos.

El problema es que sabían más cosas de los demás que las que sabía el almacenero, por ejemplo, que a lo sumo sabía lo que ibas a cenar, si tenías un hijo vegano o cuantos litros de vino te tomaste el sábado.

Ese tal vez sea su talón de Aquiles, lo que los está llevando a la desaparición: incomodó tanto a los vecinos que los farmacéuticos sepan tanto de su vida íntima, que prefirieron ir a cualquier Farmashop, aunque les salga más caro, para proteger su intimidad. Porque, entre otras cosas, los farmacéuticos del barrio se enteran de cosas que las empleadas de los Farmashop (ni el verdulero, ni el carnicero, ni el cuidacoches del barrio) jamás se enteran.

Si tenés hongos en las patas

Por ahí vos pasás por la puerta de la farmacia cuando vas a esperar el bondi para ir a laburar y el farmacéutico te grita: “¿Y, Wilmar? ¿Cómo te fue con la pomada esa que te mandé para los pies? ¿Aflojó un poco la picazón y la baranda? Viste que tiene clotrimazol... Ayer la vi a la Sandra que te estaba tirando los championes en la volqueta, por eso preguntaba”. Todo eso delante de una doña que está comprando un paquete de ruleros, que mira con la nariz toda fruncida como diciendo: “¡Qué asco, mugriento!”.

Si estás de resaca

Vas de resaca a la farmacia de la esquina, con cara de estar muriendo y con todo lo que puedas tener revuelto en el organismo totalmente revuelto, recordando lo que decía siempre tu sabio padre: “Noches alegres, mañanas tristes”. Además, no te acordás de dónde dejaste la cartera y no la encontrás por ningún lado.

Pero el farmacéutico del barrio es comprensivo: “Sí, mija, llevá tranquila el alka-seltzer o lo que necesites para sacarte esa resaca, y cuando encuentres la cartera me lo pagás. Me imaginé, sí, que habrían tenido una noche larga porque aquel llevó un par de cajas de Prime anoche, de los de efecto retardado, y un gel íntimo, y venía del súper con una botella de fernet y un par de cervezas en la chismosa”.

Si andás con disfunción eréctil

Salís de tu casa rumbo a la feria a comprar pescado, papas y chauchas un sábado al mediodía porque se te antojó comer milanesas de pescado con ensalada de papas y chauchas, y cuando pasás por la puerta de la farmacia, el farmacéutico te grita desde adentro, delante de una doña que está comprando acetona para despintarse las uñas: “¿Cómo anda, doña Carmen? ¿Le sirvió la pastillita azul que le recomendé pal veterano? ¿Pudieron hacer pelear los bichos? Espero que sí, porque anoche con la lluvia estaba precioso para sacudir el felpudo y después hacer cucharita... Téngame al tanto; si no, cualquier cosa le mando un sidenafil un poquito más fuerte, el de 50 miligramos.

Si tenés hemorroides

Vos vas todo preocupado porque bueno, después de hacer caca, eehhh….bueno, eso. Y vas y se lo contás al farmacéutico al oído: “Sabés que me salió sangre del bshbshbshbshbsh y además bshbshbshbsh...”. “¡¡Ahhh!! ¡Deben ser hemorroides! Llevate este Fluxan que te va a hacer lo más bien, y tratá de no fumar, ni chupar, ni comer nada picante”, contesta el farmacéutico en voz alta delante de la misma vieja que el otro día compraba ruleros, que ahora estaba comprando pestañas postizas para ponerse para ir al tablado.

Si te falopeás

Mientras acompañás a tu abuelita a sacar número para el otorrinolaringólogo, pasás por la puerta de la farmacia y el farmacéutico te grita: “Flaco, mirá que llegó la variedad esa que pega como loco que te gusta fumar a vos. Te aviso porque en cualquier momento esto se me llena de rastas y fumetas y se agota enseguida”.

Si se te rompió el condón

Vas a la farmacia a comprar un rímel para emperifollarte antes de ir a las Llamadas y el farmacéutico te dice después de darte el vuelto: “Muchas gracias, doña María, que pase lindo en los tambores, y acuérdese de decirle a la gurisa que la segunda pastillita del día después la tiene que tomar a las 12 horas. Y que es normal que pueda tener un retraso en la menstruación, que no se preocupe, pero que tampoco se deje estar. Vio cómo son los jóvenes...”.