Cuando parecía que la inestabilidad en la economía mundial generada tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán iba para largo debido a las dificultades para prever cuánto duraría el conflicto, una noticia divulgada en la noche de ayer calmó a los mercados. El ayatolá Jamenei anunció que mantuvo una conversación telefónica con Donald Trump y logró convencerlo de que se entregue al islamismo radical y deje de atacar a Medio Oriente. “Es cierto que tuvimos diferencias con el presidente Trump, pero eso es cosa del pasado. Logré convencerlo de que se plegara a nuestra guerra santa contra Occidente, así que ahora somos aliados. El presidente Trump se comprometió a ponerse un chaleco explosivo y hacerse estallar en medio de la Casa Blanca, a cambio de recibir 72 vírgenes al llegar al cielo”.
Fuentes de la Casa Blanca confirmaron esta versión y reconocieron que la maniobra del líder supremo iraní fue “genial”. “Claramente logró ubicar cuál es el punto débil del presidente. Obviamente, Trump odia a los extranjeros, especialmente si son musulmanes, pero el odio que siente por todos ellos no es nada en comparación con la debilidad que siente por las adolescentes de corta edad. Fue una jugada maestra”.
El plan: “Si esta maniobra nos funciona, eso quiere decir que podemos tener en nuestras manos a las élites estadounidenses”. Iraní que siguió el caso Epstein.