Yamandú Orsi
Se sabe que los gobernantes desean, o temen, que los resultados de las selecciones nacionales influyan en el clima ciudadano. En Uruguay, luego de que la selección uruguaya quedó afuera, el presidente Orsi temía una derrota aún peor: que Argentina saliera campeón del mundo. Ante la posibilidad de que el malhumor social terminara siendo el golpe de gracia para su desfalleciente popularidad, Orsi envió a Gustavo Pato Celeste Torena para que les informara a los futbolistas argentinos sobre los riesgos que corrían en caso de salir campeones.
La Unión Europea
Los presidentes del bloque continental europeo temen quedar no ya en un tercer plano detrás de China y Estados Unidos, sino en un cuarto plano detrás de la superpotencia del Cono Sur. Sabedores de que Argentina fue el país de mayor PIB per cápita durante gran parte de la historia humana gracias a una mezcla de librecambismo, importación de nazis y bilardismo, los pérfidos europeos planearon la derrota en el Mundial como algo simbólico, que luego se complementará con las derrotas en las finales de rugby, polo, hockey femenino, el campeonato mundial de saber festejar mejor que nadie, la olimpíada de cultivar la amistad, comer asados y ser los más vivos del orbe.
Javier Milei
Como explicó en varios ensayos y conferencias, el actual presidente argentino no cree en los estados nacionales, sino en el libre intercambio entre personas y empresas. Al contrario de lo que muchos piensan, Milei inicialmente defendía estas ideas de manera clara, razonable y empática, pero comprobó que le iba a llevar muchas décadas convencer a todo el planeta de las bondades del liberalismo radical, así que decidió acotar sus objetivos a la eliminación de una única nacionalidad: la de su país. Cuando, además, entendió que no alcanzaba la demolición dentro de fronteras, ideó una estrategia para que también se contribuyera desde el exterior a la destrucción de Argentina. De hecho, Milei fue el verdadero artífice de la campaña mundial antiargentinismo, mediante la defensa de causas aberrantes, sus alianzas con líderes mundiales impresentables y los modales de Dibu Martínez.
Los jueces del VAR
En la final, a diferencia de lo ocurrido en los partidos anteriores de Argentina, el videoarbitraje no salvó a la albiceleste con fallos escandalosos o una tendencia no menos escandalosa de favorecer a la Scaloneta en jugadas no definitorias. ¿Por qué ocurrió esto? Muy sencillo. Porque el reglamento de la FIFA establece que los jueces de las finales solamente pueden ser reptilianos. Estos seres buscaron perjudicar a Donald Trump, quien hinchaba por Argentina tras leer millones de tuits que calificaban al país como supremacista y filofascista.
