Luego del juicio que se llevó adelante a principios de marzo, la jueza María Noel Odriozola condenó a Moisés a 12 años de prisión por haber matado a su padre en mayo del año pasado, tras una vida de abusos y torturas.
La jueza no dio lugar a la pena pedida por la fiscal de homicidios de 1er turno, Sabrina Flores, quien solicitó 18 años de prisión por considerar que Moisés fue autor penalmente responsable de un homicidio especialmente agravado por el vínculo y el uso de arma de fuego.
También rechazó el pedido de la defensa de Moisés, a cargo del abogado Marcos Prieto, que solicitó el “perdón” jurídico contenido en el artículo 36 del Código Penal. Dicho artículo establece que se deben cumplir tres requisitos para exonerar de la pena al imputado: que tenga vínculo de parentesco con la víctima; que el autor haya sido sometido “a intensa y prolongada violencia por parte de la víctima o tuviera conocimiento de igual sometimiento de sus descendientes, ascendientes u otras personas bajo su guarda”; y que “el autor u otras personas, pudiendo solicitar protección, lo hubieran hecho sin que las respuestas hubieran resultado eficaces”. La jueza entendió que no se cumplieron todos los requisitos establecidos en el artículo 36 del Código Penal.
Moisés mató de 15 disparos a su padre, Carlos Martínez, luego de enterarse en detalle de que, al igual que él, su madre y sus hermanas habían padecido abusos, torturas y golpes infligidos por él.
Tras dar a conocer su decisión, Odriozola planteó los principales argumentos que la llevaron a determinar la responsabilidad penal de Moisés y agregó que la condena “es prácticamente la mínima” prevista para el homicidio especialmente agravado, que va de diez a 24 años. Además, mencionó el agravante genérico por el uso de arma de fuego –que eleva la pena a un tercio en su mínimo– y que consideró como atenuantes la primariedad y la confesión.
Odriozola dijo que para considerar el artículo 36 del Código Penal debe configurarse también el literal C, que refiere a la ausencia de respuestas del Estado, y señaló que desde 2010 no hay denuncias contra la víctima. En cuanto al estado psicológico de Moisés cuando ocurrieron los hechos, apuntó a la existencia de un testimonio que plantea que estaba angustiado semanas antes del homicidio y que los abusos contra su hermana, que conoció días antes del hecho, “habían pasado aproximadamente 15 años atrás” y Moisés “no los desconocía en su totalidad”. También señaló que después de 2010 el ahora condenado tenía vínculo con la víctima, “llegando incluso a convivir”. “El dolor que pudiera sentir el imputado en ese momento no justifica su reacción”, concluyó la jueza.
Otro aspecto señalado por la jueza fueron los elementos relevados en la escena del crimen. Consta que la víctima le abrió la puerta a Moisés y no se encontraron señales de defensa en el cuerpo de la víctima, que fue arrastrado hasta una pieza de la casa en construcción en la que había un pozo y que recibió 15 disparos, “todos mortales”.
Odriozola sostuvo que “ha quedado comprobado el dolo homicida”, que Moisés llegó a la casa de su padre con la intención de matarlo, y planteó que cuando confesó el crimen expresó que había “hecho justicia” y “lo que tenía que hacer”. Además, planteó que el uso del arma –que no fue encontrada en la escena– se contradice con los testimonios que sostenían que Moisés les tenía miedo a las armas.
La jueza dijo que “no se desconoce la violencia familiar sufrida ni sus secuelas”, pero advirtió que “el contexto no resulta suficiente para eximir de pena al imputado”. Tras la lectura de la sentencia, el abogado Marcos Prieto anunció que apelará el fallo para que se exprese un tribunal de apelaciones, mientras que la familia pidió para abrazar a Moisés antes de que fuera trasladado.
“La víctima habla cuando puede y no cuando la Justicia quiere”
Sara, hermana de Moisés, declaró en rueda de prensa que, tras el fallo, siente que hoy la justicia le vuelve a fallar. “Decir que no hubo más denuncias es no entender cómo funcionaba la justicia en ese momento cuando con 12 años me animé a denunciarlo”, apuntó.
Señaló que tomaba con mucho dolor la condena, pero señaló que la justicia “se topó con una familia que está dispuesta a ir hasta lo último, porque no es únicamente hacer justicia por nosotros sino por todos los niños y niñas que el Estado sigue sin cuidar”. Sara contó que la fiscalía y la Justicia cuestionaron que después de que su padre salió de la cárcel no presentaron más denuncias. “Eso es no entender cómo funciona el agresor, sobre todo cuando es tu propio padre, es como si te entrenara para el silencio”, agregó.
También dijo que su padre fue como “una sombra todos los años” y detalló: “Salió de la cárcel y lo primero que hizo fue irme a buscar al liceo y la fiscalía me pregunta por qué no lo volví a denunciar. Y no, obviamente que no lo iba a volver a denunciar mucho menos después del proceso que me hicieron pasar cuando no hubo una contención y mucho menos una reparación”.
A su entender, la Justicia le falló a su familia y a ella y “a todas esas personas que no se animan a denunciar, porque si no hay un papel que diga que denunciaste no te creen”. “El Código Penal y la Justicia tiene que entender que lo imputan a 12 años por llevar la sangre pero un padre que abusa realmente deja de ser tu padre porque el rol de la paternidad él nunca lo ejerció y la víctima, el sobreviviente, habla cuando puede y no cuando la justicia quiere”.