El director por la oposición en la Administración Nacional de Puertos, el nacionalista Jorge Gandini, brindó una conferencia de prensa este miércoles en el hotel Radisson, luego de que se conociera que la Policía estaba investigando una sucursal de cobranzas a nombre de su esposa, Laura Scalabrino Muga, como parte del esquema de lavado.
Gandini manifestó que ni él ni la esposa ni las empleadas del Abitab fueron notificados por la Fiscalía o la Policía sobre una investigación en su contra, pero a partir de lo trascendido públicamente comenzaron a “rastrear” la situación. Señaló que el local de cobranzas fue adquirido hace 13 meses junto con su esposa, a través de una franquicia, y que se trata de un local de pagos y cobros, con actividades menores, como “juegos legales y un cambio funcional al local de pagos y cobros”.
La semana pasada, en el marco de la operación Trazador, la Policía incautó más de 260 kilos de droga, armas, vehículos y dinero en una casa de Brazo Oriental, en Montevideo. Una de las personas detenidas fue Pablo Leiva, quien hasta entonces se desempeñaba como asesor del edil del Partido Nacional (PN) por Montevideo Gonzalo Gómez, que integra la lista 250, liderada por el exsenador nacionalista. Leiva fue condenado por un delito de lavado de activos y un delito de tráfico interno de municiones a la pena de dos años y seis meses de penitenciaría.
“No tenemos nada que ocultar”, señaló. Dijo que los trabajadores del local conocen a Pablo Leiva desde hace, al menos, dos años y medio, porque “es vecino del lugar, cliente habitual de la zona y concurre al local, no a cambiar dólares ni pesos, no a hacer ninguna otra operación que no sea la de pagar habitualmente dos recibos del Banco de Previsión Social (BPS) correspondientes a dos pequeñas empresas constructoras”.
Señaló que se trataba de “un cliente más” que llega a la ventanilla y paga sus facturas del BPS. “Esto que digo no es una versión, queda todo absolutamente documentado: cada uno de esos recibos, cada una de esas operaciones. Si cambiara dólares, quedaría registrado, porque así debe ser. Esta actividad está regulada fuertemente por la Senaclaft [Secretaría Nacional para la Lucha contra el Lavado de Activos y el Financiamiento del Terrorismo] por la legislación. Tiene desde la red de cobranza un oficial de cumplimiento que sigue cada una de las operaciones, las vigila, informa permanentemente, y no se acepta ningún apartamiento”.
Resaltó que le molesta que se haya dicho “que esta persona iba a ir a cambiar dinero, a blanquearlo”. “No es cierto. Quizás esas facturas tengan que ver con alguna actividad que tiene como destino blanquear dinero, yo no lo sé. Pero ahí lo que se hace es cobrar facturas. Dentro del local, que tiene dos metros por cuatro, cuatro ventanillas y seis empleados en turnos de seis horas, hay 14 cámaras, 11 de ellas son directamente de la red, centrales”, apuntó.
Gandini sostuvo que su esposa pedirá un informe del oficial de cumplimiento del Abitab sobre las operaciones porque, si bien sabe “que no hay apartamientos”, buscará tener “un informe oficial”. El exsenador nacionalista señaló que se pone a disposición de la fiscalía y de la Junta de Transparencia y Ética Pública, que es la encargada de controlar los ingresos y movimientos patrimoniales.
“No somos responsables de ninguna actividad ilícita. No conocemos a esta persona, ni mi señora ni yo. Sí lo conoce, por lo menos, la encargada del local, y seguramente algún otro funcionario que le cobró alguna vez. Pero nosotros estamos fuera de todo y no tenemos nada que esconder, por lo tanto, vengo aquí a dar este testimonio y a ponerme a las órdenes a ustedes para que pregunten lo que quieran y responderé, por lo menos todo lo que esté a mi alcance responder”, dijo ante la prensa.
Una de las preguntas de los periodistas fue si Leiva pagaba con billetes de montos chicos las facturas en el Abitab. Al respecto, Gandini dijo que podía decir que el monto que sumaban los recibos de las dos empresas constructoras eran de aproximadamente 300.000 y 400.000 pesos.
Gandini reconoció que entre lo que pagaba Leiva “alguna parte eran billetes de 100 y 200 pesos”, y confirmó que “habitualmente” las trabajadoras del local se comunicaban con Leiva para pedirle “dinero cuando se quedaban sin cambio, porque la central no se lo mandaba”. “También lo hacían otras cajeras, que no eran de este lugar. No por eso uno puede sospechar que un comerciante no maneje cambio chico. Es más, si pagara con mucho cambio chico, hay que registrarlo, y no fue el caso”, señaló.
El director de la ANP dijo que tiene el registro de las empresas asociadas a Leiva. “En el Abitab queda todo eso registrado, pero esa persona no dice ser allí el dueño, puede ser empleado, gestor, apoderado. Va a pagar, como a veces va a pagar un secretario mío la UTE y nadie pregunta si es el dueño”, afirmó.
También se le preguntó si no le llamaba la atención que Leiva eligiera su local de cobranzas en vez de concurrir a otro que tenía cerca de la casa. “Por supuesto que no llamó la atención, ni a nosotros, ni a la red de cobranzas, ni está por fuera de lo autorizado. Si venía a este [local] y no iba otro, habrá que preguntar por qué, pero seguramente porque este tiene un muy cómodo estacionamiento”, ironizó.
