Las cuchillas y las quebradas generan paisajes únicos, en los que la tierra parece abrirse bajo nuestros pies. Entre las piedras surgen caídas de agua que generan piscinas naturales, si hay abundancia de lluvias. Son más frecuentes en el norte de Uruguay; entre ellas se destaca la Cuchilla de Laureles, en Tacuarembó. Se trata de una zona con gran variedad de paisajes combinados, donde uno pasa en poco rato de la pradera al río, a los muros rocosos de la quebrada o a bosques densos con helechos y orquídeas.

Desde el lecho del río se levantan paredes verticales, a veces de más de 50 metros de altura, que generan un microclima en el fondo de la quebrada. Eso permite que surjan especies muy particulares, tanto de fauna como de flora.

Guazubirá. Cuando nacen, las crías tienen el lomo salpicado de pintas blancas, lo que las ayuda a esconderse entre la vegetación.

Guazubirá. Cuando nacen, las crías tienen el lomo salpicado de pintas blancas, lo que las ayuda a esconderse entre la vegetación.

Por ahí pasean tímidos los guazubirás, los más chicos de nuestros venados. Son animales solitarios que vagan en lo más espeso del monte, y sólo se juntan durante el período de apareamiento. Se trata de venados pequeños y con astas cortas, que les sirven para moverse entre la espesa vegetación del monte sin enredarse.

También hay aves que buscan su escondite entre los helechos, que crecen abundantes cerca de los arroyos que se forman en el fondo. El colorido achará y el pitiayumí se sienten a gusto en esta zona, donde la densa cobertura vegetal los protege mientras buscan alimento entre los tallos y las ramas.

Coatí. Es una especie social, que vive en grupos en los cuales las hembras son las que mandan.

Coatí. Es una especie social, que vive en grupos en los cuales las hembras son las que mandan.

Sobre las paredes de rocas, a gran altura, anidan las bandurrias amarillas: aves de pico curvo y buen tamaño, que con palitos arman una plataforma como nido en alguna saliente de las rocas, donde crían a sus pichones lejos de la amenaza de gatos monteses o de algún mano pelada. Es destacable la habilidad con que las bandurrias arman sus nidos sobre cornisas de piedra, donde el espacio es limitado y los pichones deben permanecer muy quietos para que no se venga abajo toda la estructura. La seguridad de las crías ante posibles predadores compensa esos riesgos.

Bandurria amarilla. Esta ave caza insectos con su largo pico en las zonas de pradera de la quebrada.

Bandurria amarilla. Esta ave caza insectos con su largo pico en las zonas de pradera de la quebrada.

En las zonas altas hay praderas salpicadas por montes pequeños y zonas de piedra donde se puede ver a la viudita negra copetona, siempre tímida y difícil de fotografiar, aunque cuando se distrae cazando insectos uno tiene chance de acercarse lo suficiente como para hacer una toma decente.

Con suerte se puede ver algún pequeño reptil, como el geco de las piedras o el camaleón de cola espinosa, tratando de esconderse entre las rocas. Los animales van evolucionando y adaptándose al entorno, y estas lagartijas tienen un color y una textura en la piel que las ayudan a pasar desapercibidas entre el entorno rocoso en que se mueven, para que los halcones o las culebras que podrían cazarlas no puedan verlas fácilmente.

Viudita negra copetona. Esta inquieta especie hace un nido sencillo en salientes de las rocas o entre ramas de helechos, donde pone dos o tres huevos.

Viudita negra copetona. Esta inquieta especie hace un nido sencillo en salientes de las rocas o entre ramas de helechos, donde pone dos o tres huevos.

Abajo, alrededor de los cursos de agua surgen árboles como molles, sarandíes, mataojos, guayabos y anacahuitas. Ahí sobre las ramas encontramos a las pavas de monte, siempre comunicándose con lo que parece ser una continua charla de gritos y chasquidos. Son aves bastante grandes, fáciles de reconocer por la cresta de piel rojiza que tienen en la garganta. Se las puede ver también en el piso, caminando en grupos mientras buscan insectos y frutas. Al expulsar las semillas digeridas de los frutos con que se alimentan mientras se mueven por la quebrada, las pavas realizan una importante labor biológica como dispersoras de especies vegetales del monte.

La zona funciona como un corredor biológico natural por el cual llegan a nuestro territorio especies de la flora y la fauna subtropical del sur de Brasil. Por ejemplo, si uno tiene suerte, puede encontrarse con grupos de coatíes trepados en algún árbol, donde buscan frutas o el nido de un ave para comerse los huevos. A veces uno no llega a verlos, pero escucha claramente los sonidos agudos con los que se comunican cuando andan por las ramas, que recuerdan el silbido de pájaros. Los coatíes son animales sociales y generalmente se mueven en grupos, pero lo interesante aquí es que quienes comandan la manada son las hembras. Los machos adultos son admitidos en la temporada de cría, pero el resto del año viven más bien en solitario, y apenas pasan algunos ratos con el resto de la manada.

Camaleón de cola espinosa. En las rocas, los machos se enfrentan con fiereza entre ellos para defender su territorio.

Camaleón de cola espinosa. En las rocas, los machos se enfrentan con fiereza entre ellos para defender su territorio.

Las horas parecen transcurrir muy lentamente cuando se camina sin apuro por el lecho del arroyo escuchando el sonido del agua y el canto de las aves.

La Cuchilla de Laureles es un lugar que no es fácil de recorrer por el tipo de terreno, donde uno puede perderse fácilmente, y además está en tierras privadas, por lo que para llegar hace falta un guía. Pero con la compañía y la asistencia adecuadas, es un lugar donde pasear por horas disfrutando de una naturaleza exuberante y muy bien conservada.

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