Todo era llamas cuando empezamos a armar este número. Las imágenes de los incendios europeos y de América del Norte se sucedían en nuestras pantallas a pocos días del terremoto de Venezuela; semanas después tembló Colombia y se empezó a hablar del fenómeno El Niño y los terrores inéditos que traerá. Mientras rumiábamos sobre los alcances del concepto de naturaleza, nuestro planeta respondía con sus «desastres naturales» y sus crisis humanitarias consecuentes. O viceversa: la humanidad es responsable del colapso. En los análisis acerca de Gaia sufriente, un gesto común suele ser la separación entre lo humano y «lo natural»; es a partir de esa pregunta que pensamos este número sobre «la naturaleza de la naturaleza», como diría el filósofo francés Edgar Morin, quien dedicó gran parte de su pensamiento complejo a mirarnos unitariamente como sistema y no por fuera o por delante de un fondo ambiental. Las culturas originarias lo vienen sosteniendo desde siempre: somos parte de eso que creímos dominar, conquistar, domesticar y sin embargo, aquí estamos, parados en el medio de la separación entre «lo natural» y «lo artificial».
El ecólogo uruguayo Mauricio Lima ahonda sobre esto en el ensayo «Ese viejo futuro perdido» y ve en esta cosmovisión la causa principal de nuestra autodestrucción. En esta misma línea reflexiona Martín Otheguy en su crónica «Dos hermanos navegan el río Yi», la tercera entrega de una saga que alterna aventura, humor y análisis naturalistas dignos de un libro de Thoreau, filósofo que también dice presente aquí gracias al ensayo «La vida en los bosques», de la escritora argentina Hebe Uhart. Thoreau fue un ambientalista adelantado y un precursor de la idea de preservación, un tema que apareció con fuerza en este número con las notas de Sebastián Torterola, «Proteger es debido», y Camila Méndez, «Donde nacen los ríos», además de en el ensayo fotográfico de Miguel Moya «El lenguaje del humedal», en el que el autor pone a dialogar la conciencia ambiental con la memoria territorial.
¿Qué es natural y qué hemos naturalizado? Joaquín Osimani Gil y Valentín Guerreros escriben, desde una perspectiva histórica y antiespecista, sobre la evolución de nuestras formas de consumo en «Del animal a la carne». Como una suerte de contrapunto o de ejemplo, la crónica de Agustín Paullier «Capar un animal es un asunto personal» se mete en el universo de las yerras de nuestro país, una fiesta rural hoy en franco declive.
Naturalizar la crueldad y la violencia se nos da bien como humanidad. Un ejemplo de esto es el genocidio palestino en tiempo real, a la vista de todos, sin consecuencias. Sobre las víctimas infantiles de Cisjordania escribe desde el terreno el periodista y fotógrafo Quique Kierszenbaum en «Indefensos», un reportaje para leer respirando hondo.
Por su parte, Verónica Manavella desarma los mecanismos de construcción del «eterno femenino» de las amas de casa influencers vinculadas a la extrema derecha estadounidense en su ensayo «Paradoja tradwife».
Además, jugando un poco con las palabras, pero también con los puntos de contacto filosóficos, Hernán Panessi escribe sobre el nudismo como práctica naturista en «Detrás del desnudo».
Y para terminar donde empezamos, aunque esto está lejos de terminar: desde Venezuela, Lissette González escribe sobre una de las peores tragedias que vive un país sin tregua en «Temblar y después».
