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Foto principal del artículo 'Rada y la historia cultural' · Foto: Ernesto Ryan

Foto: Ernesto Ryan

Rada y la historia cultural

“Al principio jodíamos que yo lo iba a integrar, que iba a tocar la batería con ellos, no sé cuánto, pero claro, no cuadraba con nada. ¿Cómo hacía con el flequillo? Un negro motudo no podía ser un beatle”. La cita es de Rada, el libro que publicaron en 2012 Fernando Peláez y el músico cuya muerte, ocurrida la semana pasada, conmovió a nuestra sociedad. Lo que explica Ruben Rada allí es por qué no llegó a formar parte de los Shakers, la banda que en 1964 montaron los hermanos Fattoruso, con quienes venía tocando desde hacía un tiempo.

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Rada es una obra valiosísima por muchos motivos, y traté de enumerar algunos en el comentario que escribí hace unos días, que fue mi contribución al suplemento especial que publicamos tras la partida del cantante.

Copié el fragmento sobre su ausencia en los Shakers porque, conversando sobre aquel libro, coincidimos con varios compañeros de la redacción en que, a pesar de que Rada dio centenares de entrevistas a lo lago de su vida, y de que siempre habló de discriminación racial si el tema se presentaba, su mano a mano con Peláez es, posiblemente, la conversación en la que habló más directa y claramente sobre el asunto, que atraviesa distintas fases de esa biografía con doble autor.

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Otra de las virtudes del libro de Rada y Peláez es que, además del repaso minucioso y atrapante de una trayectoria individual, resulta un gran documento de historia cultural. Es una de las cosas que tiene en común con el libro sobre Camerata que hace unos meses publicó nuestro compañero Roberto López Belloso. En su caso, se trata de las idas y vueltas de un grupo cambiante de músicos nucleado en torno a la idea de cambio político y experimentación estética. Los integrantes de la Camerata Punta del Este (tal su nombre original) eran en su mayoría militantes del Partido Comunista y debieron exiliarse en Venezuela y México durante la dictadura.

La asociación de este libro con el de Rada no solo se basa en esa temporalidad compartida y en la ambientación en locales nocturnos en los que músicos de distintos grupos recalaban después de los recitales “oficiales”, sino también en el hecho de que la búsqueda de Rada y la de Camerata –y la de Los Olimareños, podría aventurar– tienen algo muy propio del arte de la década de 1960 en nuestra región: el mandato de integrar lo local y lo entonces llamado “universal”. En el caso de Rada y los suyos, fue la fusión de rock, jazz y candombe; en el de Camerata, de música culta y géneros populares como el tango. Otra conexión: Rada aportó voces y percusión en la segunda encarnación de Camerata.

Bonus para probar: hace unos meses, Lento publicó dos capítulos de Camerata.

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Por estos días también escribí sobre el libro que publicaron Amparo Menéndez-Carrión, Rodrigo Alonso y Gabriel Delacoste. Es un tipo de ensayo difícil de encontrar en estos tiempos, porque combina especulación rigurosa, fundamentada, y un tipo de imaginación política comparable, en alguna medida, a la de los revolucionarios de hace un siglo o más. El tema es el del futuro de Uruguay, y el abordaje tiene en cuenta tanto vectores históricos como posibles derivas mundiales y locales. Bordea, pero de este lado, la ficción.