Trabajadores y trabajadoras de Centros Educativos de Capacitación, Arte y Producción (Cecap), dependientes del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), se declararon en conflicto por salarios impagos y falta de respuestas institucionales sobre una fecha de regularización de lo adeudado. La situación, que alcanza a 60 personas contratadas en los 23 centros de todo el país, donde se imparten cursos y talleres de educación no formal, afecta en Maldonado a seis trabajadores y trabajadoras que esperan cobrar los haberes correspondientes a febrero.

El vocero Nicolás Villar dijo a la diaria que en todo el departamento solo hay un Cecap, que funciona desde hace 14 años y que actualmente cuenta con 70 estudiantes de entre 14 y 20 años, caracterizados por haberse desvinculado o estar en proceso de desvinculación del sistema educativo. Como medida de lucha, los docentes afectados por el atraso en el pago de su salario resolvieron suspender el dictado de clases. De todas maneras, el vocero aclaró que el centro está abierto, realizan tareas administrativas (aún están abiertas las inscripciones) y se brinda el servicio de desayuno para los estudiantes.

El conflicto es producto de “una precarización laboral denunciada desde hace años”, afirman los trabajadores. En principio, reclaman al MEC que pague “a la brevedad” el salario pendiente, que los indemnice “por los recargos asumidos injustamente debido al incumplimiento de pago de cuotas y servicios” y que les asegure que “esto no volverá a pasar”.

Luego, solicitan “la erradicación de los contratos precarios de una vez por todas”. Villar explicó que estos contratos a término se toman por cargos docentes (comenzando en febrero/marzo y finalizando en diciembre), sin escalafones, sin generar antigüedad y con la incertidumbre sobre qué les deparará el año siguiente. Basados en la definición de la Organización Internacional del Trabajo sobre “trabajo precario” reclaman su acceso a un “trabajo decente”.

“La última frontera de la educación”

Los estudiantes que asisten a los Cecap tienen en común la dificultad para sostenerse en la educación formal. “Han sido expulsados del sistema o no lograron continuar. En Maldonado, tienen un perfil de mucha carencia socioeconómica, asociada a veces a conflictos con la ley y también a situaciones de discapacidad”, dijo Villar.

Estos últimos representan “un alto porcentaje” de la planilla de inscriptos: “principalmente, problemas de aprendizaje y discapacidad intelectual y, en algunos casos, también discapacidad motriz”, agregó. Otros sufren el desarraigo porque llegaron de otros departamentos o incluso del exterior del país.

Villar destacó la importancia del Cecap de Maldonado como único centro de educación no formal dependiente del MEC en el departamento. Si bien consideró que hay centros juveniles dependientes del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay, el funcionario entiende que la propuesta educativa del Cecap “es más fuerte”.

“Funcionamos como una especie de puente para acercarlos a la educación formal o, por convenio, a la salida laboral cuando son más grandes. Siempre digo que Cecap es como la última frontera de la educación. Si los gurises no vienen con nosotros, si no logran sostenerse acá, el siguiente paso es la desvinculación de la educación”, concluyó.