La violencia de las pandillas en Haití, en particular en torno a la capital, Puerto Príncipe, aumentó en intensidad el fin de semana con enfrentamientos que dejaron una veintena de muertos.
La Policía informó el domingo que la semana pasada desplegó un operativo en la localidad de Arcahaie, en el noroeste de Puerto Príncipe, y que el sábado las bandas criminales atacaron en esa zona.
“Aproximadamente 20 miembros de bandas resultaron abatidos, incluido un cabecilla conocido con el alias de Galaxy”, y varios otros integrantes de los grupos armados sufrieron heridas graves en los enfrentamientos, agregó el comunicado.
El domingo, Wilson Joseph, que usa el alias Lanmò San Jou y es el líder de la banda 400 Mawozo, que actúa en las afueras de la capital, pidió al secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, que actúe como mediador y promueva un diálogo para pacificar el país. Joseph dijo que ya en agosto había manifestado su voluntad de dialogar para buscar “una solución pacífica a la crisis nacional”.
“Nuestro país, profundamente castigado por la inseguridad y la pobreza, necesita diálogo, justicia y reconciliación, y no nuevas pérdidas humanas”, dijo.
Su banda es una de las varias que operan en Haití y Joseph es considerado uno de los principales líderes de grupos armados. Estados Unidos ofrece una recompensa por datos que lleven a su captura porque lo considera sospechoso de secuestrar a 17 misioneros cristianos de ese país para pedir un pago por su rescate.
Hace un año, la ONU avaló el envío de una misión militar que todavía opera en Haití, la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF en inglés). A esta presencia militar se agregó la semana pasada otra, cuando el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, envió un contingente de más de 2.000 militares a combatir a las bandas armadas haitianas.
Bukele anunció una “ofensiva a gran escala” en respuesta al supuesto secuestro, el 18 de octubre, de cuatro militares salvadoreños que se encontraban en Haití.
A los 125 salvadoreños que integran la GSF se sumaron así casi 2.500 militares, un número que equivale al total de esa fuerza internacional y que no se sabe bajo qué marco legal actúa. La cancillería salvadoreña afirmó que se trata de “una operación a gran escala respaldada por diversos países y organismos internacionales”.
“Esto no es una operación contra el pueblo haitiano ni una invasión al país”, dijo el presidente salvadoreño. “Venimos a Haití para luchar contra los malvados”, anunció Bukele el jueves. “Nuestra misión no es acabar con las pandillas”, sino rescatar a los militares salvadoreños, aclaró Bukele.
“Ahora bien, si no los entregan por las buenas, los vamos a rescatar por las malas y en el camino los vamos a ir acabando”, advirtió. “Nosotros no somos un ejército invasor ni tenemos ninguna intención neocolonialista”, aclaró en respuesta a los cuestionamientos que surgen ante una incursión militar de su país en territorio de otro.
Este lunes, tanto la Policía y la GSF como Bukele negaron que en los combates del fin de semana se hubieran utilizado explosivos contra las pandillas, como denunció una ONG con sede en Nueva York, UNA-Haití, que afirmó que se aplicó un “bombardeo indiscriminado contra civiles inocentes”. En su cuenta de X, Bukele publicó: “¿Bombas? Nuestra misión ni siquiera tiene bombas a su disposición”.
Según informaron el portal periodístico estadounidense Axios y el salvadoreño El Faro, la decisión unilateral de Bukele contó con el apoyo del gobierno de Estados Unidos. “Hacé lo que tengas que hacer”, le dijo el presidente de ese país, Donald Trump.
Ese contingente salvadoreño, con uniformes de combate y fusiles de asalto, recorrió distintas zonas en el entorno de Puerto Príncipe, usando camiones y vehículos blindados con apoyo de helicópteros, informó la agencia Efe.
El jurista y activista por los derechos humanos Barnabas Dieudonné dijo a esa agencia que “para instaurar la paz en el país habría que desmovilizar a todos los grupos armados”, y que “esta intervención no tiene por objeto contribuir a instaurar la paz”, sino rescatar a los soldados salvadoreños.
Advirtió que, con este objetivo, la población haitiana puede quedar relegada a un segundo plano o incluso ser expuesta a nuevos desplazamientos por los combates. Dieudonné dijo además que una operación como esta debería contar con una base jurídica y con el consentimiento de las autoridades haitianas.
