Pocas horas antes de una nueva fase de reuniones entre funcionarios diplomáticos estadounidenses, rusos y ucranianos en la ciudad suiza de Ginebra, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, dijo que su país no tiene fijada “ninguna fecha límite” para el fin de la guerra en Ucrania, que comenzó hace exactamente cuatro años.

“¿Nos han oído hablar de plazos? No tenemos plazos, únicamente tenemos un deber. Estamos en proceso de cumplirlo”, declaró Lavrov, de acuerdo con lo que consignaron agencias oficiales rusas. Mientras tanto, negociadores ucranianos y rusos se reunirán de manera separada con los enviados del presidente estadounidense, Donald Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, con el fin de preparar nuevas conversaciones trilaterales.

Trump está presionando para una resolución del conflicto, e incluso llegó a declarar que el este tendría que terminar para mediados de este año, con la intención de centrarse posteriormente en hacer campaña desde la Casa Blanca para las elecciones de medio término de noviembre. Pero en contraste, y en línea con la postura de Lavrov, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, enfatizó que sería un error establecer plazos o previsiones sobre el fin de la guerra en este momento. “Sería un gran error intentar establecer plazos o hacer pronósticos ahora. No quiero cometer esos errores”, afirmó el funcionario.

Obviamente, más allá de su retórica, la guerra a Rusia se le está haciendo mucho más larga de lo que previó. Si bien el tradicional secretismo del Kremlin sigue funcionando con eficacia, estimaciones certeras calculan que más de 300.000 rusos murieron en lo que va de la guerra, casi en su totalidad militares. Además, más de 800.000 fueron heridos.

Al librarse casi exclusivamente en territorio ucraniano, la guerra no está afectando a la enorme mayoría de la población rusa en su vida cotidiana, aunque sí esté golpeando la economía del país, que se resintió en el contexto del proceso de reconversión que tuvo que encarar Moscú al limitarse de manera sustancial sus relaciones comerciales con la Unión Europea, en el medio de los enormes costos materiales que genera el conflicto.

El gobierno de Vladimir Putin dejó claro que cualquier acuerdo de paz debe incluir el reconocimiento de la región del Donbás, formada por las provincias de Donetsk y Lugansk, como territorio ruso, además de otras cláusulas muy difíciles de aceptar para Kiev, como el impedimento de que Ucrania en un futuro pueda integrarse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, repitió en numerosas ocasiones que sería necesaria una reunión directa con Putin para alcanzar un acuerdo definitivo. Sin embargo, el portavoz Peskov reiteró que dicha cumbre no puede celebrarse sin antes completar la labor de negociación a niveles inferiores, de modo que la reunión de líderes sirva para “poner el punto final” al acuerdo.

Por su parte, Europa permanece en alerta, problematizada con su realidad militar y en un momento en el que las relaciones con Estados Unidos son las menos cordiales en decenas de años. Para peor, si bien la mayoría de los líderes europeos están alineados en su apoyo incondicional a los esfuerzos de guerra ucranianos, la Unión Europea está mostrando sus evidentes debilidades, con el boicot interno de Hungría y, en menor medida, de Eslovaquia, cuyos gobiernos están parados mucho más cerca de Moscú que de Bruselas.

Con este escenario de fondo, esta semana un think tank neerlandés detalló en un informe que desde que empezó la guerra se detectaron en países europeos más de 150 operaciones hostiles planeadas y ejecutadas por Rusia. Según el trabajo realizado por el Centro Internacional para la Lucha contra el Terrorismo, cuya sede está en La Haya, la cifra incluye únicamente los casos en los que las investigaciones completadas o las pruebas disponibles permiten atribuir la responsabilidad con seguridad a Rusia, según el informe, consignado por el diario The Moscow Times. “Por lo tanto, es razonable suponer que el número real de incidentes, especialmente en el período investigado más reciente, probablemente sea mayor”, expresaron los autores del informe.

Solo las agencias de seguridad alemanas registraron 320 presuntos intentos de sabotaje en 2025, incluyendo repetidos avistamientos de drones no identificados cerca de aeropuertos e instalaciones militares, aunque identificar de forma concluyente a los responsables sigue siendo difícil, asegura el informe. Además, se reportaron incursiones similares con drones en Bélgica, Países Bajos, Noruega, Dinamarca y los países bálticos Estonia, Letonia y Lituania.