En las elecciones legislativas del domingo, Hungría decidirá si renueva o no el mandato del primer ministro, Viktor Orbán, del partido Fidesz.
Sus 16 años en el poder se caracterizaron por políticas ultraconservadoras que responden a posiciones religiosas, nacionalistas, de rechazo a los inmigrantes, a la igualdad de género y a la diversidad sexual.
Orbán persiguió a las organizaciones sociales que defendieran los derechos de esos sectores de la población, al tiempo que controló diversos ámbitos institucionales de su país, así como a la prensa, y mostró mayor sintonía con la Rusia de Vladimir Putin que con las instituciones de la Unión Europea, entidad que su país integra. En distintas instancias, el voto húngaro fue la nota discordante en la toma de decisiones del bloque.
Ahora que su cargo está en juego, varios dirigentes de la ultraderecha con los que comparte distintos foros internacionales visitaron Hungría para darle su apoyo públicamente. Así lo hicieron la dirigente francesa Marine Le Pen, el español Santiago Abascal y el presidente argentino, Javier Milei.
Este martes fue el turno del vicepresidente de Estados Unidos, James David Vance, que asistió en representación del gobierno de Donald Trump. Se reunió con Orbán en Budapest, y en una conferencia de prensa conjunta acusó a la Unión Europea de querer destruir a Hungría e interferir en sus elecciones del domingo.
“Los burócratas de Bruselas han intentado destruir la economía de Hungría. Han intentado hacer que Hungría sea menos independiente energéticamente. Lo han intentado y lo han hecho todo porque odian a este tipo”, dijo junto a Orbán, según citó Europa Press.
“Lo que ha ocurrido en este país, lo que ha sucedido en medio de esta campaña electoral, es uno de los peores ejemplos de injerencia extranjera y de interferencia electoral que he visto o incluso de los que he leído”, acusó Vance. “¿Por qué los burócratas de Bruselas están diciéndoles a las empresas de redes sociales qué información deben dar a los votantes húngaros?”, dijo el vicepresidente estadounidense.
El domingo, Hungría acusó a Ucrania de preparar un “atentado terrorista” contra el gasoducto por el que llega el gas ruso a través de Serbia. Las autoridades de este país habían comunicado que encontraron explosivos cerca de esas estructuras, en una zona próxima a Hungría.
A la acusación se sumó Rusia. El portavoz presidencial Dmitri Peskov dijo que si bien no existían “pruebas fehacientes”, era “muy probable que también en esta ocasión se encuentre algún rastro de implicación por parte del régimen de Kiev”.
Tampoco se presentaron pruebas de injerencia europea en las elecciones húngaras, pero Vance afirmó: “Parte de la razón por la que estamos aquí, y por la que el presidente de Estados Unidos me envió, es porque creemos que la cantidad de interferencia proveniente de la burocracia en Bruselas ha sido verdaderamente vergonzosa”.
El vicepresidente estadounidense dijo que a los dirigentes de la Unión Europea “no les gusta el líder que realmente ha defendido a los húngaros” y que “Orbán ha sido el líder más destacado de Europa en cuestión de seguridad e independencia energética”. Afirmó que si otros gobernantes europeos hubieran actuado como el de Hungría, varios países hubieran evitado o atenuado sus crisis energéticas.
Semanas atrás, también el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, viajó a Budapest y le deseó a Orbán “éxito en las elecciones”.
Jornada crítica
Después de años de oposición fragmentada y de avance del control oficialista sobre las distintas instituciones del país, esta vez Orbán, de 62 años, enfrenta un rival poderoso, el conservador Péter Magyar, de 45.
Este dirigente cuenta con el apoyo del Partido Popular Europeo, representado en el Parlamento Europeo por legisladores del Partido Popular español o la Unión Cristianodemócrata alemana. En las elecciones europeas de junio de 2024, el partido de Magyar, Tisza, reunió el 30% de los votos.
Su crecimiento llevó a otros sectores de la oposición a optar por no presentarse a las elecciones del domingo para abrir paso a la candidatura de Magyar, según informó Efe.
De acuerdo con la agencia, solo otros tres partidos políticos minoritarios compiten en estas legislativas, y es probable que ninguno de ellos consiga un escaño en el Parlamento que elegirá al nuevo primer ministro.
Una encuesta del Centro de Investigaciones 21, publicada el 2 de marzo, atribuía al partido de Magyar una intención de voto de 56%, mientras que el Fidesz de Orbán reunía 37%.
“Queremos ayudar lo más posible al primer ministro en las elecciones”, dijo este martes Vance, en nombre del gobierno de Trump, y calificó a Orbán como un “buen amigo”.
El vicepresidente estadounidense dijo que está convencido de que “Viktor Orbán va a ganar las próximas elecciones en Hungría” y agregó: “Me siento muy seguro de eso y de que continuará nuestra relación positiva. ¿No es así, Viktor?”. Orbán respondió: “Ese es el plan”.
Más tarde, Vance participó en un acto de campaña oficialista y desde allí llamó por teléfono a Trump, que se dirigió a miles de seguidores del primer ministro húngaro en las instalaciones del club deportivo MTK Budapest. “Debemos hacer todo para que en Hungría se elija de nuevo como primer ministro a Viktor Orbán”, dijo el presidente de Estados Unidos.
“Amo a Hungría, amo a Viktor, es una persona impresionante que ha hecho un tremendo trabajo y no dejó que su país fuera ocupado”, afirmó Trump.
Vance dijo a la militancia de Fidesz que “Viktor y toda la dirección política [de Hungría] se han convertido en el blanco de los burócratas [de la UE, como los llama Orbán], porque él demuestra que puede existir una verdadera soberanía”. El primer ministro húngaro, a su vez, afirmó que su país “y Estados Unidos tienen un mismo problema: se llama Bruselas”.