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Simpatizantes del CJP, el 26 de julio, en Bombay. · Foto: Punit Paranjpe,  AFP

Simpatizantes del CJP, el 26 de julio, en Bombay.

Foto: Punit Paranjpe, AFP

La irrupción del movimiento de las cucarachas en India plantea un inesperado desafío para el liderazgo de Narendra Modi

El surgimiento del masivo grupo nacido hace poco más de dos meses en las redes sociales provocó la renuncia del ministro de Educación y plantea posibles escenarios sobre el futuro político de la nación asiática.

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El sábado 25, el ministro de Educación de India, Dharmendra Pradhan, presentó su renuncia al cargo al primer ministro Narendra Modi.

La salida de Pradhan de la cartera había sido la principal exigencia planteada al líder del Ejecutivo por el Cockroach Janata Party (CJP), el Partido Popular Cucaracha. La organización, surgida en mayo de este año, con su nombre parodia al Bharatiya Janata Party (BJP), el Partido Popular Indio, el sector de derecha hinduista que lidera Modi, quien gobierna al país desde 2014.

El fundador del CJP, Abhijeet Dipke, de 30 años, el año pasado obtuvo una maestría en Relaciones Públicas en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Boston, en Estados Unidos.

El término cucarachas surgió como respuesta a comentarios del presidente del Tribunal Supremo de India, Surya Kant, quien en una audiencia a mediados de mayo había comparado a los jóvenes desempleados con “cucarachas” y “parásitos”, de acuerdo con lo que informó el portal indio en inglés The Quint.

En India, el país más poblado del mundo, donde viven aproximadamente 1.500 millones de personas, casi la mitad de la población tiene menos de 25 años, una franja etaria en la que el desempleo es significativamente alto. Las poco felices declaraciones de Kant, en consecuencia, pegaron fuerte a muchísima gente.

Si bien el 16 de mayo el jurista emitió una aclaración en la que señaló que sus comentarios se dirigían exclusivamente a personas que acceden a profesiones como la abogacía con títulos falsos o fraudulentos, y no a la juventud del país en general, la ofensa ya había repicado. En ese contexto, desde Estados Unidos, Dipke preguntó en su cuenta de X: “¿Qué pasaría si todas las cucarachas se unieran?”.

En pocas horas, la publicación se propagó con mucha rapidez entre los jóvenes indios y acumuló miles de likes y comentarios. Al ver la repercusión de su posteo, Dipke dio un paso más en la sátira y creó un sitio web con un formulario de registro para anunciar el lanzamiento del ficticio CJP.

Partidarios del Partido Popular Cucaracha celebran la dimisión de Dharmendra Pradhan, el 25 de julio, en Jantar Mantar, Nueva Delhi.

Partidarios del Partido Popular Cucaracha celebran la dimisión de Dharmendra Pradhan, el 25 de julio, en Jantar Mantar, Nueva Delhi.

Foto: Arun Sankar, AFP

En las primeras 24 horas, 50.000 personas se inscribieron para unirse, cifra que ascendió a más de un millón cinco días después. Hoy la cuenta de Instagram del CJP ya tiene casi 27 millones de seguidores y supera ampliamente a la cuenta del oficialista y real BJP, que tiene menos de 10 millones.

Pero otro factor fue determinante para terminar de darle fuerza y consistencia al movimiento virtual de las cucarachas. También durante mayo, el gobierno de Modi decidió la cancelación de un examen muy importante en India para ingresar a las facultades de medicina, debido a las acusaciones de filtración de las pruebas –celebradas el 3 de mayo–, lo que había sido objeto de protestas en algunas ciudades del país.

El Examen Nacional de Elegibilidad y Admisión (para estudios de pregrado), conocido como NEET-UG por sus siglas en inglés, es la única puerta de entrada para estudiar medicina en India y es un requisito para ingresar a las facultades públicas de medicina de todo el país.

De acuerdo con lo que informó la BBC, casi 2,28 millones de jóvenes dieron el examen en más de 5.000 centros educativos en toda India. Pero en cuestión de días las acusaciones de una filtración de datos de la prueba provocaron la indignación de estudiantes y padres, y las protestas y la reacción política se intensificaron. Incluso más de 20 estudiantes se suicidaron, desesperados ante la posibilidad cierta de no poder ingresar en la universidad y de tener que tomar otro rumbo en su vida.

Abhijeet Dipke (C), fundador del partido Partido Popular Cucaracha, durantre una rueda de prensa, el 24 de julio, en Jantar Mantar, Nueva Delhi.

Abhijeet Dipke (C), fundador del partido Partido Popular Cucaracha, durantre una rueda de prensa, el 24 de julio, en Jantar Mantar, Nueva Delhi.

Foto: Arun Sankar, AFP

En junio, Dipke voló desde Estados Unidos a India y fue recibido como un héroe. Casi de inmediato comenzaron las protestas del CJP, que pasó de la virtualidad a ser un desafío real para el gobierno de Modi, de 75 años, un líder que llegó al poder de manera democrática, pero que en los hechos es sumamente autoritario. Su militancia política comenzó en la Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), que en español puede traducirse como Asociación Patriótica Nacional, una organización de extrema derecha paramilitar hinduista fundada en 1925.

Este perfil extremista es una característica fundamental del mandato de Modi, que en muchas ocasiones ambientó severas oleadas represivas contra minorías, en particular contra la musulmana en algunos estados del país.

El gobierno confiaba en que el CJP y los líderes estudiantiles que encabezaban las protestas aceptarían que Pradhan dejara la cartera de Educación, aunque permaneciera como ministro en otra repartición. Pero esto no fue aceptado por Dipke y sus seguidores, que se concentraron para protestar en Jantar Mantar, una amplia explanada ubicada en Nueva Delhi, la capital india, que funciona como observatorio astronómico.

El gobierno subestimó el volumen de las protestas, que reunió a decenas de miles de personas que llegaron desde muchos puntos del país. La represión policial, con palos y gases lacrimógenos, rápidamente se hizo visible para millones de personas por las publicaciones en redes sociales que hicieron los manifestantes.

Modi y sus allegados de la RSS entendieron entonces que la protesta del CJP planteaba un enorme desafío, no solo para la imagen del gobierno central, sino también para las perspectivas del BJP de cara al importante ciclo electoral que empezará el año que viene.

Entre febrero y marzo de 2027 habrá elecciones de las asambleas legislativas de cinco estados de India: Goa, Uttarakhand, Manipur, Uttar Pradesh y Punjab. Solo este último estado, en el que casi el 60% de la población profesa la religión sijista, no es gobernado por el partido de Modi.

Movilización del CJP, el 23 de julio, en Jantar Mantar, Nueva Delhi.

Movilización del CJP, el 23 de julio, en Jantar Mantar, Nueva Delhi.

Foto: Sajjad Hussain, AFP

Según informaron medios indios, la RSS transmitió al primer ministro una opinión contundente sobre el severo costo electoral que podría tener para el partido de gobierno la represión indiscriminada de una movilización llevada adelante principalmente, aunque no exclusivamente, por jóvenes hinduistas y, por lo tanto, potenciales votantes del BJP.

La imagen de Modi está basada en la fortaleza y la inflexibilidad, pero corría un serio riesgo de distanciar a los jóvenes si respondía con demasiada contundencia a las protestas.

Fue así que se plantearon negociaciones directas entre representantes del movimiento y funcionarios del gobierno de Modi. Las cucarachas movilizadas hicieron tres demandas: la renuncia del ministro de Educación; la indemnización a las familias de los estudiantes, más de 20, que se suicidaron al conocer las filtraciones de las pruebas de ingreso a la universidad; y la exigencia al gobierno de no presentar cargos en la Justicia contra los centenares de personas detenidas en varios estados del país durante las protestas.

Finalmente, el sábado, Pradhan renunció, ante el júbilo de los movilizados. En un discurso dirigido a la multitud congregada en Jantar Mantar, Dipke, elogió la “valentía” de los estudiantes que acudieron en masa, incluso cuando fueron objeto de violencia policial.

“Lo logramos”, declaró Dipke, quien también destacó que la renuncia de Pradhan era “solo el comienzo” de la campaña del movimiento en favor de una reforma educativa sistémica y de su lucha por los derechos democráticos.

Activistas y simpatizantes del CJP se enfrentan a la policía, el 20 de julio, durante una protesta en Nueva Delhi.

Activistas y simpatizantes del CJP se enfrentan a la policía, el 20 de julio, durante una protesta en Nueva Delhi.

Foto: Arun Sankar, AFP

Algunos analistas políticos indios destacaron que la impronta y el aplomo de Dipke y de los principales dirigentes del CJP, todos de entre 25 y 30 años, parecen tener como modelo de liderazgo al del actual alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quien tiene 35 años y es hijo de indios musulmanes chiitas emigrados a Uganda.

En una entrevista publicada esta semana por la revista Time, interrogado sobre el alcance del CJP, Mukul Kesavan, historiador, novelista y uno de los escritores más conocidos de India expresó: “Estoy tan desconcertado por la magnitud, la intensidad y el hecho de que surgiera de la nada este movimiento que no me queda claro cómo se sostiene ni hacia dónde se dirige. No digo que no lo hará, pero sorprendió a todos, incluso a sus organizadores”.