En una entrevista en Paren el mundo de la diaria Radio este miércoles, la directora de la División de las Américas de Human Rights Watch (HRW), la abogada y politóloga colombiana Juanita Goebertus, abordó los principales desafíos que se le presentan al continente en materia de derechos humanos.
Goebertus apuntó a tres problemáticas. En primer lugar, que “América Latina viene en un proceso ya largo de erosión democrática”. Mencionó una primera etapa con “la consolidación de las dictaduras en Cuba, Venezuela [y] Nicaragua”, mediante “procesos a través de los cuales se ha eliminado la alternancia en el poder, la separación de poderes [y] la existencia de un espacio cívico abierto”. Describió, además, otra en la que los autoritarismos “son competitivos” y “ganan elecciones, incluso legítimas”, tal como ocurre en países como El Salvador y Ecuador.
En segundo lugar, la directora de la División de las Américas de HRW advirtió que América Latina “sufre los peores indicadores de violencia como resultado del crimen organizado” y registra las mayores tasas de homicidios e impunidad asociada. “Eso es un problema de derechos humanos en general, porque estas organizaciones extorsionan, matan, amenazan [y] secuestran”, sentenció. Acotó que esa situación conduce a otro problema, ya que las soluciones propuestas por los estados de la región no han resultado efectivas en términos generales. Afirmó, en este sentido, que “han permitido que el crimen organizado crezca” o derivan en el despliegue de iniciativas de militarización o regímenes de excepción, con la “suspensión del debido proceso [o la] suspensión de garantías procesales por el populismo punitivo”, explicó.
Por último, Goebertus mencionó como tercera problemática un factor “principalmente externo”: la influencia del gobierno de Donald Trump en la región, que “genera aún mayores retos”. La directora de HRW recordó que este miércoles se cumple un año desde el comienzo de una campaña de ataques indiscriminados contra embarcaciones en el Pacífico y el Caribe, que “se ha traducido en la ejecución extrajudicial de más de 220 latinoamericanos”. Señaló, asimismo, que el accionar del gobierno estadounidense “manda a toda la región una señal de desconocimiento de un sistema internacional basado en reglas”.
En ese sentido, y luego de que se le consultara por del rol que, en este contexto, juega el ascenso de la ultraderecha a cargos de gobierno en los distintos países del continente, Goebertus consideró que “lo paradójico en América Latina” es que “el autoritarismo no tiene una ideología predilecta”. “Lo hemos visto en América Latina, de lado a lado del espectro ideológico”, matizó, y dijo que existen “elementos parecidos en agenda”.
“Hemos llegado a la conclusión de que a Bukele [...] le tomó cuatro años hacer lo que el chavismo hizo en 15 años en Venezuela, en términos de cooptación de todos los poderes públicos y del uso de facultades para perseguir a opositores y para perseguir a la sociedad civil”, sostuvo a modo de ejemplo.
Reclutamiento de niños por grupos armados colombianos: una “situación lamentable” que se cuadruplicó
Durante la entrevista también se abordó un reciente informe de HRW que da cuenta de un incremento drástico en el reclutamiento de niños por parte de grupos armados en Colombia. Goebertus puso en números el fenómeno y dijo que entre 2022 y 2025 las cifras se cuadruplicaron, una “situación lamentable” que implica que existan “miles de niños usados para la guerra [y] la criminalidad organizada”.
La directora de la División de las Américas de HRW apuntó a una serie de demoras y desconexiones en el cumplimiento del acuerdo de paz que alcanzaron el país caribeño y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia en 2016. Si bien este “permitió la desmovilización de cerca de 14.000 combatientes”, no fue complementado con la ocupación de esos espacios por el Estado colombiano.
En el informe también se aborda el uso indebido que los grupos armados hacen de redes sociales para llevar adelante los reclutamientos. En esta línea, Goebertus afirmó que compañías como Meta y Tik Tok “no están siendo efectivas”, y apuntó a la necesidad de implementar equipos de moderación no automatizados que puedan controlar apropiadamente los contenidos. “Deberíamos caminar hacia una regulación formal que generara obligaciones vinculantes”, afirmó.
Consultada sobre cómo es posible regular esos espacios sin cohibir la libertad de expresión, realzó el rol de la moderación humana y dijo que el problema de los sistemas automatizados pasa tanto por la submoderación –en el caso ya descrito– como por la sobremoderación –para esto se refirió a la eliminación de contenidos que abordan la violación de los derechos humanos en Palestina–, algo que obedece a la “poca capacidad de criterio” con la que los algoritmos automatizados cuentan para discernir. “Creo que es muy difícil para las plataformas seguir insistiendo en la libertad de expresión cuando la manera en la que moderan es automatizada”, aseveró.
