El genocidio contra el pueblo armenio ocurrió y comenzó en la década de 1890, tuvo su culminación más brutal entre 1915 y 1923 y hoy continúa en la forma de genocidio cultural y en el negacionismo sistemático.
Hoy nos asustamos por una tendencia viral. Pero los pibes no se bancan más el estado de las cosas y al Estado en su ausencia, la poca respuesta institucional, la violencia cotidiana a la que están sometidos.
Lo que está en juego no es solo la llegada de nuevas inversiones o la concreción de acuerdos puntuales; es la posibilidad de repensar el lugar de las industrias creativas en nuestra estrategia de desarrollo.
El problema no es solo cuántos especialistas hay ni en qué lugar del mapa están. El problema es qué tipo de sistema de salud somos capaces de organizar para que puedan trabajar bien y para que la población acceda a una atención de calidad.
En estos temas de discriminación producto de nuestro permanente culto a la memoria, los judíos siempre "arrastramos las marcas" opacando a otros colectivos que también son discriminados.