Lo que está en juego no es solo la llegada de nuevas inversiones o la concreción de acuerdos puntuales; es la posibilidad de repensar el lugar de las industrias creativas en nuestra estrategia de desarrollo.
El problema no es solo cuántos especialistas hay ni en qué lugar del mapa están. El problema es qué tipo de sistema de salud somos capaces de organizar para que puedan trabajar bien y para que la población acceda a una atención de calidad.
En estos temas de discriminación producto de nuestro permanente culto a la memoria, los judíos siempre "arrastramos las marcas" opacando a otros colectivos que también son discriminados.
América Latina no necesita esperar una coordinación global perfecta para actuar; también puede avanzar a nivel doméstico y regional, construyendo sobre el creciente consenso de que la desigualdad extrema no es ni inevitable ni intocable.
Lo que está en discusión es si el sistema educativo está en condiciones de ofrecer un marco de cuidado acorde al tipo de conflictos, lenguajes y formas de circulación de la violencia que atraviesan el presente.