En los últimos 15 años, cuando llegaba esta época, los periodistas “buscaban el número” para ver si la temporada había sido “buena, igual, regular o mala”. Este año, en cambio, se habla de número de contagios, fallecidos, testeos realizados, enfermos en tratamiento, excepciones a las “fronteras cerradas” y si está a consideración alguna nueva medida al respecto, o sobre el horario de cierre para los locales gastronómicos.

La importancia de lo que ocurre en el turismo radica en el nivel de devastación que puede significar una mala temporada. Por ello es necesario asumir responsablemente las medidas necesarias para el conjunto de la cadena de “servucción” (capacidad de producción de servicios) turística, que impacta sobre el conjunto de la economía del país. El turismo tiene 100.000 puestos de trabajos relacionados, de acuerdo con las cifras del Banco de Previsión Social y de la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE), y representa más de 20% de las exportaciones en su conjunto, y la mitad de las de servicios.

Las únicas cifras procesadas por el Ministerio de Turismo que pueden tomarse en consideración son las existentes para los ingresos de visitantes al país en el primer trimestre de 2020 en relación con los años anteriores, en particular 2019. Se detallan en el cuadro a continuación. Cabe aclarar que a partir del 13 de marzo se discontinuó, por la pandemia, el relevamiento sistemático de información.

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Los valores presentados en el cuadro registran una disminución algo menor a 10% entre 2020 y 2019 en el número de ingresos y divisas, en tanto el saldo de la balanza turística sufrió un impacto de disminución mayor.

En 2017, el país había registrado más de cuatro millones de visitantes y recibido más de 2.200 millones de dólares. Esos números continuaron creciendo hasta abril de 2018, momento en el que la realidad del mercado argentino comenzó a sufrir el impacto de un fuerte deterioro económico, con devaluación de 100% del peso con relación al dólar y valores de la inflación superiores a 40%.

En cuanto a las cifras referentes a los viajeros que ingresan al país que no son uruguayos y que tampoco residen aquí por trabajo, sólo se pueden comparar 2019 y 2020 en base a información de la Dirección Nacional de Migraciones, dado que al no realizarse encuestas en los puntos de salida del país no se genera información para hacer el procesamiento correspondiente, como se venía realizando casi por tres décadas, en acuerdo con el Banco Central del Uruguay, con metodología coordinada con el Banco Central y el INE.

En base a las cifras de la Dirección Nacional de Migraciones, observamos que en el primer trimestre de 2019 ingresaron al país 1.005.010 viajeros, mientras que en el mismo período de 2020 lo hicieron 942.843. En tanto, el acumulado del ingreso de viajeros de 2019 fue de 2.802.344, y el de 2020, de 1.022.905. De ello puede concluirse que entre abril y diciembre de 2020 ingresaron al país unos 80.000 viajeros.

Con estos elementos a la vista, se puede tener claro el impacto de la covid-19 para la actividad turística del país durante 2020.

Por otra parte, con fronteras cerradas, de momento hasta finales de enero con mínimas excepciones, ya se puede asumir que el primer trimestre de 2021 amplificará las complejidades observadas para todo el año pasado.

Es imprescindible entender que tenemos una situación de emergencia en el turismo, que requiere inversiones que den sustentabilidad al sector.

No se ha dado a conocer aún el procesamiento de la información sobre lo que se denomina “población flotante”, obtenida en base a la obligación de los establecimientos registrados en el Ministerio de Turismo de proporcionar datos respecto de los ocupantes de sus instalaciones. En varias regiones del territorio estos números de turismo son los de mayor trascendencia e impacto en la realidad cotidiana. Ejemplo de eso son las declaraciones de productores orgánicos en el este, o carnicerías, no sólo lo que venden las grandes superficies comerciales. En estos días, un dirigente de una gremial de inmobiliarias del este del país afirmó que más de 1.000 puestos de trabajo asociados a su sector no fueron ocupados. Ni que hablar de los trabajadores de las agencias de viaje, con 93% en el seguro de paro desde marzo-abril del año pasado.

Con estos elementos a la vista, se confirma que la actividad turística ha cambiado radicalmente y se hace necesario una redefinición de la oferta, en el uso responsable de bienes y valores de los recursos naturales y culturales, y que se precisa inversiones para posibilitar formas de acceso al turismo como derecho humano. Ello hace necesario investigar y conocer cómo es la situación de nuestros principales segmentos y mercados, qué elementos los llevan a vacacionar o no hacerlo, cuáles son las prioridades a la hora de elegir destinos, entre otros elementos.

Es imprescindible entender que tenemos una situación de emergencia que requiere inversiones que den sustentabilidad al sector, más allá de los adoptadas hasta el momento, que notoriamente no calibran la profundidad de la devastación mencionada previamente, como está planteando ahora la Cámara Uruguaya de Turismo y como anteriormente señalaron trabajadores del sector recientemente agremiados.

Aun con vacunas, que serán una salida de largo plazo, o con aperturas parciales, es necesario tener un hoja de ruta que llegue hasta abril de 2022, que permita amortiguar los impactos de la crisis y sumar a todos en un esfuerzo para convertir al turismo en causa nacional.

Benjamín Liberoff fue subsecretario de Turismo (2015-2020).