Seguramente, al iniciarse el próximo período parlamentario, se abrirá el debate con dos proyectos de ley que intentan, sin ninguna duda, seguir insistiendo sobre “los pobres viejitos”.

Esos “pobres viejitos” que tuvieron absolutamente todas las garantías en sus juicios y se demostró que tuvieron que ver en su inmensa mayoría con crímenes de lesa humanidad. Violaciones, torturas, secuestros y desapariciones fueron algunos de los tremendos horrores cometidos por los genocidas. Me refiero a los que ya están presos cumpliendo sus condenas; faltan muchos que aún están sueltos o ya murieron y se llevaron con ellos documentos que hubieran sido valiosísimos para saber realmente la verdad.

Es bueno saber que ya existe una ley que puede habilitar que el juez habilite la prisión domiciliaria para los presos que presenten las debidas certificaciones médicas. Es más, algunos de ellos ya murieron en sus domicilios, producto de haber habilitado la ley a la que nos referimos.

Entonces, cuando se habla de reconciliación, que se diga realmente cuál es el objetivo que se persigue; de lo contrario, el debate no corresponde. Sobre la base de la confusión nunca se alcanza la verdad. En realidad, se quiere alimentar la impunidad y el olvido de lo sucedido sin saber la verdad.

Me pregunto y me respondo que se le pide acaso al torturado que se reconcilie con quien lo torturó. Al muerto que se reconcilie con su asesino. Al desaparecido y a la desparecida que se reconcilie con quienes los secuestraron y luego los desaparecieron. ¡Realmente, ridículo! Les pedimos acaso a los familiares de los desaparecidos que hagan lugar a la reconciliación sin saber dónde están sus hijos, nietos, hermanos, padres, madres. ¡Por favor!

La única reconciliación posible se dará cuando se sepa toda la verdad.

No nos engañemos: ya existe ley para la prisión domiciliaria que se pretende.

Gustavo González es senador del Partido Socialista, Frente Amplio.