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Opinión Posturas

Echegoyen y Seregni: acerca de un editorial de El País

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Con la excusa del cambio de nombre de “Dr. Martín R Echegoyen” a “Paulina Luisi” –que la comunidad educativa y la Comisión de Fomento proponen para la escuela pública 83–, el diario El País, desde su página editorial,1 la emprende contra “la izquierda”, a la que adjudica el estar “ocupada hace lustros en perseguir y calumniar la memoria de semejante figura blanca y republicana” –refiriendo al primero de los nombrados– en tanto “golpea a quienes considera sus enemigos, siempre”.

Más aún, desentendiéndose del proceso administrativo y legislativo que la iniciativa conlleva, deriva el tema hacia el terreno de las valoraciones políticas, de “los relatos” de la historia reciente, de las comparaciones personales. Hasta rematar con un grosero agravio a la figura y la trayectoria del general Líber Seregni. Deslizado, además, en una suerte de velada advertencia antidemocrática, que –por si algo faltara– esconde la perversa intención de abonar en el rumbo de una nueva versión del inicio de la dictadura cívico-militar en el país:2 “¿Qué hubiera pasado si en la anterior administración se hubiera decidido cambiar el nombre de la ruta General Líber Seregni por causa de que Seregni adhirió con fervor al golpe de Estado de febrero de 1973?”.

El grosero exabrupto adjetivado con que el editorialista pretende atacar al presidente histórico del Frente Amplio es inaceptable, mentiroso y cobarde. Porque no es cierto que Seregni haya adherido –de forma alguna– al golpe de Estado. Es más: mientras otros civiles adherían al gobierno dictatorial que se instauraba en el país, y ocupaban cargos de gobierno, se desempeñaban como directores de servicios, intendentes o fungían como consejeros de Estado (entre otros, el propio Echegoyen, la “figura blanca y republicana” que “sirvió con honestidad y responsabilidad a la patria”, según el editorialista), el general Seregni era detenido, proscripto políticamente, declarado “enemigo” del proceso, degradado de su rango militar y condenado por la “Justicia militar” a padecer, durante diez largos años, la prisión arbitraria de aquella cruel dictadura en cárceles y cuarteles, del interior y de Montevideo.

Y con ella, el atropello, los malos tratos, los castigos, la tortura institucionalizada, que fue la característica de aquel régimenue en muchísimos casos abarcó, además, el secuestro, la desaparición forzada y el asesinato (me viene a la memoria el caso de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, William Whitelaw, Rosario Barredo y Manuel Liberoff, recientemente conmemorado).

Mientras tanto, algunos personajes autoproclamados defensores de la democracia y la libertad se esforzaban en demostrar su compromiso con el proceso dictatorial, editorializando acerca de las bondades del gobierno, de su respeto a los derechos humanos y sosteniendo que las denuncias de violaciones a estos eran parte de una campaña internacional de desprestigio impulsada por los traidores exiliados. Tal fue el caso, entre otros, del diario El País.3

El grosero exabrupto adjetivado con que el editorialista pretende atacar al presidente histórico del Frente Amplio es inaceptable, mentiroso y cobarde. Porque no es cierto que Seregni haya adherido al golpe de Estado.

Ni que decir que el general Líber Seregni fue uno de los presos políticos de conciencia más reconocidos a nivel internacional. Su liberación fue reclamada desde los más diversos gobiernos y organizaciones de derechos, habiéndole sido ofrecida la posibilidad de exilio a los más variados países. Su voluntad fue siempre quedarse a compartir la suerte de sus compatriotas y camaradas.

Si hoy disfrutamos del más largo período de democracia ininterrumpida en la historia del país, es indudable que, en primerísimo lugar, lo debemos al general Seregni. A su estrategia de concertación, movilización y negociación para la salida de la dictadura. A su talante conciliador de la sociedad a la hora de la reconstrucción de la democracia: “Ni una sola consigna negativa. ¡Paz para los cambios! Y ¡cambios para la paz!”.

Porque, como decía Seregni: “No daña quien quiere”, haciendo referencia a “la cruda realidad de los hechos” al momento de discernir un juicio de valor; allí están los hechos que avalan las aseveraciones que acabo de expresar.

¿Sobre las otras cuestiones que plantea el periodista? ¡Somos una comunidad pequeña! Todos sabemos dónde estamos, dónde estuvimos, a qué jugamos y qué hicimos. Lo que es inaceptable, y no queremos dejar pasar, es el agravio personal y la falacia histórica.

Liliam Kechichian es senadora del Frente Amplio.


  1. https://www.elpais.com.uy/opinion/editorial/echegoyen-seregni-y-trias 

  2. Al respecto, sería bueno que el articulista se pusiera de acuerdo consigo mismo al momento de referirse al golpe de Estado, dado que en una parte de la nota lo data en febrero de 1973 y en otra lo ubica el 27 de junio de 1973. 

  3. “El concepto de seguridad y de visión de lo ocurrido entre nosotros a lo largo de muchos años es lo que justifica, jurídica e históricamente, la participación que hoy tienen las Fuerzas Armadas en la vida nacional y sus nobles y elevados objetivos”. Editorial del diario El País, 21 de julio de 1974. “¿Cómo convencer a nuestros jóvenes de que las Fuerzas Armadas no salieron a la calle para dar su cuartelazo, sino como último recurso reclamado por la ciudadanía sana del país, para salvar la esencia misma de nuestro sistema?”. Editorial del diario El País, 24 de junio de 1976.