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Opinión Posturas

De gladiadores y de arenas: notas para pensar las muertes de adolescentes en territorios vulnerables

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En las arenas de la modernidad montevideana, los adolescentes de los barrios vulnerables siguen siendo pequeños gladiadores: figuras públicas y privadas a la vez, expuestas a la mirada policial, mediática y comunitaria, destinadas a un combate cuya dramaturgia legitima poder y orden. Comparar dos muertes separadas por una década no es ejercicio arqueológico, sino diagnóstico. El patrón persiste, con variantes que señalan una continuidad letal y un desplazamiento en la técnica de la fuerza.

En mayo de 2016, un caso de violencia policial tuvo lugar en el barrio Marconi, llevando a la muerte a un adolescente de 16 años. Diez años después, el caso Brayan Leites obliga a repensar qué ocurre en casos de violencia policial. En ambos, reaparecen las versiones contrapuestas –Policía versus familia–, la lentitud probatoria y la reacción comunitaria que se convierte en rabia y memoria enfurecida. Estas muertes parecen recrear un ciclo de explosiones mediáticas seguidas de amnesias colectivas que funcionan como mecanismo de disciplinamiento: rituales de poder que muestran quién decide sobre la vida en los márgenes en dinámicas extremadamente inseguras.

La trayectoria de Brayan es expresiva de lo que analizábamos en “Relatos de muerte” en los mapeos del “cinturón de homicidios”,1 revelando la otra cara del gladiador: combates entre pares, ajustes de cuentas, microtráfico y economías del castigo que tiñen el paisaje barrial. Aquí la ejecución tiene modos y rutinas (motos, disparos en la vía pública, cercanía al domicilio) que naturalizan la violencia y producen una socialización temprana del riesgo. Ambos trayectos confluyen en la misma tragedia: cuerpos jóvenes sacrificados en la escena pública.

Mirar la década que separa ambas muertes no es solo contar repeticiones; es leer desplazamientos. Aumentan los operativos, se intensifica la focalización territorial y, con ello, las probabilidades de encuentros letales Estado-joven. Paralelamente, las disputas entre grupos se consolidan y se vuelven paisaje cotidiano, alimentando circuitos de venganza y autorregulación comunitaria. El resultado: una doble dinámica que retroalimenta la demanda de “mano dura” y, simultáneamente, abre espacios de legitimación para respuestas represivas y, en la retórica y en la forma, giros hacia la militarización.

La metáfora del gladiador permite pensar varios nudos conceptuales. Primero, la performatividad de la masculinidad: el niño que aprende a pelear para ser visto, el gladiador que aspira a respeto y estatus en un mercado de afectos escaso. Segundo, el régimen de visibilidad y la legitimación de la violencia: la muerte en la arena –sea por bala policial o por ajuste– sirve para narrar el miedo colectivo y restituir la soberanía, ya sea estatal o criminal. Tercero, el desenlace trágico: la figura del gladiador no solo encarna coraje, sino precariedad, mercancía y desposesión; la gloria es breve y la libertad rara.

Las narrativas y los estudios apuntan a lo mismo: la solución no es solo procesal, sino estructural. Y mientras las políticas públicas no articulen investigación independiente, trazabilidad de armas, prevención territorial y procesos de reparación, la arena seguirá ocupada por cuerpos jóvenes. Pensar al gladiador contemporáneo –apenas salido de la infancia– es, entonces, desarmar la liturgia que naturaliza su sacrificio y comprender que la seguridad que se impone desde arriba reconfigura, a su vez, las formas de violencia juvenil hacia la repetición y hacia la militarización.

La seguridad que se impone desde arriba reconfigura, a su vez, las formas de violencia juvenil hacia la repetición y hacia la militarización.

Ambas muertes no solo replican un patrón de exposición juvenil a la violencia letal: sugieren un perfeccionamiento en la crueldad de los mercados ilícitos como mecanismo de cooptación. Las economías del castigo y las relaciones clientelares del microtráfico afinan sus técnicas –desde la instrumentalización de adolescencias precarizadas hasta la disciplina por miedo y por deuda–, transformando a los jóvenes en recursos útiles y prescindibles dentro de circuitos que demandan obediencia, visibilidad y sacrificio ritual. Ese perfeccionamiento no es accidental: se inscribe en estrategias que combinan violencia selectiva, exhibición punitiva y control social residual sobre barrios enteros.

Paralelamente, se observa un correlato institucional: el tránsito de respuestas policiales hacia prácticas de mayor uso de fuerza y lógica militarizada. Los aumentos de operativos focalizados, el respaldo gremial a agentes en episodios letales y la retórica de seguridad como intervención militar en lo urbano configuran una escena donde la frontera entre Policía y fuerzas con entrenamiento o doctrinas de corte militar se vuelve difusa. Estas transformaciones reconfiguran el régimen de intervención en los territorios, elevan la probabilidad de encuentros fatales Estado-joven y normalizan recursos coercitivos como primera respuesta.

En ese entramado, el crimen organizado opera además como forma de gobierno territorial: no solo busca lucro, sino que produce orden social –regula tránsito, castiga faltas, administra economías informales y modela trayectorias juveniles–.

Esa gobernanza paralela captura espacios de autoridad donde el Estado falla o se retira, imponiendo reglas, castigos y narrativas que reconstituyen la vida barrial y las expectativas de futuro de las juventudes. El cruce entre esa gobernanza criminal y la militarización de las respuestas estatales cierra un círculo peligroso: mercados que perfeccionan la crueldad y servicios de seguridad que reproducen la lógica de la arena.

Violencia como disciplina. Orden como castigo. Arena que no perdona. Mientras tanto, la pregunta que queda es política y ética: ¿quién se permite decidir en la arena y con qué reglas? Hasta que no haya justicia y prevención, los pequeños gladiadores seguirán en la arena.

Nilia Viscardi es corresponsable del Grupo Juventudes, violencia y criminalidad en América Latina, profesora agregada en la Facultad de Ciencias Sociales/Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República.


  1. Tenenbaum, Gabriel; Fuentes, Mauricio; Viscardi, Nilia; Salamano, Ignacio; Espíndola, Fabiana (2021). “Relatos de muerte. Homicidios de jóvenes montevideanos en ajustes de cuentas y conflictos entre grupos”. Obsur, Anii, FHCE, FCS. Montevideo: Mastergraf.