Un día antes de la apertura de la muestra Olivera Prietto fue entrevistado por la diaria.
¿Por qué Miradas esenciales?
Porque la mirada, para mí, dice mucho más que el rostro. En una mirada pueden aparecer la historia, la personalidad, las alegrías, las tristezas, las dudas y hasta aquello que una persona no dice.
Me interesa encontrar algo de lo esencial de cada personaje, eso que permanece cuando dejamos de mirar solamente las facciones. “Miradas esenciales” tiene que ver justamente con eso: con mirar y, al mismo tiempo, tratar de descubrir qué hay detrás de esa mirada.
¿Cómo es pintar en el interior y en Tambores, en especial?
Pintar en el interior tiene algo diferente. Uno está más cerca de la gente, de las historias, de los personajes reales y de una forma de vivir que todavía conserva mucho de lo esencial. Hay una relación más directa con el paisaje, con las costumbres y con la memoria.
La soledad no significa estar solo, porque tengo mis afectos cerca. La soledad que se siente es estar lejos de colegas y de circuitos donde uno puede dialogar y mostrar lo que va realizando.
Esta exposición en la Casa de la Cultura de Paysandú cumple con una necesidad personal: la de estar en contacto con un público diferente, pero fundamentalmente sentir que uno no pinta porque sí.
¿Qué técnicas utilizás?
Trabajo principalmente con óleo y, en algunos casos, con acrílico. También he trabajado sobre distintos soportes, de acuerdo con lo que cada obra necesita. Dibujar, dibujo con lo que sea.
La técnica va apareciendo y modificándose en función de lo que quiero expresar. Me interesa especialmente trabajar el rostro y la mirada, buscando que la materia, la luz, las transparencias y las pinceladas ayuden a transmitir algo que vaya más allá de la representación.
La técnica es una herramienta. Supongo que lo importante en un artista es que tenga algo para decir. El arte viene de las profundidades del ser. Decir algo y pintar en forma desgarrada tiene que ver con lo que digo.
¿Qué importancia tiene el color en tu obra?
El color es importante, pero el desafío es la luz. En cada rostro, en cada escena y en cada pincelada hay una búsqueda de esa relación entre la luz y la sombra.
El color acompaña ese proceso. Puede intensificarlo, apartarse de la realidad o adquirir una libertad propia, pero siempre está al servicio de esa mirada. El espectador distingue la obra a través de ese juego entre la luz y la sombra.
Insisto con lo del color: los pintores debemos tener en cuenta el círculo cromático, para respetar la sensibilidad de quien mira. Es importante en la composición, en la densidad y en la estabilidad de una obra. Yo procuro hacer lo mejor posible mi trabajo.
Sos pintor, dibujante y además escribís. ¿Cómo unís esas vertientes a la hora de crear?
No las siento como vertientes separadas. Para mí, dibujar, pintar y escribir forman parte de una misma necesidad: observar, imaginar y tratar de expresar aquello que me provoca el mundo que me rodea.
El dibujo muchas veces aparece como un primer impulso, una forma de atrapar una imagen, un gesto o una idea. La pintura me permite desarrollar esa imagen desde el color, la materia y la luz. Y la escritura me da otras herramientas: las palabras, el ritmo, la memoria, la posibilidad de entrar en lugares donde la imagen no siempre alcanza.
A veces una cosa lleva naturalmente a la otra. Una imagen puede despertar una historia; una palabra puede convertirse en una imagen. Incluso un personaje que aparece en un dibujo puede terminar habitando un texto, y algo que escribí puede quedar dando vueltas hasta transformarse en una pintura. Mi lenguaje proviene de mi historia.
¿Qué desearías que se lleve el visitante luego de experimentar tus rostros, miradas y colores?
Me gustaría que se lleve algo más que la imagen de un rostro. Que alguna de esas miradas le quede dando vueltas, que le despierte una emoción, un recuerdo o quizás una pregunta.
¿Algo más que quieras agregar?
Quizás solamente decir que esta muestra también es, para mí, una forma de agradecer. A las personas que fueron apareciendo en mi camino, a quienes miré y su circunstancia se fijó en mi mente. Jamás pinto a alguien en especial, todo es fruto de mi recuerdo, combinado con la imaginación.
Yo solamente intento detener por un instante aquella mirada, dejarla sobre el lienzo, para que pueda encontrarse con otras miradas. Seguramente con las del espectador.
