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Rorro

Mírenlas

Son gurisas, juegan, disfrutan, lloran, gritan, bailan entre partido y partido. Eso sí, hasta ahora no observé conductas antideportivas, peleas, esas pequeñas riñas que generalmente en el fútbol masculino se dan seguido. Nuestras representantes, de cara, son las más niñas de todas, en la cancha un corazón enorme, a pesar de falencias futbolísticas y físicas. Igualmente, ver a Carito Birizamberri gambetear o a Stephanie Lacoste sacar todo, ilusiona y da motivos para seguir laburando por un fútbol femenino que cada vez crece más en este país. Si los fundamentos se empiezan a trabajar desde niñas, es mucho más fácil que las futbolistas lleguen a esta categoría con un potencial para poder competir.

Igualita a mí

Bueno, ya está. Parece que lo más fulero ya pasó , que aquel aterrador frío es simplemente un mal recuerdo. Te dije que la seguíamos en las finales y ahí estuve en Trinidad, con un sol radiante primaveral que se refractó en humo de los chorizos, en un escenario no tan monumental pero sí muy coqueto. De nuevo la cosa arrancó temprano y repetí la rutina de la otra vuelta: Tristán Narvaja y desembocar en Tres Cruces. Eso sí, a diferencia de la mayoría de los que andaban pateando por ahí sin termo y mate, porque a mí me gusta frío como a los paraguayos y con jugo. En mi cabeza estaban las palabras paternales del editor de estas páginas, que me había dicho la noche anterior: “Mirá que el ómnibus sale las 11”. A las once menos cinco llegué y relojeé la pantalla que avisa para ver si ya estaba por salir, pero no, el Copay destino Paysandú marcaba salida a las once y cuarto.