El Salón Azul de la Intendencia de Montevideo fue la sede, el martes, de la presentación del libro El horizonte. Conversaciones sin ruido entre Sanguinetti y Mujica, que recoge el resultado de seis reuniones presenciales en las que los periodistas Gabriel Pereyra y Alejandro Ferreiro interrogaron a los expresidentes José Mujica (2010-2015) y Julio María Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000) sobre el Uruguay del futuro.

Las reuniones se enfocaron en lograr que ambos entrevistados “conversaran sin interferencias” en un ambiente distendido, contaron sus autores. Durante las charlas, los exmandatarios hablaron sobre lo que viene, pero también recorrieron su pasado: sus infancias, sus integraciones a la vida política y sus roles como presidentes fueron algunos de los temas que trataron antes de empezar a reflexionar de cara al futuro.

Ante un buen marco de público, los protagonistas de la obra hablaron sobre el proceso que derivó en la publicación del libro. El primero en tomar la palabra durante la presentación fue Ferreiro, que contó que la idea de escribir surgió a partir de una entrevista que le hicieron a Sanguinetti cuando se estaba discutiendo el referéndum sobre la ley de urgente consideración, en la que le propusieron debatir con Mujica. La respuesta del colorado fue: “Con Mujica tendríamos que sentarnos a hablar de la vida, ya estamos grandes”.

Sanguinetti aseguró que el libro es un acto simbólico que “pretende ser una expresión de republicanismo de gente que en su tiempo estuvo muy enfrentada, luego menos y ahora son colegas amistosos”. Mientras el expresidente hablaba, siete integrantes de Plenaria Memoria y Justicia entraron al recinto portando carteles con imágenes de los detenidos desaparecidos de la última dictadura y caminaron entre los espectadores, pero nadie hizo referencia a eso durante las oratorias.

Por su parte, el líder del Movimiento de Participación Popular comentó que aceptó la propuesta porque “valía la pena colaborar como señal a favor del país” y recordó una anécdota que protagonizó la exvicepresidenta Lucía Topolansky cuando asistió a la última reunión del Mercosur durante el segundo período de gobierno de Tabaré Vázquez: “Estaba [Mauricio] Macri, que había perdido las elecciones, triste, acurrucado como lechuza de panteón, y Lucía le dijo que no se aflija, que la alegría va por los barrios, un día se pierde, otro día se gana. Y Macri le respondió: ‘Lo que pasa es que ustedes son civilizados, pero en la Argentina no somos así’. Esto lo digo en un tono un poco jocoso, pero en realidad es dramático”.

“Diferencias ha habido, hay y las seguirá habiendo, y creo que las sociedades modernas, por su complejidad, cada vez van a tener más”, sostuvo Mujica, y agregó que no es posible la convivencia en una sociedad si el sistema político pierde el mínimo respeto de “cultivar un nosotros”. Para él, la iniciativa del libro es un “pequeño gesto” que puede favorecer la imagen del país.

Sanguinetti recordó que Uruguay “tuvo un siglo XIX enormemente confrontado”, pero que al final de cada contienda hubo “un sin vencidos y sin vencedores, aunque había vencidos y había vencedores”, y que bajo “ese manto” siempre se buscó la concordia cívica que se fue desarrollando en el país. El siglo XX, en tanto, consolidó a un país con instituciones y con un progreso social que “nos fue singularizando”, dijo.

Sin embargo, Sanguinetti consideró que hoy “nos encontramos con un mundo enormemente perplejo” que está en un “mar de incertidumbres sobre el destino de las democracias”. Apuntó que en América Latina se han debilitado los “partidos políticos” y “las instituciones” y que “la plantita democrática hay que regarla todos los días” porque es “bastante frágil”.

Mujica aseguró que hay que ser conscientes de la “deuda social colosal” que existe en América Latina y que “hay que cuidar lo que se ha hecho, pero ser conscientes de lo mucho que falta”. En ese sentido, apuntó que las nuevas generaciones deben cometer los errores de su tiempo y aprender de los que tuvieron ellos para que no vuelvan a ocurrir. “Hay que ser novedoso en la aventura de los errores, porque la vida va hacia adelante”, dijo, y agregó que espera que con los “nuevos instrumentos” que surjan se “construyan mejores cosas que las nuestras”.

En medio de su oratoria, se detuvo para agradecerle la presencia a la intendenta Carolina Cosse, que se encontraba en la primera fila, y comentó que no sabe “cómo hace para conservarse tan buena moza” y que “solamente las mujeres tienen ese hábito”. Anteayer, Mujica fue blanco de críticas de las mujeres de su partido por decir que Cosse “tiene un don a favor: es mujer, y [las mujeres] están de moda”.

Ferreiro les preguntó a los líderes partidarios si aprendieron algo nuevo del otro durante las charlas. El primero en responder fue Mujica, que luego de hacer una gran reflexión sobre su admiración por la naturaleza definió a Sanguinetti como un “sembrador de ideas” con el que “a veces concuerda” y otras veces “tiene matices”: “Tengo que agradecerle a don Julio haberme bancado. Él también me va a tener que agradecer. A él y a mí nos van a pegar”, comentó.

“Pepe es un filósofo de la vida cotidiana, popular, yo soy un periodista, un cronista de la vida”, planteó Sanguinetti a su turno, y recordó que durante las charlas que mantuvieron para el libro ambos se pusieron de acuerdo en algo que “a muchos le llamó la atención”, que fue su coincidencia en torno a la figura de Adam Smith: “He visto muchos que se dicen liberales que no han leído a Adam Smith, y sorprendentemente me encontré con que Pepe lo había leído”, dijo.

No es la primera vez que Mujica y Sanguinetti, de trincheras políticas antagónicas, se muestran cercanos: por ejemplo, en octubre de 2020, la sesión en la que ambos dejaron sus bancas del Senado culminó con un abrazo y gestos de aprobación de ida y vuelta. En esa ocasión, Sanguinetti dijo que en Uruguay “un día perdimos la libertad porque antes habíamos perdido la tolerancia”, pero que esa instancia simbolizaba “una hora de conciliación, de reafirmación democrática”.