Tras el hito de la firma del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), Cancillería tiene por delante la negociación con los socios del bloque sudamericano sobre las cuotas de exportación e importación, que deberá estar cerrada para cuando los parlamentos ratifiquen el acuerdo y que se anticipa será “una pelea fuerte”, dijo a la diaria Valeria Csukasi, subsecretaria de Relaciones Exteriores, quien conversó sobre las cuotas que más interesan a Uruguay, las oportunidades y las preocupaciones de distintos sectores en torno al acuerdo y los cambios que deberá asumir el Mercosur para hacerlo viable.
Para los primeros días de febrero, “con suerte”, se espera que se cumplan los procesos administrativos y que el acuerdo pueda ingresar al Parlamento. A mediados de febrero, en tanto, se proyecta que pueda presentarse el estudio de impacto realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y que se inicie una serie de talleres con sectores de la producción en todo el país, a cargo de equipos técnicos de Cancillería y de los ministerios de Ganadería, Agricultura y Pesca; Economía; e Industria. “Queremos asumir nosotros el compromiso, como gobierno, de acercarnos a la mayor cantidad de gente posible”, afirmó Csukasi.
¿Cuándo se prevé que ingrese al Parlamento uruguayo el acuerdo?
Los procesos administrativos para que se pueda ingresar al Parlamento todavía tienen que cumplir ciertas etapas. La primera es que se certifique cada página del acuerdo para poder enviar una versión autenticada por Paraguay, que es el responsable del depósito de los tratados del lado del Mercosur. Eso, yo creo que recién va a estar pasando los primeros días de febrero, con suerte, porque es un trabajo enorme que le queda a la Dirección de Tratados de la Cancillería de Paraguay, que me imagino que tendrá una presión política inmensa, pero que lo tiene que hacer con mucho cuidado, porque lo peor que te puede suceder es mandar al Parlamento algo que no sea la versión definitiva, o que sea una versión equivocada, o que te falten páginas, o que tenga una versión desactualizada.
¿Qué nivel de optimismo se tiene sobre la ratificación en el Parlamento Europeo?
Lo que nos viene informando nuestra embajada allá en Bruselas es que, en principio, los votos deberían alcanzarse. Se necesita una mayoría simple, no se necesita ninguna mayoría especial. Hasta ahora, cuando se han considerado cuestiones, mociones y demás, relativas al Mercosur, ese tipo de votos, esa cantidad de votos ha estado presente. Si mantenemos esa lógica, uno imaginaría que los votos en el Parlamento Europeo pueden estar. Pero también ahí juega mucho el contexto internacional, la coyuntura, las manifestaciones, la presión que puede estar surgiendo en determinados países y en determinados gobiernos. Entonces, tampoco hay que confiarse en que los votos van a estar seguros, y hay que trabajar para que quienes siempre apoyaron, continúen apoyando, y capaz que hasta para convencer a algunos de los que son un poquito más desconfiados sobre el impacto positivo de este acuerdo. En el Parlamento Europeo tiene que entrar primero por la Comisión de Comercio Exterior; después, por la Comisión de Asuntos Exteriores, y una vez que está aprobado por esas dos comisiones, recién pasa a plenario. Es difícil imaginarse que esto va a estar resuelto mucho antes de fin de año. Todos los meses que ganemos serán bienvenidos, pero lo importante es que esté aprobado al final del día.
Ahora se abre la negociación intra Mercosur sobre las cuotas de exportación sin arancel para cada país. ¿Eso se va a dar una vez que se apruebe en los parlamentos?
No, se tiene que dar ya. Lo que tenemos que tener claro nosotros es que, cuando el acuerdo entre en vigor, es decir, cuando los parlamentos lo tengan aprobado, nosotros necesitamos saber qué parte de la cuota le toca a cada país del Mercosur, tanto las que queremos para exportar como las cuotas de importación que otorga el Mercosur. Así que yo creo que, ni bien los equipos terminen sus vacaciones merecidas, van a tener que convocar ya las reuniones para empezar a discutir la repartición de las cuotas. Sabemos que va a ser una conversación complicada, porque estamos peleando por lo mismo, y no son cuotas tan grandes como para que nos quedemos todos satisfechos. Va a ser una pelea fuerte con los socios del Mercosur, y la evitamos hasta el momento porque decíamos: “¿Para qué nos vamos a meter en un tema tan complejo y tan urticante si todavía no está firmado el acuerdo ni está en proceso de ratificación?”. Ahora, las excusas se acabaron, los argumentos son todos a favor de discutir esto, y muy pronto.
¿Sobre qué productos Uruguay va a concentrar su esfuerzo negociador?
Hay tres cuotas que son las que claramente más nos interesan: la de carne bovina, arroz y miel. Está la discusión sobre la cuota de lácteos, tanto la de importación, que es la que genera algo de preocupación en el sector lácteo uruguayo, pero también está la posibilidad de exportar lácteos a la Unión Europea, que si bien hoy no aparece como un gran interés, en el futuro puede serlo.
Ahí es donde se concentran los intereses más grandes de Uruguay. Y la expectativa es tratar de maximizar los beneficios para el sector exportador uruguayo, es decir, conseguir la parte más grande posible de cada una de esas cuotas para que el valor comercial de este acuerdo sea el más relevante.
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¿Cuál es la competencia que se prevé que Uruguay tenga? La mayoría de los productos tal vez sean de interés de Brasil; los lácteos, por ejemplo, probablemente interesen a Argentina.
Sí, y la carne es de [interés de] los cuatro. El arroz siempre lo pensamos más de Uruguay, pero es verdad que también los países del Mercosur empiezan a producir más. Entonces, hay una combinación. La de carne bovina es la que tenemos clarísimo que los cuatro países la queremos. Cuando se había discutido, allá por 2004 entre los privados, una posible repartición de esta cuota, Paraguay no tenía, por ejemplo, la presencia que tiene hoy como exportador de carne a Europa. Han cambiado mucho las circunstancias en estos 25 años de negociación y tenemos que considerar que no todos hoy tenemos el mismo interés en Europa, que sigue siendo un mercado muy relevante, pero también, por ejemplo, Uruguay ha apostado a otros mercados.
¿Las cuotas que se definan son fijas o hay margen para redistribuirlas si cambian las condiciones?
Siempre que se fijan estas cuotas, tenés la posibilidad de revisarlas constantemente para ver cómo se están utilizando. Uno de los peores problemas que podés tener es que, por ejemplo, repartas de una manera una cuota y uno de los países, por X motivo, no la pueda llenar. Uno de los acuerdos que tenemos que alcanzar en el Mercosur es cómo se redistribuye lo que no se usa. Por ejemplo, tenés un año en el que un país tiene un brote de una enfermedad y, por lo tanto, no puede exportar; tienes que tener un momento en el año en el que digas: “Si para agosto no llenaste tu cuota, se redistribuye entre todos los demás socios”. Eso tiene que suceder. Pero también tenés que poder rever a futuro. El sector de carne aviar en Uruguay hoy no ingresa a la Unión Europea, pero puede tener interés en el futuro cuando el sector crezca y esté en mejores condiciones de poder solicitar habilitaciones sanitarias. Estos acuerdos duran muchísimos años por delante y siempre tienen que tener una cláusula de revisión para no dejar afuera a nadie de las oportunidades comerciales.
¿Hay fecha para la presentación del estudio de impacto del BID?
Estamos eligiendo la fecha. Ahora, con el viaje del presidente a China, gran parte de los equipos va a estar muy concentrada en eso, o fuera del país, así que posiblemente sea al retorno del viaje del presidente a China. Ese es un primer insumo interesante. Tal vez a mediados de febrero podamos imaginar la presentación ante públicos y privados.
¿Abarca un análisis sectorial?
No, es un análisis genérico. Los análisis sectoriales deberían venir después y los estamos concentrando en algunos sectores que tienen preocupaciones. El análisis va de todo lo que está cubierto, todos los bienes que están cubiertos, y también tiene un elemento genérico de cuánto podría aumentar el PBI [producto bruto interno] en un X periodo de tiempo. Lo que vamos a hacer, además de una presentación, va a ser después, a pedido del PIT-CNT, organizar un taller en el que se nos puedan plantear preguntas específicas sobre sectores o productos en particular, para poder mostrar cómo va a ser la eliminación de los aranceles, en cuánto tiempo, de qué manera. Estamos hablando con varios sectores que ya nos han manifestado el interés y vamos a organizar eventos específicos para ellos.
En el momento en que el Parlamento esté discutiendo este acuerdo y convoque a los sectores interesados, a los trabajadores, a los productores, a la academia, a la sociedad civil, tienen que tener la información a disposición. No pueden llegar a esa instancia de discusión con el Parlamento sin entender qué es lo que están evaluando y, por tanto, vamos a poner el acelerador fuerte para llegar en los próximos meses a cubrir a la mayor cantidad de gente posible.
- Lee más sobre esto: ¿Qué posibles impactos tendría el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea en la industria uruguaya?
Una de las principales críticas al acuerdo, como a los tratados de libre comercio en general, es que pueden profundizar la primarización de la economía. Los sindicatos industriales entienden que la industria nacional sería la principal perjudicada. ¿Qué respuesta se da a la preocupación de esos sectores?
Estuvimos hablando mucho y dándoles ejemplos muy concretos de por qué la forma en que se negoció este acuerdo es exactamente la contraria. Las commodities, los bienes básicos, tienen una canasta de desgravación mucho más larga, es decir, el arancel va a demorar entre siete y diez años para liberalizarse. Pensemos en las frutas, ese es el ejemplo que a mí me gusta utilizar: en vez de tener que esperar diez años o siete años para ver que se elimina el arancel, vos podés tener jugos de frutas, mermeladas, jaleas, esencias de fruta que se liberalizan en cero años, o sea, en la entrada en vigor del acuerdo, o en cuatro años. Eso, en vez de llevarte a la primarización, te lleva a que tengas una oportunidad de reconvertir a la industria para agregar valor sobre la base agrícola y expandir mayor valor agregado todavía. Les estuvimos explicando un poco eso, que no es tan lineal esa idea de que reprimariza. Todo lo contrario. Por la forma en que se negoció el acuerdo, la Unión Europea protege mucho más las commodities que los productos con valor agregado, porque ellos también los producen.
¿Cuál es la proyección sobre otros acuerdos en negociación o ya cerrados? ¿Cuánto pueden quizás profundizar las preocupaciones que tienen algunos sectores o compensarlas?
La idea es trabajar en toda la cantidad de acuerdos que podamos tener. Cuando uno decide con quién negociar, lo decide justamente sobre la base de los impactos de ganancias o de pérdidas. Tenemos sobre la mesa Mercosur-Canadá, la profundización bilateral del acuerdo entre Uruguay y Perú, que nos va a llevar a tener prácticamente todo cubierto; la negociación Mercosur-Emiratos Árabes Unidos; posiblemente la negociación Mercosur-Vietnam, que se inicia; la profundización del acuerdo Mercosur-India. De la misma forma que el acuerdo con EFTA [Asociación Europea de Libre Comercio], que va a entrar en el Parlamento en breve para su consideración, y el acuerdo con Singapur, que ya entra en vigor a partir del 1° de marzo [para Uruguay].
Todo esto configura un universo en el cual ganadores, afectados y demás es distinto. Pero además se complementa con, por ejemplo, la habilitación sanitaria de los lácteos en Indonesia. A veces lo pensamos muy en términos de acuerdos comerciales, pero capaz que para el sector lácteo es mucho más relevante habilitar sanitariamente un mercado inmenso como el de Indonesia que firmar un acuerdo de libre comercio con cualquiera de estos países. No hay que quedarse solamente en pensar que el acceso se negocia a través de acuerdos comerciales.
Los cambios que debe concretar el Mercosur
¿Qué cambios internos debe realizar el bloque para que la implementación del acuerdo sea viable?
Se viene mucha discusión sobre libre circulación propiamente dicha. El Mercosur, como resultado de este acuerdo, va a tener que estar en condiciones de eliminar el doble cobro del arancel, de eliminar la tasa consular. Vamos a tener que adoptar estos registros de indicaciones geográficas y de protecciones, que trabajar en reglas de origen con la Unión Europea. En un montón de elementos que hacen a la integración real, que Uruguay los ha querido discutir a nivel del propio Mercosur durante mucho tiempo y no lo conseguía, y que este acuerdo, de alguna forma, obliga a resolverlos en plazos muy cortos.
¿Es una oportunidad para integrar al bloque en algunos aspectos?
Si lo pensamos en términos de facilitación del comercio, ¿de qué se suele quejar Uruguay, sus productores, sus exportadores, del Mercosur? Que hay trabas burocráticas, que surgen problemas para exportar, que se trancan los camiones en la aduana. Todo eso es lo que va a tener que solucionarse para que el acuerdo con la Unión Europea funcione bien. Y ahí no vamos a ser solo los uruguayos quejándonos, sino que vamos a tener un actor bastante más pesado como la Unión Europea diciendo “no, vos me prometiste que yo iba a poder venderte esto, pero me lo estás trancando de esta forma”. Creo que está bueno pensar también en que acá pueden surgir oportunidades bien interesantes para históricas demandas, históricos problemas que el Mercosur no ha podido resolver en el paso de los años.
Desde el PIT-CNT se ha recordado críticamente el ingreso de Uruguay al Mercosur en los años 90, por la pérdida de puestos de trabajo que siguió. ¿Qué respuesta das a esa postura?
Yo, la verdad, que entiendo, obviamente, que quienes estaban en industrias que fueron afectadas lo sientan así. Pero también siempre insisto en un elemento: hoy el Mercosur, y sobre todo el mercado brasileño, es el que mantiene viva gran parte de la industria uruguaya. Uruguay para nada tiene un mercado suficiente para sobrevivir. El temor en estos acuerdos es bien diferente: no es por integrarnos con el Mercosur, sino por perder las oportunidades que nos dio el Mercosur. Ahí está la ironía. Para mí no es comparable.
No podemos criticar al Mercosur por haber destruido la industria, pero al mismo tiempo decir: ‘No me quiero abrir a Europa porque quiero mantener el Mercosur para mí’. Tenemos que ver dónde pueden estar las oportunidades y trabajar para que sean las mayores posibles, y para que los impactos sean los menores posibles también.
Flexibilización del Mercosur: “Tenemos que avanzar con los hechos y no centrarnos tanto en debates teóricos”
¿El Mercosur se debe una discusión que ponga blanco sobre negro qué pueden hacer sus socios y qué no?
Uruguay presentó su última propuesta de flexibilización del Mercosur a fines del año pasado. No hay cómo discutirlo, salvo el día en que los cuatro países del Mercosur estemos de acuerdo en flexibilizar, que ese va a ser el día en que no va a importar tener una norma. El concepto de flexibilización del Mercosur nos ha llevado horas de discusión, horas de pelea, horas de debate y nunca se termina de concretar. ¿Significa que abandonamos la discusión? No, pero también entendemos que tenemos que avanzar con los hechos y no centrarnos tanto en debates teóricos que, al final del día, solo frustran y se mantienen en un nivel técnico que no tiene la capacidad política de tomar este tipo de definiciones y que no son sensibles a los cambios políticos que estén sucediendo.
Veremos cómo se conversa este año, pero la realidad es que la flexibilización se está dando y se puede dar incluso dentro de las negociaciones conjuntas, como está sucediendo. (El acuerdo) con Singapur ya entró en vigor el 1° de febrero para Paraguay, el 1° de marzo para Uruguay, y capaz que para Argentina y Brasil demora un montón. Eso significa que los aranceles que Uruguay va a empezar a reducir, y Paraguay va a empezar a reducir, van a empezar mucho antes, y el famoso arancel externo común ya no va a ser tan común. Por eso a veces hay que ser menos categórico y buscar las soluciones creativas, que te lleven al punto al que quieres llegar, sin generar una crisis interna en el bloque, que tampoco es lo que le interesa a Uruguay, porque el Mercosur sigue siendo muy importante.
¿En qué está centrada la idea de flexibilización de Uruguay?
En un concepto de asimetrías, de decir “los países pequeños, como Paraguay y Uruguay, no podemos desarrollarnos con nuestro mercado interno”. Por lo tanto, reconozcamos que en las asimetrías también podemos estar hablando de la necesidad de buscar mercados para nuestra producción. Ese es un poco el concepto, con la idea de “déjenme negociar con algunos países”.
Es una postura muy parecida a lo que se manejaba en el gobierno anterior.
A mí no me tocó trabajar en un gobierno que no haya presentado una propuesta de flexibilización.
Pero hay matices en las posturas de cada gobierno.
Yo creo que la forma en la que se decide hacer, la publicidad que se le da y el tono sí tienen matices, claramente. Pero el objetivo siempre ha sido el mismo, porque se reconoce que Uruguay los mercados los necesita y si el Mercosur no está pronto para negociar conjuntamente a los ritmos que necesita Uruguay, nosotros no podemos esperar 25 años por cada acuerdo comercial. El énfasis público que se le decide dar creo que es diferente, el énfasis a la interna del Mercosur no creo que haya sido tan diferente tampoco.