El jueves pasado, el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) realizó el primer Desayuno de Coyuntura Económica y Política de 2026 y una exposición a cargo de su director ejecutivo gravitó en torno a la idea del “costo de la inercia” frente a un “presupuesto frágil”. Este lunes, la diaria Radio recibió a Agustín Iturralde, quien ocupa ese cargo a la interna de la organización, con el objetivo de repasar la coyuntura política y económica que evalúa la institución.

Uno de los tres ejes que guiaron la ponencia de Iturralde fue el contexto internacional, marcado por la guerra en Irán. “Habíamos dicho que el presupuesto era frágil porque tenía una muy acotada reacción ante shocks adversos negativos. Ya venía complicada, pero creo que la guerra termina de asentar una realidad muy nítida: el panorama es bastante peor de lo que el presupuesto presupone”, condensó.

En sus palabras, el conflicto bélico dispara una serie de consecuencias, como un aumento en el precio de los alimentos, algo que puede beneficiar a Uruguay, “mucho menor” que las alzas de la energía. “También hay una perspectiva de tasas de interés mayores, que también va en contra de Uruguay; un aumento del precio de los fertilizantes, un mucho menor crecimiento global esperado y en particular de China, nuestro principal socio en bienes”, que crecerá un 4%, listó.

“Toda esta situación internacional termina de consolidar un escenario para el Uruguay adverso que complica aún más una programación financiera y fiscal que ya era compleja”, dijo.

“Nítidamente, la política comercial que la administración de Trump ha desplegado desde que llegó es contraria a los intereses de Uruguay”, afirmó sobre las decisiones que tomó el republicano, enmarcadas en un proceso de “retracción y mayor proteccionismo” acompasado por el hecho de que 2025 “fue el año de menor creación de empleo en una década, sin contar la pandemia” para Estados Unidos. Según Iturralde, existe una “mitología” de que al país le va bien durante las guerras, pero, en una perspectiva histórica, a Uruguay “le va bien cuando el mundo está en paz, crece y hay compradores potentes con economías dinámicas”.

Por otro lado, la “buena noticia” radica en el hecho de que la Unión Europea “probablemente aceleró el paso” de cerrar el acuerdo comercial con el Mercosur a raíz de lo anterior y, a su vez, se “refuerza la necesidad” del CPTTP al que el país prevé adherirse.

En ese contexto, admitió pronósticos equivocados sobre el dólar, puesto que, al principio, la política de Trump “estaba generando un debilitamiento importante”, pero, cuando empieza el conflicto, se reflejó el fenómeno financiero de ‘volar hacia la calidad’: “Cuando hay incertidumbre —hoy nadie sabe si el conflicto termina esta tarde con la aparente tregua que están negociando Irán y Estados Unidos o si vamos a tener ocho meses de guerra (...)—, el mercado y los activos, que tienen su cobardía, buscan activos seguros y el dólar sigue siendo un refugio”, acotó. En esa línea, la divisa norteamericana volvió a apreciarse.

El desfase en el presupuesto

Otro eje estuvo en la idea de que, ante ese contexto geopolítico, Uruguay no está correctamente preparado. Iturralde reiteró que la ley presupuestal tiene “muy baja capacidad de reacción ante shocks adversos” y con el transcurrir del tiempo “todos los agentes empezaron a ajustar a la baja sus proyecciones de crecimiento”: “El presupuesto asumía que íbamos a crecer 2,5% promedio en el quinquenio”, indicó, pero el dato adelantado del Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) antes de conocer las cifras oficiales para 2025 “habla de 1,8% en vez de 2,6%; quedamos 0,8% abajo en el 2025”, acotó. Al mismo tiempo, para 2026 proyecta 2,2%, pero el CED prevé 1,2% y “hay gente que está hablando de menos”.

“Entre el año 1 y el año 2 del quinquenio vamos a quedar debiendo casi dos puntos de crecimiento: 0,8% menos el primer año y 1% menos el segundo. Eso te implica que toda su programación financiera la empezás a correr para atrás”, condensó. Sobre las posibles medidas e instrumentos, dijo que “son muchos menos y peores” que respecto al primer año, ya que en ese periodo es cuando “los gobiernos tienen una capacidad de corregir fiscalmente con mucho mejor tolerancia de la sociedad”, ya que entiende que “es el momento de pensar hacia adelante, planificar, no quedarnos cortos, pedir un esfuerzo vía impuestos o vía gasto”, enumeró.

Respecto a los dichos de Oddone en diálogo con la diaria en la que anunció que hay una probabilidad “bastante elevada” de revisar a la baja el crecimiento previsto para 2026, dijo que es una “buena noticia” porque “habla de un ministro que está fuerte y realmente es el propietario de la política económica”. “Era una programación financiera bastante curiosa la de la ley de presupuesto”, ya que “venía toda por el lado de los ingresos” a través de las modificaciones impositivas que incluía, como el Impuesto Mínimo Complementario Doméstico, y “es un poquito aventurado jugarse a cuánto va a recaudar”.

“En nuestras cuentas, el desajuste de este año entre lo que está proyectado en el presupuesto y lo que va a suceder en la realidad es de 0,7 puntos del PIB; 500 millones de dólares. La reducción del gasto que permitiría volver a la senda que planteó el ministerio sería de 500 millones de dólares, no es algo menor”, acotó. Valoró que el nuevo gasto discrecional hacia becas estudiantiles, refuerzos al Bono Crianza para primera infancia y otros elementos “está bien orientado” y “hay que protegerlo”: “Lo que nos pasa con el presupuesto es que discutimos sobre el 1% y el 99% viene dado, viene con la inercia, nadie lo toca y nadie hace un cuestionamiento de todos los programas de si efectivamente tienen una rentabilidad económica”, advirtió.

Finalmente, el tercer y último eje en su discurso se vinculó a la situación regional: “Ya no va a alcanzar con ser estables, constitucionalistas, ser un país tranquilo y moderado”, puesto que, aunque es “fundamental”, hay “vecinos haciendo deberes” y “va a tener que llegar la hora de entrar en una cosa más reformista porque el mundo es cada vez más competitivo, estamos lejos de los grandes mercados y, como no vamos a bajar salarios y en algunas cosas vamos a seguir siendo caros, tenemos que hacer un esfuerzo en las otras en las que sí podemos ponernos más competitivos”, definió.

Las variables en 2025 y las medidas que anunció el Poder Ejecutivo

Para Iturralde, las variables económicas —el empleo, la actividad y la recaudación—

En 2025 hablan de “un año que va de más a menos”. Así, dijo que comenzó con “bastante dinamismo”, pero el empleo dejó de crecer en agosto, aunque es “inobjetable” que fue de creación de empleo. Además, la economía “se fue frenando” y en los últimos dos trimestres “entró en recesión técnica”.

Simultáneamente, el Poder Ejecutivo anunció un proyecto de ley integral para estimular el empleo. El economista dijo que el monto proyectado, unos diez millones, “habla bastante del orden de magnitud de la propuesta” y “está bien”, pero “no es algo que vaya al fondo de los problemas de empleo que tenemos”, aunque puede “abordar algún sector específico”. En suma, opinó que este tipo de decisiones tiene “impactos acotados” que “no mueven las tasas de empleo”.

También hubo medidas inmediatas de competitividad e innovación mientras avanza un proyecto de ley en el mismo sentido y, consultado al respecto, dijo que “sin duda” suma y las medidas están “muy bien orientadas”. Aseveró que las medidas “no tienen un orden de magnitud de mover la tasa de crecimiento ni la inversión, pero ni que hablar que bienvenidas, están bien orientadas y son parte de ese desempapelamiento del que hablaba el ministerio”.