A pocos días de que se conozcan los datos de crecimiento de la economía en el último año, las señales no son auspiciosas, y el gobierno está evaluando qué hacer en este escenario, que se suma a un contexto internacional complejo. El ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, dijo en entrevista con la diaria que no descartan ninguna medida de cara a la próxima Rendición de Cuentas. Acota que “no necesariamente” tendrá que haber “un recorte generalizado” del gasto, “pero sí asumir que hay algunos compromisos que tenemos que diferir”. Ratificó que está “absolutamente en contra” de gravar al 1% más rico por una razón de “inconveniencia por la oportunidad”, y señaló que el proyecto que impulsa el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) para notificar con antelación los despidos es “inconveniente”.
La encuesta de expectativas del Banco Central y el índice mensual de actividad económica (IMAE) están proyectando un crecimiento económico menor al previsto. En vista de esto y del contexto internacional, ¿el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) va a revisar la proyección de crecimiento para este año?
Sí, efectivamente. Estamos esperando que salga el resultado de cuentas nacionales, que va a salir la semana que viene, y en función de eso, y con las estimaciones más consistentes de los efectos de arrastre para el año que viene y a partir de las circunstancias internacionales, vamos a estar evaluando la ratificación o la rectificación del crecimiento.
Está claro que las cifras se van a conocer la semana que viene, pero en función de los indicadores del tercer y cuarto trimestre del año pasado, ¿dirías que es probable que se revise esa proyección?
Sí, yo diría que tenemos un dato del IMAE que da un crecimiento interanual promedio del orden del 1,8% probablemente, y ese va a ser el número que va a dar, que es una cifra que está lejos del crecimiento que habíamos estimado para 2025, de 2,6%. Hay algunos eventos puntuales como el tema de la boya petrolera, de las paradas de las plantas de celulosa, pero en cualquier caso son eventos que no explican esa variación tan inferior a la que tenemos estimada. Así que hay una probabilidad bastante elevada de que revisemos a la baja el crecimiento previsto para 2026, entre otras cosas, porque para poder crecer a niveles similares a los que tenemos previstos, deberíamos tener un crecimiento punta a punta que esté cercano al 4%, lo cual en este escenario de arranque 2026 lo vemos como poco probable. Todas esas son las cosas que tenemos sobre la mesa y que estamos evaluando para poder trazar una revisión incluso de otras variables, como las metas fiscales.
¿Qué otros factores incidieron en que el crecimiento fuera menor al esperado?
Queremos terminar de ver los datos para ver cómo se descompone en cuentas nacionales la explicación del desempeño del último trimestre, pero yo creo que a lo que estamos asistiendo es a una desaceleración que ocurrió en toda la región. Si mirás la tasa de crecimiento de Argentina, de Brasil, de Chile e incluso de Paraguay, se registra en el segundo semestre del año pasado, en particular en el último trimestre, una desaceleración importante de las economías. Eso tiene que ver con un efecto asociado a la incertidumbre internacional y al flujo de inversiones, y en particular en Uruguay, a algunos elementos más específicos: la sensación de parte de los tomadores de decisiones de inversión de que hay algunos aspectos que generan incertidumbre del escenario internacional o algunos aspectos, como, por ejemplo, si hay cambios tributarios adicionales por venir, que creo que jugaron un rol.
La economía no entra en fase de contracción, pero probablemente entre en una fase de menor crecimiento. De hecho, si se ratifica en las cuentas nacionales lo que fue reportado en el IMAE en diciembre, estaríamos en un escenario de recesión; dos trimestres consecutivos de no crecimiento es un escenario que no es de crisis ni mucho menos, pero es un escenario que hay que vigilar con cuidado.
Mencionaste la posibilidad de reajustar otras metas como la fiscal, ¿se va a tener que prever un déficit fiscal más elevado?
Eso es parte de lo que estamos estudiando. Nosotros tenemos la Rendición de Cuentas en junio; ese es el momento en el que vamos a hacer una actualización de toda la mirada fiscal. Pero con un escenario de menor crecimiento en 2025 y un escenario de menor crecimiento en 2026, seguramente vamos a tener que introducir algunas iniciativas de tipo fiscal con el propósito de controlar que el resultado fiscal no se vaya de lo que tenemos previsto. Nosotros tenemos una regla fiscal que define una meta en materia de nivel de deuda, pero que sobre todo tiene dos resultados que son muy relevantes, el resultado fiscal estructural y el tope de endeudamiento, que son las dos variables que tenemos que mirar con cuidado en las próximas semanas.
¿En la Rendición de Cuentas puede haber algún tipo de medida de recorte de gasto?
En este momento, con la información que tenemos, no podemos descartar ninguna medida. Hay que tener una mirada cuidadosa, pero podría ser necesario. No necesariamente un recorte generalizado, pero sí asumir que hay algunos compromisos que tenemos que diferir.
¿Esta situación puede llegar a afectar los compromisos en materia de políticas sociales?
Eso es muy importante. Los compromisos que tienen que ver con metas de política social y en particular con temas de infancia y otros compromisos que fueron asumidos serán variables que va a haber que proteger a como dé lugar, en cuyo caso los efectos serán sobre otras áreas.
Competitividad y tributos
¿Cuáles van a ser las claves del proyecto de competitividad e innovación que el Poder Ejecutivo remitirá al Parlamento en mayo?
El diagnóstico es que tenemos un problema de competitividad, no lo podemos resolver con la gestión macroeconómica. La gestión macroeconómica ya ha dado todo lo que podía para generar condiciones de competitividad, el tipo de cambio no va a ser lo que me va a devolver la competitividad, porque es imposible hacerlo y porque no es conveniente hacerlo. Tratar de usar el tipo de cambio como herramienta de competitividad supone comprometer la inflación y, por lo tanto, comprometer el poder adquisitivo. Con ese diagnóstico, la reforma tiene que ir por el lado micro.
El capítulo micro tiene reformas que tienen que involucrar al sector logístico, al energético y al laboral, pero eso no es lo que hoy estamos acometiendo; lo que estamos acometiendo es una reforma que básicamente está orientada a reducir los incentivos que la política pública realiza de manera inadecuada para volvernos caros. Eso tiene que ver con cuatro capítulos: comercio exterior, temas vinculados con la innovación, temas vinculados con los trámites que se realizan y el fomento de la competencia.
Primero, tenemos que fortalecer las capacidades de la Comisión de Defensa de la Competencia, precisamos que sea más proactiva para promover y vigilar que los mercados formen sus precios de manera transparente. Hoy la Comisión de Defensa de la Competencia es un organismo desconcentrado del MEF. Una de las cosas que tenemos que evaluar es si va a seguir siéndolo o va a tener un grado de autonomía mayor. De hecho, el objetivo podría ser –lo estamos evaluando– un tribunal de defensa de la competencia, que lo que hace es fallar de forma inapelable. Además, hoy la comisión, por las herramientas y las capacidades que tiene, más bien actúa de manera reactiva. Ante una denuncia puede actuar, pero no lo hace de manera proactiva indagando de forma sistemática mercados donde podrían estar teniendo lugar comportamientos colusivos. Lo que queremos es dotar a esa comisión, ya sea porque estamos yendo en un camino progresivo hacia un tribunal, o simplemente fortaleciéndola, de más capacidades para poder contratar expertos, darle más herramientas.
Segundo, precisamos reducir un conjunto de incentivos que la gestión pública tiene hoy para definir políticas sanitarias o políticas de protección del ambiente que tienen efectos colaterales sobre el nivel de precios. Por ejemplo, las regulaciones que terminan fomentando la existencia de un distribuidor exclusivo. Pero también hay una serie de trámites que son redundantes, que terminan encareciendo porque ocupan tiempo, porque suponen papeleo y porque incluso le restan foco a las instituciones de contralor que están controlando ese papeleo en lugar de estar controlando las cuestiones sustantivas. Ese es el espíritu de la reforma.
Este miércoles en un almuerzo de ADM, desde la Cámara de Industrias reclamaron revisar los monopolios públicos para fomentar la competencia.
No soy de los que cree que los monopolios públicos sean un problema. En primer lugar, no les tengo temor a los monopolios siempre y cuando tengan una adecuada regulación. Hay oportunidades para introducir más competencia en algunos servicios públicos, es posible, pero no es el punto central. El punto central es generarles a las empresas públicas un marco de funcionamiento que les permita perseguir sus objetivos específicos siguiendo los lineamientos de la política económica, haciendo que la relación entre el Poder Ejecutivo y la empresa sea más transparente.
En algún sentido, lo que el otro día Alejandro [Sánchez] ponía sobre la mesa respecto de la apertura del capital accionario de las empresas públicas va en esta dirección. El razonamiento de Alejandro va por el lado de la necesidad de que los uruguayos tengan más opciones para colocar su dinero en activos que son seguros, para darles más oportunidad de inversión y que no tengan que intentar ahorrar en el exterior o con instrumentos que en Uruguay han presentado dificultades. Pero ese cambio, que es un cambio de cómo se conforma el capital accionario de esas empresas, supone necesariamente cambios en la regulación, en la gobernanza de las empresas públicas. Acá hay dos mecanismos: o busco deuda (que ya lo hacen las empresas públicas, van al mercado y emiten algún tipo de instrumento) o busco capital. En el medio hay infinidad de instrumentos en los cuales uno puede ir aproximándose a la apertura del capital, de una parte menor, pequeña, en ningún caso habilitante a que pueda haber accionistas que controlen la empresa. Le va a permitir a la empresa organizarse, gestionar de una manera diferente, y le va a permitir una relación con su accionista principal, que es el Estado, más eficaz. Ahí tenemos que trabajar, porque no solo es importante para la empresa en sí, lo es para el mercado de valores. Nuestro sistema financiero tiene enormes oportunidades de mejorar su capacidad de contribución a la economía uruguaya. Los bancos prestan insuficientemente y gestionan mucho dinero que colocan en el exterior. Y mucho de ese dinero se coloca en economías occidentales que se han vuelto mucho más inestables que la uruguaya. Entonces, la percepción del riesgo de que yo coloco la plata fuera y con eso estoy más asegurado, en el mundo actual en el que vivimos, no se ajusta a la realidad. Debemos desarrollar un mercado de valores que les permita a los ciudadanos poder canalizar mejor sus ahorros, con más opciones, con más instrumentos.
La propuesta de Sánchez generó reparos a nivel sindical, ¿cómo ves estas reacciones?
Es muy interesante el consenso que hay en Uruguay de que tenemos que cambiar cosas. Y es muy interesante ver cómo cada vez que aparecés con una propuesta [te dicen]: “Todo bien, pero justo esto no”. Yo eso lo enfrento todos los días, en cambios regulatorios, en cambios de competitividad. Acá el país vive de una manera confortable, en promedio, con acceso a una prosperidad que hace 25 años no teníamos, al tiempo que mantiene un 17% de la población en situación de pobreza, concentrada en la niñez. Yo extendería eso a casi una tercera parte: hay un millón de personas en Uruguay que está en una situación vulnerable. Ese es el objeto central de políticas de un gobierno de izquierda. Ahora, si no hacemos nada, si las relaciones laborales, la política energética, el mundo de la logística, el mercado de valores no se pueden tocar porque hay intereses que siempre aparecen o posturas ideológicas diciendo que esto no se puede hacer, ¿a dónde vamos? A un crecimiento del 1% anual como hemos crecido en la última década. Si no hacemos reformas y no pensamos fuera de la caja, no vamos a crecer, vamos a converger al 1%. El punto es: ¿esta reforma es la crucial? No. Ponele que esta no la hacemos porque genera mucha rispidez. Pero voy al mercado laboral y tampoco se puede tocar nada. Voy a los temas de regulación y tampoco los podés tocar. Tenemos que pensar distinto, si no, lo que tenemos es esto: una economía mediocre que no abre la suficiente cantidad de oportunidades y que no genera los recursos para atender a la población más vulnerable, y eso es una bomba de tiempo, y sobre todo es muy injusto.
Ya explicaste por qué estás en contra de aplicar el impuesto al 1% a los más ricos en este momento, pero hay sectores de la izquierda que no están conformes con esa respuesta.
Mirá, en primer lugar, ¿cuál es la razón por la que yo me posiciono así? Creo que es un tema de inconveniencia por la oportunidad y por la posibilidad de que esto efectivamente lo podamos desarrollar. Esa es la razón principal. Si vos me decís a mí si filosóficamente estoy de acuerdo en gravar a las personas que tienen más recursos, estoy absolutamente de acuerdo. Tan es así que los cambios tributarios que hicimos se dirigieron a gravar a las compañías multinacionales que facturan más de 750 millones de euros por año y a introducir impuestos sobre los incrementos patrimoniales que estaban exentos. Nosotros avanzamos precisamente en dos reformas dirigidas a gravar a las compañías y a las personas de más ingresos.
¿Quedaron un poco opacadas esas reformas por este otro tipo de propuestas?
Quedaron opacadas porque no le corresponde al MEF camisetear con eso. Yo no voy a camisetear con los impuestos que puse. Eso es a nivel político, que tiene que ser consciente de lo que se hizo, de lo desafiante, de lo innovador que es lo que se hizo. Uruguay es el segundo país de América Latina después de Brasil que introduce un impuesto a las corporaciones multinacionales, siguiendo las reglas de la OCDE [Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos]. Es la primera vez después de la reforma tributaria que estamos gravando los incrementos patrimoniales de rentas del exterior. Los gobiernos del Frente Amplio [FA] que hicieron la reforma y que gobernaron en 2010 y 2015 ni tocaron el tema; se discutió, pero decidieron no hacerlo. Nosotros lo hicimos. Por razones tácticas y por razones de lo que le corresponde hacer al MEF, no salimos a gritar el gol. Porque entre otras cosas, estoy gravando. Y estas cosas desde el Ministerio no se festejan. Pero lo hicimos. El tema es que, por ejemplo, al electorado de izquierda, haber camiseteado más con los cambios tributarios le podía haber dado cierta ilusión.
Entonces, si vos me preguntas a mí, si yo tuviera un marco global donde hubiera un consenso global que hubiera definido implementar gravámenes sobre la renta personal de este tipo, como el que están proponiendo [el 1%], y yo tuviera la certeza de que si avanzo tengo poca probabilidad de fuga, estaría dispuesto a considerarlo. Pero eso no existe.
Pero la fuga en este tipo de tributos siempre existe. Los economistas que están proponiendo la medida incluso la cuantifican.
Yo creo que está mal. Dejame que te lo diga así. Yo conozco el mundo de los negocios. Vengo del mundo de los negocios. Conozco el animal spirit [refiere a las emociones y factores psicológicos irracionales que impulsan las decisiones económicas] que hay ahí. Los compañeros que han hecho eso, me atrevo a decir, conocen bastante menos que yo cómo es la función de reacción de esta gente. Entonces, nosotros acabamos de hacer dos modificaciones tributarias, en particular la de los incrementos patrimoniales, que son importantes por lo que van a recaudar e importantes por cómo afectan. Yo me reuní con muchas de esas personas y los he visto reaccionar. Avanzar en eso es perderlos en un porcentaje superlativamente alto. Algunas de esas personas, no todas, pero varias residen en Uruguay, toman decisiones de negocios y derraman sobre Uruguay. Yo no los puedo perder. Yo no me puedo arriesgar a que un estudio econométrico o un estudio en base comparada diga que no los voy a perder y que cuando lo haga, los pierda. Si yo hago eso, tengo un enorme problema fiscal. Nos vamos a meter en una trampa como la que algunos países con impuestos sobre las ganancias tienen, acá enfrente. Entonces, nosotros tenemos la convicción de que lo hecho en la ley presupuestal es lo suficientemente ambicioso como para que ahora tengamos los recursos y tengamos que trabajar en consolidar eso.
Una idea de este tipo [la del 1%] es razonable. Hay que discutirla más, hay que conversarla más. Entiendo el eje, me parece absolutamente legítimo que haya un movimiento sindical que lo plantee, que haya movimientos en la sociedad civil que lo planteen y que haya colegas que lo defienden. Pero desde el punto de vista de la racionalidad de la política, te digo que mi decisión, absolutamente firme, es que por un tema de incertidumbre tributaria me he comprometido a que no va a haber modificaciones tributarias adicionales en este gobierno, salvo que una circunstancia sobreviniente que yo hoy no controlo, que sea exógena, me obligue a hacerlo. Si yo no transmito eso, lo único que estoy generando es, en ese grupo de personas, la sensación de que me van a cobrar más impuestos, y por tanto me retraigo.
¿Estás percibiendo ya esas señales?
Percibo eso, o sea, percibo precaución. El sector privado uruguayo está precavido por el escenario internacional, por el escenario regional y porque a veces nosotros mismos creo que nos generamos problemas innecesarios. Lo del 1% creo que es algo que está muy bien discutirlo, pero hay que ser muy claro... Si acá existe la percepción de que esto puede ser una posibilidad, ah, yo creo que en este escenario económico y fiscal tenemos un problema. Entonces creo que es un error, y por eso estoy absolutamente en contra.
¿Qué pensás del proyecto que está impulsando el MTSS para notificar con antelación los despidos?
Creo que cuando vos ponés un mecanismo de restricción a la salida, ponés un mecanismo de restricción a la entrada. Y por lo tanto creo que es una idea inconveniente. No he tenido oportunidad de discutirlo porque no hemos discutido el proyecto de ley en el Poder Ejecutivo; el presidente, cuando lo entienda conveniente, nos convocará. En mi opinión, así como lo conozco, es inconveniente y no es oportuno. Yo simplemente lo he mirado de lejos, no he estudiado el tema a fondo, tal vez me siento a estudiar el tema y estoy equivocado, pero a priori el olfato me dice que no es una herramienta ni siquiera para resolver el problema que pretende resolver, porque de hecho, si vos te fijás, alguna de las operaciones que han sido reducidas en Uruguay han hecho preavisos.
La aprobación del gobierno
En los últimos días se difundieron encuestas sobre la aprobación del gobierno que muestran un crecimiento de la desaprobación, ¿por qué te parece que sucede esto?
Me cuesta [analizarlo], soy parte del problema, digamos, y por lo tanto mi mirada no es objetiva. Hoy, en la opinión pública global y en particular en Uruguay, la satisfacción o la insatisfacción se mide en cosas mucho más dispersas y a veces mucho más difíciles de mensurar. Yo lo miro desde el punto de vista económico: la economía creció el año pasado a una tasa de 1,8% o 2%, pero creció. Se generó una cantidad importante de puestos de trabajo. Los cotizantes al BPS [Banco de Previsión Social] crecieron; son empleos formales, de calidad. El salario real creció. La inflación está en su nivel más bajo. El tipo de cambio se apreció, que habitualmente para un país dolarizado y abierto supone que los ingresos en dólares crecieron, y, sin embargo, la confianza del consumidor está en un nivel de media de desconfianza. ¿Qué está pasando ahí? Seguramente, hay un conjunto de cosas que no eran las que tradicionalmente mirábamos (para determinar) que si esto estaba bien, estaba bajo control. Hoy no son suficientes. La gente tiene otras motivaciones, otras demandas que están mucho más fragmentadas, que son mucho más dispersas.
También creo que podía haber una creencia.... Yamandú [Orsi] habló todo el tiempo de la revolución de las cosas simples, entre otros aspectos, porque había muchos factores que eran de ruptura con lo que se venía haciendo, pero también de continuidad. Y tengo la impresión de que había una sensación de que había una suerte de 2005. Pero en 2005 había una economía totalmente distinta a la de hoy. Veníamos de una profunda crisis y acá no había un 2005. Ni siquiera el mandato que el gobierno recibió fue de hacer transformaciones que movieran las raíces de los árboles, aunque sí creemos que estamos haciendo cosas importantes.
Creo que es una combinación de cosas... Después podemos atribuirlo a los temas comunicacionales. Venimos de un período con un presidente con unas características muy particulares, muy omnipresente y muy avasallante en su presencia. Yamandú no es eso ni va a ser eso. Este no va a ser un gobierno estridente. Creo que el gobierno anterior era un gobierno que tenía características de estridencia. Y en el mundo, si yo miro los liderazgos globales hoy, los que son populares en la economía en el mundo occidental son liderazgos estridentes. Son liderazgos en los que la gente cree que ahí hay alguien que está haciendo un conjunto de cosas disruptivas y refundacionales que realmente van a mover a la sociedad hacia un lugar mucho más próspero y feliz. Cerramos los ojos y vemos cuatro o cinco de ellos, y los que no son estridentes no logran capturar el entusiasmo de la gente. Es una realidad que me preocupa, porque el mundo occidental en los últimos 70 años construyó el período de mayor prosperidad y paz y de reducción de la desigualdad global, con democracias en Occidente consolidadas, con rotaciones en los gobiernos, con libertades públicas, con conquistas de libertades enormes de los colectivos que eran minoritarios. Y eso hoy está en riesgo. Está en riesgo porque algunos de esos liderazgos refundacionales van a dinamitar algunas de esas cosas.
No hay ninguno de nosotros que esté vivo que conozca ese mundo previo de hace 70 años. Pero era un mundo catastrófico. Los liderazgos mesiánicos que creen en la imposición antes que en la negociación, que creen en las verdades reveladas y que etiquetan de manera sencilla condujeron al mundo a diversos problemas. Entonces, en este estado de desarrollo de las fuerzas productivas, es mucho más importante consolidar lo que logramos, porque está severamente amenazado de retroceder, que pensar cómo hago 20 cosas nuevas. Y eso no ilusiona. Lo que hemos construido está amenazado y hoy mi principal punto es defenderlo, y sobre todo concentrarme en las personas más desfavorecidas.
Hay un porcentaje importante de los frenteamplistas que no están ilusionados con el gobierno, ¿se puede hacer más para revertir esa situación?
Sí, absolutamente sí, se puede hacer más. Hoy [por el miércoles] estuve trabajando con [el presidente del FA] Fernando Pereira para que el MEF contribuya a explicar y a recibir comentarios y críticas. Creo que ahí tenemos mucho que hacer todos, todo el equipo de gobierno, para poder explicar mejor y sobre todo ser receptivos a los factores que llevan a esa suerte de desencanto.
Puede haber siempre disconformidad, pero ¿qué cosas de las que se prometieron no se están cumpliendo? Tengo la impresión, de haber visto los informes que el área de evaluación está entregando y de lo que observo, de que no hay un enorme cumplimiento. ¿El presupuesto fue muy desmotivante porque en realidad tuvimos que hacer una consolidación fiscal? Bueno, sí, muchos de nosotros advertimos que no había recursos para hacer maravillas sin saber que la herencia que íbamos a tener era más dura de lo que previmos. Esa es una de las cosas que tenemos que aprender también, transmitir que no basta con que estemos nosotros para que las calles sean en bajada, eso no es así. Y yo creo que eso puede haber contribuido a un exceso de expectativas, sobre todo del electorado frentista. Al final del día, la evaluación importante va a ser dentro de cinco años.
Si estuvieras en 2006 y fueras el ministro de Economía de aquel primer gobierno del FA y pudieras compararlo con tu posición actual, ¿qué aspectos serían mejores hoy y, en cambio, por qué razones te encantaría ser aquel ministro de 2006?
Este es un país mucho más sólido, mucho más potente, mucho más justo y menos desigual de lo que era a principios del siglo XXI. 2006 era la salida de la crisis y, por lo tanto, si uno mira el nivel del PIB per cápita, los propios indicadores de pobreza, los indicadores de desigualdad, el nivel de inversión, todo eso es hoy infinitamente mejor. Eso es algo que en aquel momento no tenía y que hoy me alegro de tener, pero al mismo tiempo eso genera algo que me gustaría tener de aquella etapa. En aquella etapa había una suerte de esperanza y de compromiso con la situación del gobierno, que era la ilusión por el primer gobierno del FA; sobre todo se venía de un fracaso estrepitoso desde el punto de vista económico y entonces todo lo que tenías por delante iba a ser mejor que lo que había quedado en el pasado, y eso generaba algo muy importante en una economía de mercado, y muy importante en cualquier proyecto de vida: la ilusión y la sensación de que todo va a ser mejor. Esa situación hoy no está planteada, primero porque el punto de partida es mucho más alto, y por ello trazar metas muy ambiciosas es mucho más difícil. De hecho, esas son cosas que me parece que envidio de aquel momento: una suerte de buena energía. Hoy no digo que haya mala energía, pero lo que hay es una mirada mucho más rigurosa, exigente y a veces de difícil comprensión de que mover una economía de este tamaño requiere mucho trabajo, mucha inversión y mucho esfuerzo de las personas.
“Me encanta lo que hago, me siento útil, me siento pleno”
Oddone cuenta que a veces pasa diez u 11 horas en el Ministerio, y que cuando sale y camina por el pasillo, piensa: “Nunca en mi vida fui tan feliz en mi trabajo”. “Yo no me iba así de CPA [Ferrere]”, recuerda. “Me encanta lo que hago. Me siento útil, me siento pleno, tengo un equipo de trabajo espectacular, infinitamente mejor de lo que yo pensé, de gente joven, me siento protagonista de la agenda de Uruguay”, afirma. Dice que está donde quiere estar. Pero proyecta que esto termine en 2029: “Tengo una chacra, me pienso ir a vivir a Maldonado. Y ahí termina la historia. Ese es mi plan”.
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