A la altura de la plaza de los Bomberos, un niño cuestiona el ruido de los árboles y los drones. Tiene razón. Es casi lo único que rompe el silencio: el viento frío que trae una lluvia que amenaza mueve las hojas de otoño, los drones que sobrevuelan de un lado a otro y los quejidos de otros niños. Parece que no viviera nadie sobre la avenida principal de la capital. Que no trabajara nadie. Que no estuviera pasando nada. Y, sin embargo, desde hace 30 años y como cada 20 de mayo, pasa. De nuevo, miles de personas marcharon “contra la impunidad de ayer y hoy”.
Los ocho nombres que incorporó la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo a la lista de detenidos desaparecidos durante el período de terrorismo de Estado se sumaron al resto, en orden alfabético. Pero una cifra se repite en los carteles que acompañan la marcha. Es que desde la semana pasada ya no son 197 los uruguayos desaparecidos, sino 205, por ahora. “Hay 81 denuncias más que están en investigación, en la medida en que los perpetradores, o sea las Fuerzas Armadas, no colaboran, no brindan las cifras, no brindan los nombres... vamos avanzando como podemos y vamos a ir incorporando nombres a medida que vamos corroborando que realmente están desaparecidos”, dice Ignacio Errandonea, referente de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos a la diaria. “La institución militar sigue ocultando la verdad; mientras eso suceda y el gobierno no haga nada para romper ese silencio, bueno, vamos a ir avanzando muy lentamente”, agrega.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
El hombre que llevaba el cartel de Aldeber Elgart –uno de los ocho– no pudo sostener su emoción a la altura de la Universidad de la República (Udelar). “El himno no me emociona tanto como el silencio”, dijo. En la explanada de la Udelar, un rato antes, el Grupo de Investigación en Antropología Forense inauguró una muestra por los 20 años de su búsqueda. Son imágenes de su trabajo y sus hallazgos: huesos. Una de las fotos es de una camisa extendida, rota y roñosa de tierra, junto a unas medias en igual condición. Como en la crónica El rastro en los huesos, de Leila Guerriero, donde la estudiante de antropología Patricia Bernardi le cuenta: “Cuando empezaron a aparecer los restos, la ropa se me enganchaba en el pincel y yo preguntaba: ‘¿Qué hago con la ropa?’”.
Había decenas de personas reunidas en la Plaza a los Desaparecidos en América, en la intersección de las calles Rivera y Jackson, el punto de encuentro de la 31ª Marcha del Silencio, a 50 años del aniversario de los asesinatos en Buenos Aires de Rosario Barredo, Héctor Gutiérrez Ruiz, Zelmar Michelini y William Whitelaw, y de la desaparición de Manuel Liberoff. A las 18.30, la columna de gente comenzó a confluir por Rivera hacia 18 de Julio. Adelante, las madres, como siempre –ahora en autos–. Como Alba González, madre de Rafael Lezama, secuestrado en 1977, y María Bellizzi, madre de Andrés Humberto Bellizzi Bellizzi, desaparecido en 1977, ambos en Argentina.
En 18 de Julio la gente desborda las aceras por cuadras y cuadras. Los años marchando superan la edad de muchos por los que se marcha. Son buscados desde hace varias décadas, más que las que vivieron. Aunque ya “peina canas”, como un director de orquesta, Errandonea marca el ritmo. Con sus manos pausa y hace avanzar. En esa primera marcha “estaba en el montón ahí”, recuerda en diálogo con la diaria. “En aquel momento, después de tantos años de silencio, de tanto que no se hablaba, poder haber salido nos dio una fuerza para seguirla”, dice.
Foto: Inés Guimaraens
“Yo pasé un buen tiempo sin ir a las marchas. Incluso empecé a ir y después dejé de ir”, reconoce a la diaria Nilo Patiño, integrante de Familiares. “Había momentos de silencio que me pegaban mal, la verdad que me pegaban mal. Y uno conserva determinadas imágenes; a pesar del tiempo, las conserva demasiado frescas”, explica, y aclara que iba “a andar con cuidado, porque me remueven”.
En la crónica de 2024, Patiño le dijo a la diaria que “sería muy bueno” que en el marco de la campaña electoral “todos los partidos políticos se involucren” con el pedido de Madres y Familiares. En 2025 –cuando la consigna de la marcha retomó el lema “Sabremos cumplir” de la campaña de Yamandú Orsi–, esperaba que el recientemente asumido Poder Ejecutivo tuviera una “actitud proactiva”. Ahora piensa que el período de esta administración “es clave”. “Es el momento de que, de una buena vez por todas, se le hinque el diente a dar la información, a encontrar los desaparecidos”, afirma.
“Vos ves gente con empatía y todo lo demás, pero cuando llegan a jerarcas, después les resbalan las cosas. No es una cosa personal, el problema son las instituciones”, dice Patiño, para quien tanto el Ministerio de Defensa Nacional como el Ministerio del Interior (MI) “tienen enquistada la impunidad”.
Foto: Rodrigo Viera Amaral
“Al gobierno: coraje; al pueblo, unido”, rezaba uno de los cárteles entre la multitud. En la previa de la marcha, casi como una provocación, el comandante en jefe del Ejército, Mario Stevenazzi, aclaró que “el Ejército no esconde nada”. “Y nuestros desaparecidos que aparecieron en el Batallón 14, ¿quién los ocultó? ¿Fue el pueblo o fueron las Fuerzas Armadas? Los archivos que produjeron ellos, que no aparecen, ¿quién los oculta?”, le respondió Errandonea. Patiño advierte que “es lo que dicen siempre”. “Eso es falso”, asevera. “La negativa del Ejército no nos llama la atención porque siempre ha sido así, y además porque jamás demostraron un arrepentimiento en nada. Si esperamos de las propias fuerzas, de la institución militar... tenemos 50 años en eso, nunca han mostrado una actitud de facilitar nada”, agrega.
“Nuestros familiares hoy están desaparecidos. No es un hecho de hace 50 años: hoy estamos buscando a nuestros familiares y él como comandante en jefe es responsable de nuestros familiares desaparecidos, entonces que no se haga la víctima”, dice Errandonea.
Durante el recorrido de la marcha se pudo ver, entre otros referentes políticos, a la vicepresidenta, Carolina Cosse –que aguardó en la explanada de la Intendencia de Montevideo (IM)–; a los intendentes de Montevideo y Canelones, Mario Bergara y Francisco Legnani; a la subsecretaria del MI, Gabriela Valverde; y al dirigente frenteamplista e hijo de Zelmar Michelini, Rafael Michelini, que llegó a la marcha acompañado por el secretario de Estado de Memoria Democrática de España, Fernando Martínez López.
Foto: Inés Guimaraens
Los integrantes de la denominada Juventud Interpartidaria –Gonzalo Gómez y Pilar Simon, del Partido Nacional; Emma Wilkins y Gastón Castillo, del Frente Amplio; Luana Ortega, del Partido Independiente, y Fabrizio Pucciarelli, del Partido Colorado– marcharon juntos en esta edición. “Hay causas que nosotros creemos que van por encima de lo que tiene que ver con los partidos políticos; hay causas que ya tienen que ver con lo generacional. Y nosotros como juventud política nos paramos y decimos: ‘Mirá, la verdad es que es tiempo de que Uruguay cicatrice las heridas, es tiempo de que el último desaparecido aparezca para cerrar esta herida’”, dijo Pucciarelli a la diaria.
Hubo otras primeras veces. En la Biblioteca Nacional, una tela amarilla con una margarita en negro recordaba que el Club Atlético Peñarol adhirió por primera vez a la marcha.
Como siempre, en la explanada de la IM se rompió el silencio. Por los parlantes dispuestos en la avenida comenzaron a escucharse los nombres de los 205. Sus imágenes pasaban en la pantalla del IMPO y el “¡presente!” retumbó hasta el final de la marcha, en la plaza Libertad.
