“Lasagna artesanal de cerdo braseado a la cerveza negra con tomates confitados y cebollas caramelizadas” fue el plato principal del tradicional almuerzo de la Asociación de Dirigentes de Marketing del Uruguay, que el jueves al mediodía se realizó en el salón de eventos del hotel Radisson. El tema de debate era “el camino de Uruguay en la turbulencia internacional”, aunque en los discursos se coló un poco de todo. Los oradores fueron dos expresidentes: el colorado Julio María Sanguinetti y el nacionalista Luis Alberto Lacalle Herrera (también estaba invitado el excanciller y expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo Enrique Iglesias, pero faltó con aviso, por un inconveniente de salud).
Lacalle Herrera dio el puntapié inicial. Preguntó a los presentes si “el sombrío panorama” internacional “no será una buena oportunidad para hacer autocrítica y ver si estamos realmente en las mejores condiciones” para encarar los desafíos. Adelantó que él piensa que no, y sostuvo que, “por encima de lo que son partidos políticos, gobierno, oposición”, etcétera, “hay algunos temas que son de primera necesidad en cuanto a su solución”. “Voy a comenzar por algo que seguramente ustedes experimentan, como experimentamos todos, pero que no lo medimos exactamente. Yo le llamo un déficit democrático del poder”, dijo.
El expresidente blanco explicó que tenemos Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, “regulado por la Constitución y muchísimas leyes y decretos”, así como los partidos políticos también están reglamentados en su proceso electoral, en el ejercicio de sus autoridades, en sus finanzas, etcétera. “Ahora, hay un centro de poder en nuestro país, que es el poder sindical, que no tiene ninguna de esas reglamentaciones de democracia, y todos sabemos que las decisiones sindicales inciden, a veces, mucho más que los propios partidos en la vida económica y social del país”, sostuvo.
Por lo tanto, dijo que “es necesario que estas asociaciones, como las asociaciones de empresarios, tengan regulación democrática para que se sepa cuál es la legitimidad de los poderes que ejercen, cuáles son sus finanzas y cuál es su financiamiento, porque en eso tenemos un déficit democrático”.
Luego, Lacalle Herrera dijo que Uruguay “quizá no va a encarar de nuevo el tema de las empresas públicas y su propiedad”, pero podemos preguntarnos si hoy “las empresas públicas pertenecen realmente a la comunidad y le dan a ella los servicios más baratos, más eficientes y gastan correctamente, o son verdaderamente autónomas, en el sentido de que no responden al interés nacional y tenemos gastos superfluos en muchas de ellas”. Después preguntó si “vamos a seguir ofreciendo el mismo panorama, el mismo gasto público exorbitante”.
Además, el expresidente insistió, como lo viene haciendo en cada una de sus exposiciones públicas en el último tiempo, en la ley de caducidad, porque “no se aplica correctamente”. “Tenemos una herida que se cultiva, que se reabre, a veces a propósito, y no es lo que queremos como punto final de todo aquel drama que vivimos”, finalizó.
Banderas en tu corazón
Más adelante, cuando en el evento ya se estaba sirviendo el postre (“pasión de chocolate con salsa de lima”), fue el momento para las preguntas del público. A Sanguinetti le consultaron por la crisis del gobierno español, y sobre todo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Contestó que la mira “con pesar”, como lo hace con la crisis “de todos los partidos”, y resaltó que su “querido amigo Felipe González” (expresidente español) dice que, por primera vez, hoy “no votaría a su propio partido”. Para el dirigente colorado, eso “quiere decir que el PSOE está en dificultades”.
Pero Sanguinetti subrayó que el Partido Popular también está en dificultades, no porque esté mal, sino porque “tiene a la derecha” a VOX, “que le ha salido con una fuerza muy grande, populista, y lo hackea, y no es la clásica derecha liberal conservadora, por definirla simplistamente, sino que hay un impulso reaccionario, que hoy en el mundo es muy fuerte”.
Luego, dijo que cuando ve los mítines en España, en los que hay “muchas mujeres con banderitas palestinas”, que también se ven “en otros lados”, se pregunta: “¿Pero estas señoras sabrán lo que están haciendo? ¿Sabrán la bandera que están enarbolando? Porque esa banderita palestina, que es la de Gaza, es del gobierno de Hamas”, agregó. En ese instante, hubo un gran acople en el micrófono de Sanguinetti, y el expresidente bromeó: “¿Vieron? Hablé de los palestinos, y se vino”. Agregó que quienes sostienen esa bandera están “respondiendo a eslóganes emocionales, que en el fondo son la expresión de prejuicios”.
Por último, Sanguinetti dijo que puede criticar “todo lo que se quiera al señor [Benjamin] Netanyahu” (primer ministro de Israel), y le critica “muchas cosas, como su repoblamiento de Cisjordania, por ejemplo”. “Pero estoy de este lado, porque jamás puedo estar del otro lado, del oscurantismo de una teocracia totalitaria como la de los ayatolás. Podré no estar con Estados Unidos o con el señor [Donald] Trump cuando se enfrenta a Irán, pero estoy de este lado, no del otro, porque los otros son los enemigos de nuestra civilización, los que siguen diciendo que Israel tiene que desaparecer”, finalizó.
