Los accidentes por mordeduras de perros constituyen un problema de salud pública en Uruguay y requieren políticas educativas sostenidas para prevenirlos. Así lo afirmó a la diaria Sebastián Fernández, director del Policlínico Escuela de la Facultad de Veterinaria del Cenur Litoral Norte, quien advirtió que “Salto registra cifras preocupantes, por encima de la media nacional”.
La discusión pública suele concentrarse en los ataques protagonizados por perros de gran porte, especialmente después de episodios graves que pueden terminar con personas heridas o fallecidas. Sin embargo, Fernández señaló que “estos casos no representan la mayoría de los accidentes”.
Según explicó, “Uruguay tiene cerca de 1.700.000 perros que conviven con las personas en los hogares. El Ministerio de Salud Pública registra entre 4.000 y 5.000 accidentes por mordeduras al año, aunque las cifras corresponden a los casos en los que las personas concurren a un prestador de salud”.
El veterinario sostuvo que “aproximadamente el 2% de los accidentes registrados involucra a perros considerados potencialmente peligrosos o que requieren un manejo especial. En cambio, más del 90% ocurre con el perro de la propia casa. Los principales accidentes en realidad no son con estos perros”, afirmó, al señalar que “la atención pública que generan los ataques graves puede desviar el análisis de las causas más frecuentes”.
Fernández indicó que “la franja etaria que registra más accidentes por mordeduras es la comprendida entre 0 y 14 años. Los niños y adolescentes más jóvenes pueden no reconocer las señales de comportamiento de un animal que indican que es necesario evitar el contacto”.
El especialista recordó que “los perros tienen comportamientos propios de su especie, entre ellos la defensa de los recursos, el territorio y el espacio. Estas conductas también pueden presentarse en los gatos”. Por eso, consideró “necesario comprender que los animales de compañía no dejan de tener comportamientos instintivos por vivir en un hogar. La convivencia requiere que las personas conozcan esas características y aprendan a relacionarse con ellos de manera adecuada”.
El director del policlínico veterinario advirtió que “los accidentes no siempre se limitan a las mordeduras. Un perro que sale a la calle sin control puede perseguir una moto y provocar una caída, o cruzar una vía de circulación y generar un siniestro”.
En ese sentido, sostuvo que “la responsabilidad de quienes tienen animales también implica evitar que estos accedan libremente a la vía pública. Si una vivienda no cuenta con un cerco perimetral adecuado, el perro puede salir y generar situaciones de riesgo para otras personas”, aseguró.
Salto registra unos 50 accidentes por mes
En el caso de Salto, Fernández afirmó que “se registran alrededor de 50 accidentes por mordeduras mensuales, una cifra que se encuentra preocupantemente por encima de la media nacional”.
Los datos corresponden a los casos que llegan a consulta en los prestadores de salud públicos y privados. Por lo tanto, “no incluyen necesariamente todos los episodios que ocurren en los hogares y que las personas resuelven sin acudir a un médico”.
El especialista señaló que el problema es motivo de preocupación para la Dirección Departamental de Salud y que se ha trabajado en conjunto con la Universidad y el Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA). No obstante, consideró que “todavía faltan recursos para desarrollar una política educativa de mayor alcance y continuidad”.
Fernández mencionó que, “en barrios de Salto como Ceibal, Salto Nuevo, Patulé y Quiroga, la proporción de hogares con al menos un animal de compañía llega al 88%. A nivel nacional, la cifra ronda el 67%, mientras que en el departamento alcanza aproximadamente el 71%”.
En algunas zonas, además, se observa una importante presencia de animales en la vía pública. El entrevistado mencionó recorridas recientes por Salto Nuevo, Minervini y Quiroga, en las inmediaciones de la escuela 120, donde se constató esa situación.
Para Fernández, “la principal respuesta al problema debe centrarse en la educación sobre tenencia responsable y convivencia con los animales. Lo que más nos preocupa es que no estamos trabajando como sociedad y no hay una política pública clara de educación en estos temas”, expresó.
A su entender, “tanto el Ministerio de Salud Pública como el INBA deben fortalecer las acciones destinadas a modificar prácticas culturales y promover comportamientos responsables. Si bien existen inversiones y programas vinculados al bienestar animal no están suficientemente orientados a la educación preventiva”.
El Policlínico Escuela de la Facultad de Veterinaria “trabaja actualmente con la educación primaria para incorporar contenidos sobre tenencia responsable desde las primeras etapas de formación”. Sin embargo, Fernández advirtió que “estas acciones necesitan más recursos y una perspectiva de mediano y largo plazo para producir cambios significativos”.
En ese marco, sostuvo que “la castración de animales, aunque forma parte de las políticas de bienestar animal, no es suficiente por sí sola para reducir los accidentes por mordeduras. Para lograrlo, es necesario modificar las formas de convivencia y las conductas de las personas”.
El director del policlínico universitario insistió en que “el elevado número de animales de compañía y su presencia cotidiana en los hogares hacen necesario reforzar el conocimiento sobre sus comportamientos y las responsabilidades que implica tenerlos”.
Fernández remarcó que “los accidentes por mordeduras no solo pueden comprometer la vida o provocar lesiones graves, sino que también generan gastos para el sistema de salud. Por eso el abordaje no debe limitarse a reaccionar ante los casos que adquieren notoriedad pública (en referencia al reciente fallecimiento en nuestra ciudad de una mujer de 71 años atacada por un perro pitbull en su casa), sino que debe atender las causas que favorecen su ocurrencia. Uruguay no va a cambiar su situación y no va a tener un impacto significativo sobre la disminución de los accidentes por mordedura si no invierte en educación”, concluyó.
