El 3 de junio se convirtió en la fecha de referencia para el movimiento feminista en América Latina a partir de la llegada del movimiento Ni Una Menos.
Ese día, en 2015, decenas de miles de personas se movilizaron en Argentina y otros países de la región para reclamar el fin de los femicidios y de las distintas formas de violencia de género. La primera convocatoria surgió tras el femicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años que cursaba un embarazo, un caso que generó una profunda conmoción social y se transformó en un punto de inflexión para la organización y para la visibilización de las demandas feministas.
La sede Salto de la Universidad de la República (Udelar) también se sumó a la evocación del 3 de junio con un conversatorio en el que participaron estudiantes, docentes y funcionarios.
En ese marco, la diaria dialogó con la licenciada en Trabajo Social Marisabina Minteguiaga, quien señaló que desde hace un tiempo distintos grupos de mujeres de la Udelar trabajan con la preocupación de visibilizar las desigualdades de género y promover acciones que contribuyan a construir escenarios de mayor equidad dentro de la vida universitaria.
Según explicó, la actividad fue pensada como una instancia sencilla pero significativa para recordar el valor simbólico que tiene la fecha, que este 2026 cumplió 11 años desde la primera movilización de Ni Una Menos.
El encuentro buscó rendir homenaje a las mujeres que fueron víctimas de femicidio, con el objetivo de mantener vigente la reflexión sobre las distintas expresiones de violencia basada en género.
“Creemos que la Universidad no es un lugar ajeno a estas problemáticas, sino que debe asumir un papel activo para sensibilizar sobre temas de los que todos y todas formamos parte”, afirmó.
Minteguiaga sostuvo además que la actividad pretendió transmitir un mensaje claro a quienes transitan por la institución. “Como centro de formación universitaria, es importante preguntarnos qué tenemos para decir y cómo nos posicionamos desde la Udelar frente a estas situaciones”, señaló.
Dijo que la conmemoración de este año estuvo atravesada por un hecho que volvió a poner en evidencia la persistencia de la violencia de género. Recordó que en la noche del propio 3 de junio un hombre asesinó a una joven de 19 años.
“Lamentablemente terminamos el día de esa manera. Una jornada que debería ser de lucha, de reflexión y de construcción colectiva terminó marcada por un hecho de estas características”, expresó.
La docente recordó además que años atrás, en una fecha igualmente significativa para el movimiento feminista, un hombre asesinó a su expareja en Salto el 8 de marzo. A su entender, estos episodios muestran cómo las fechas de reivindicación y visibilización de las desigualdades de género suelen interpelar a la sociedad y generan reacciones diversas.
“Cuando se ponen sobre la mesa temas incómodos, que exigen reflexión e involucramiento colectivo, se movilizan muchas cosas. Son asuntos en los que todos estamos implicados”, sostuvo.
La jornada desarrollada en la sede universitaria buscó precisamente abrir un espacio de intercambio y reflexión sobre las desigualdades de género y las distintas formas de violencia que continúan presentes en la sociedad.
Para Minteguiaga, se trata de una discusión compleja porque todavía persisten discursos que responsabilizan a las mujeres por situaciones que, en realidad, responden a estructuras históricas de desigualdad.
“Seguimos culpabilizándonos a nosotras mismas por hechos que tienen que ver con una estructura desigual de poder y de género, que asigna determinados lugares y condiciones a varones y mujeres. Eso no es responsabilidad exclusiva de las mujeres”, afirmó.
En ese sentido, señaló que durante gran parte de la historia las mujeres fueron silenciadas y relegadas de los espacios de decisión. Por eso, consideró que generar ámbitos de debate y sensibilización sigue siendo una tarea necesaria para avanzar hacia relaciones más igualitarias y libres de violencia.
Mujeres y varones
Para Minteguiaga, el desafío pasa precisamente por evitar que estas problemáticas vuelvan a quedar relegadas al silencio. “El camino no es callarse, ni invisibilizar estos temas”, afirmó, y señaló que los femicidios ocurridos en las últimas semanas son una muestra de que persisten formas de violencia que requieren respuestas colectivas y sostenidas en el tiempo.
La docente consideró que la preocupación por la violencia basada en género no debería recaer únicamente sobre las mujeres. “No deberíamos ser solo las mujeres las que estuviéramos preocupadas por estos temas. También tendría que haber más varones reuniéndose, movilizándose y reflexionando sobre estas situaciones”, sostuvo.
Si bien reconoció que en los últimos años se han generado espacios de discusión y sensibilización, entendió que los avances todavía resultan insuficientes frente a la magnitud del problema. “Hay un camino que comenzó a construirse en esta línea, pero no alcanza. El problema es muy complejo y todavía queda mucho trabajo por delante”, concluyó.
