En Uruguay, el 3 de setiembre fue elegido como Día Nacional de la Agroecología por organizaciones sociales y la iniciativa avanza hacia su reconocimiento oficial, luego de haber sido votada afirmativamente en la Cámara de Senadores.
En diálogo con la diaria, Santiago Arago, referente de un grupo agroecológico de Salto, destacó el trabajo que distintas organizaciones realizan en el departamento y señaló que la producción agroecológica implica recuperar saberes, cuidar las semillas y reconstruir los suelos afectados por el uso de agrotóxicos.
Arago explicó que diferentes asociaciones trabajan en la elaboración de mapas agroecológicos en todo el país. En Salto, el grupo tiene entre sus principales tareas informar y generar conocimiento sobre el Acuífero Guaraní y participar en la Red de Semillas. Por ese trabajo, sostuvo, se han convertido en un referente de la agroecología en el norte del país.
A estas iniciativas se suman las redes de huertas comunitarias y otras instituciones que trabajan en torno a la alimentación saludable, la defensa del ambiente, el cuidado del agua y la preservación de las semillas. Según Arago, cuentan además con el respaldo de autoridades de la Facultad de Agronomía, porque “es importante el conocimiento en todas las áreas”.
Para el productor, uno de los principales desafíos es lograr que las experiencias que existen en distintos puntos del país se conozcan y se fortalezcan entre sí. “Difundir unidos lo que se está haciendo es lo que fortalece a los grupos de todo el país”, afirmó.
En Salto se prepara una actividad vinculada al Plan Nacional de Agroecología, que busca reunir a productores y organizaciones para compartir propuestas, experiencias y conocimientos adquiridos. El encuentro está previsto para fines de setiembre o comienzos de octubre y pretende tener una presentación “acorde con la importancia que tiene la agroecología”.
Arago explicó que una de las características de la agroecología es que los propios productores pueden elaborar buena parte de los insumos que necesitan. Se trata, señaló, de aplicar conceptos como la biodiversidad y reproducir algunos mecanismos de los ecosistemas naturales.
“Es crear el mismo efecto del monte nativo, que se autodefiende”, explicó. Como ejemplo mencionó el compostaje de los excedentes de la huerta: los residuos se procesan de manera natural y luego vuelven a incorporarse al suelo. “Nosotros aprovechamos todo”, resumió.
Para Arago, también existe una diferencia económica y ambiental con el modelo basado en insumos derivados del petróleo. La agroecología busca sustituirlos por recursos disponibles en la propia naturaleza y producir distintos tipos de abono. La premisa, sostuvo, es que “un suelo sano y las plantas sanas tienen un suelo resistente a las enfermedades”.
La posibilidad de que productores agroecológicos puedan tener un puesto en la Central Hortícola del Norte (CHN) también plantea desafíos. Arago señaló que algunos productores ya están realizando el proceso de conversión desde la producción convencional hacia la agroecológica, pero advirtió que se trata de una transición que requiere tiempo. “Todo es un proceso”, afirmó.
Uno de los obstáculos, explicó, está relacionado con las exigencias del mercado. Los productores acostumbrados al modelo convencional trabajan con insumos químicos que permiten obtener productos con determinadas características de tamaño y apariencia. “El mercado exige que debe tener un tamaño y ser perfecto”, señaló.
La agroecología, en cambio, pone el foco en otros atributos. “Nosotros tenemos tomates de excelente calidad, pero eso no quiere decir que todos sean de igual tamaño, ajustado al pan de la hamburguesa como pide el mercado. Nosotros trabajamos en calidad y excelencia, sabor, color”, sostuvo.
El pasaje de un modelo a otro no es inmediato. “Hay que dejar ciertas prácticas para aplicar otras”, dijo, y agregó que recuperar un suelo que durante años recibió productos químicos y agrotóxicos “no es fácil”.
Semillas que pasan de generación en generación
Arago también destacó el papel de los consumidores y de las huertas comunitarias que existen en Salto, aunque consideró que uno de los principales desafíos continúa siendo generar demanda para estos productos.
Actualmente, su actividad está vinculada además a la conservación de semillas. “Soy guardián de semillas”, contó.
Se trata de variedades que, según explicó, han desarrollado resistencia frente a plagas, cambios del clima y otros factores que pueden afectar a los cultivos.
“Estas semillas vienen de generación en generación y son un tesoro en las manos que se debe cuidar”, afirmó. Para Arago, conservarlas no significa solamente preservar una parte de la historia agrícola, sino también mantener disponible un conocimiento que puede ser fundamental para construir sistemas de producción más resistentes y sostenibles.
