Para saber dónde está la sala de vacunación en el Hospital Pereira Rossell no hace falta leer el cartel indicativo, porque el fuerte olor a alcohol sale por la puerta de entrada y marca el camino, hacia la derecha. “Amo el olor a hospital”, dice María Victoria Acosta, y agrega que le encanta su trabajo. Es licenciada en enfermería y está a cargo de la vacunación contra el coronavirus en esa institución, una de las casi 20 que hay en Montevideo destinadas a la inmunización, entre las que hay varios hospitales, mutualistas y el Antel Arena.

El horario para vacunarse en casi todos los lugares designados es bien extendido, de 8.00 a 22.00. A quienes se anotaron para inmunizarse se les dio un horario puntual, por lo que en el Pereira Rossell no hay cola, al menos pasadas las 14.00. Como se supo hace varios días, el primer grupo de personas habilitado para poder vacunarse lo integran los trabajadores de la educación (excepto docentes y funcionarios universitarios), policías, bomberos y militares en actividad, trabajadores del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) y “personal aduanero de la primera línea de control en aeropuertos, puertos y frontera seca”, siempre que sean menores de 60 años, según indicó el Ministerio de Salud Pública (MSP).

“Igual, yo soy medio manteca”, dice un muchacho a la salida del Pereira Rossell, que acaba de recibir el pinchazo, después de señalar que le dolió “lo normal”. “No duele nada, por favor, vacúnense todos”, dice una señora que está en el vacunatorio, mientras se sostiene el brazo con algodón porque la acaban de inmunizar.

Entre las preguntas que les hacen a los que están por vacunarse está si son alérgicos o toman anticoagulantes. Si hay un ejemplo de esto último, cambian la aguja por una más chica, para que, en caso de que llegue a sangrar, no lo haga mucho. Cada frasquito de la vacuna Coronavac, elaborada por el laboratorio chino Sinovac Biotech, contiene una dosis de medio centímetro cúbico con el virus inactivado, que no provoca la enfermedad pero logra generar una respuesta inmunitaria. Una vez que la persona es vacunada, debe esperar en otra sala durante 15 minutos o media hora ‒este último caso es para los alérgicos o los que sufren otras patologías‒. En el Pereira Rossell nadie presentó problemas en la espera y la gente estaba sentada de lo más campante, como si esperaran su número en un trámite bancario.

¡Tiempo, ya!

A pocas cuadras de allí, en Rivera y Bulevar Artigas, donde se ubica la Asociación Española, el ritmo de vacunación es tranquilo y una enfermera controla los tiempos de espera de los ya vacunados con precisión exacta. Tiene una planilla sobre la que descansan varios cronómetros con números de asientos asignados. A las 15.00 todavía a nadie le cantaron la media hora porque ninguno se dio por alérgico.

El personal de la mutualista se va turnando con la lista en la que comprueban los nombres de quienes llegan a vacunarse. El enfermero que está ahora lleva 30 años en esto, pero siente que hoy es un día especial, porque la vacunación es en un contexto de pandemia. “Es histórico”, acota una de sus colegas. Acá tampoco hubo muestras de dolor ni nadie se sintió mal. Hubo alguno “que se aflojó un poquito”, dice una enfermera, pero antes, por el miedo previo al pinchazo. Dentro de cuatro semanas todos tienen que volver para la segunda dosis.

En la sala de espera del Hospital Pasteur también se controla el tiempo posvacunación con cronómetro, pero la diferencia es que le dan el dispositivo a cada persona. El traslado de las dosis se realiza para cada día y está a cargo de la empresa DAC, custodiada por la Policía. Para este hospital llegaron 600 el viernes y para la primera jornada están agendadas 380 personas. Una muchacha que trabaja en el INAU y acaba de entrar está un poco temerosa. “Vine a darme la vacuna y no lo pensé demasiado”, dice, y bromea con que tiene miedo de que quizás mañana le salga una joroba.

La vacunadora del Pasteur cuenta que de mañana estuvo bastante tranquilo y que de tarde se empezó a mover más. Por el momento nadie tuvo problemas, ni antes, ni durante, ni después de la vacunación. Al contrario, a la enfermera a cargo le han halagado sus manos. La señora que está sentada ahora a punto de vacunarse es maestra y asmática. Le consultó a su médico y le dijo que no había problema con vacunarse. Le preguntaron qué brazo utiliza menos, como casi todo el mundo, dijo que el izquierdo y en ese la pincharon.

Al fondo que hay lugar

Pasadas las cinco de la tarde en el Hospital de Clínicas el ritmo de vacunación también era lento, incluso esperaban que llegara más gente, dice Mariela Moreira, directora de la Unidad de Prevención y Control de Infecciones de esa institución. Cerca de 200 personas se agendaron para inmunizarse y tampoco se presentaron inconvenientes con la posvacunación. Hubo una muchacha que se sintió mal pero en la previa, porque “le impresionaba el pinchazo”.

En el Clínicas hay 35 puestos de vacunación y para este martes se activaron 22 con base en la cantidad de gente agendada, pero Moreira subraya que tienen capacidad para inmunizar a 4.500 personas por día. Así que en la primera jornada estuvieron sobrados, por eso sostiene que “hay que motivar para que la gente se anote para vacunarse” (en la página web del MSP está toda la información para agendarse).

Acaban de vacunar en el brazo izquierdo a una joven, docente de inglés, y una enfermera prepara una dosis con suma precaución porque tiene su “ciencia”, ya que si la aguja se tranca en el frasquito se puede perder la dosis. A diferencia de en el Pereira Rossell, acá a las personas que tienen problemas de coagulación no les cambian la aguja para vacunarlos sino que modifican su inclinación en el pinchazo.

“Poner el brazo, remangarnos y vacunarnos”

El ministro de Salud Pública, Daniel Salinas, sostuvo que “Uruguay va a ser un país que va a vacunar muy rápido” y que el “flujo de dosis” está asegurado para los próximos meses. En declaraciones a Telenoche, el jerarca dijo que en el primer día de vacunación contra la covid-19 hubo un “gran cumplimiento de la agenda” y que a las 20.00 había 16.505 personas vacunadas de un total de 18.000 inscriptos para recibir la primera dosis de la Coronavac. En cuanto a la llegada de las dosis de la vacuna de Pfizer, Salinas dijo que el 8 de marzo habrá 50.000 en Uruguay y que tendrán un “timing de entrega similar” en las cuatro semanas siguientes.

“Siempre hay que tener un plan a, b y c [...], el plan b, en este caso si falla la entrega, será vacunar al personal de salud con la Sinovac”, sostuvo. El ministro informó que el país recibirá antes de mayo 250.000 dosis de Pfizer, 1.800.000 de Sinovac y 194.000 de Astrazeneca por el mecanismo Covax que llegarán antes del mes de mayo. “Creo que es una cifra significativa que va a tener un impacto y va a terminar de frenar esta pandemia”, opinó, y añadió que el proceso de vacunación será “muy rápido”, si hay conciencia ciudadana. “Tenemos que ser solidarios, empáticos, poner el brazo, remangarnos y vacunarnos”, recomendó.