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Salud Afecciones y tratamientos
Gabriela Fernández en la diaria (archivo, 2023). · Foto: Camilo dos Santos

Gabriela Fernández en la diaria (archivo, 2023).

Foto: Camilo dos Santos

Distimia o trastorno depresivo persistente: cuando los síntomas de la depresión son más moderados, pero perduran en el tiempo

Con una sintomatología más atenuada y una presencia mínima de dos años en adultos y un año en menores de edad, especialistas en psiquiatría y psicología coinciden en que la distimia puede asemejarse a “una forma de vivir”.

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Del griego dysthymía, formado por el prefijo dys (mal, dificultad, anomalía) y thymós (humor, ánimo), junto con el sufijo ia (cualidad), la distimia o trastorno depresivo persistente (TDP) afecta el estado de ánimo de una persona, llevándola a estados recurrentes de tristeza, abatimiento o melancolía la mayor parte de los días.

A diferencia de la depresión o trastorno depresivo mayor (TDM), la severidad de los síntomas que presenta la distimia es menor, y una persona que la padece no pierde la capacidad de funcionar en los distintos ámbitos de su vida, pero sí los sobrelleva con un costo emocional y cognitivo muy alto.

El síntoma principal que la diferencia de otros trastornos depresivos es la prolongación en el tiempo: deben transcurrir al menos dos años, en el caso de los adultos, y un año, en el de niños, niñas y adolescentes, en los que los estados de ánimo deprimidos, la baja energía o la tristeza acompañen la vida.

Según estudios epidemiológicos, en general la distimia suele instalarse durante la juventud, entre los 20 y los 40 años, y es casi el doble de frecuente en mujeres respecto de hombres.

En diálogo con la diaria, Gabriela Fernández, licenciada en Psicología y magíster en Psicología Clínica por la Universidad de la República (Udelar), doctora en Psicología por la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) y docente grado 4 del Instituto de Psicología Clínica en la Facultad de Psicología de la Udelar, explicó en detalle qué distingue a la distimia de la depresión.

“La distimia presenta síntomas más atenuados que el TDM, se presentan como una especie de forma de vivir. A diferencia de la depresión, la distimia no aparece de forma abrupta, sino que se va instalando lentamente el humor depresivo de forma muy gradual. El TDM se diagnostica con dos semanas de la persistencia de los síntomas y, en el caso de la distimia, se requieren dos años como mínimo”, expresó.

Sumado a esto, Fernández explicó que luego aparecen síntomas secundarios que generalmente guardan relación con los cambios en los patrones del apetito, se come más o menos de lo habitual, y también aparecen cambios a nivel de los patrones de sueño, que tienen que ver con dormir mucho o dormir poco. Además, se presentan otros síntomas como baja energía, fatiga o cansancio, baja autoestima, dificultades para concentrarse y desesperanza.

“Con estos síntomas se presentan elementos interesantes para distinguir la distimia del TDM o lo que comúnmente entendemos como depresión. Hay algunas de estas características que no están dentro de los criterios diagnósticos del TDM, como, por ejemplo, la baja autoestima o la desesperanza. Sin embargo, obviamente las personas que tienen TDM sí presentan baja autoestima o desesperanza porque uno de los criterios diagnósticos de este trastorno es la ideación suicida, y dentro de esta ideación hay un componente de desesperanza, porque la sensación de no querer vivir más tiene mucho que ver con eso. Pero, en el caso del TDP o distimia, entre los criterios diagnósticos no aparece la ideación suicida”, sostuvo.

“Lo que hay que pensar es que es un cuadro que es más prolongado en el tiempo que la depresión, pero, sin embargo, personas que tengan un diagnóstico de distimia también pueden tener un diagnóstico de TDM. Es decir, se puede estar cursando una distimia durante dos, tres o cuatro años, y en ese tiempo haber recibido un diagnóstico de depresión, porque durante dos semanas la persona cumplió los criterios diagnósticos para ser diagnosticado de esta forma, entonces se pueden tener las dos cosas”, agregó.

Por su parte, el médico psiquiatra y expresidente de la Sociedad de Psiquiatría del Uruguay (SPU) Artigas Pouy afirma que el TDP presenta una persistencia en el tiempo, sin episodios de gravedad, pero es algo que merece una atención desde lo clínico: “Si alguien habla de distimia, se puede pensar que se refiere a una persona apocada o con baja energía, pero si yo, como psiquiatra, estoy hablando de distimia, estoy hablando de algo que amerita medidas terapéuticas específicas, llámese medicación, psicoterapia, etcétera”.

“Pienso que la primera señal a la hora de diagnosticar a una persona es cuando consulta con un especialista. Además, estamos hablando de un universo, el de aquellos afectados por una enfermedad emocional, que no consultan frecuentemente, donde la mayoría queda afuera del radar. Otro elemento importante es la interferencia con la vida diaria, por ejemplo, el bajo rendimiento académico y/o laboral, no tener trabajo y no buscarlo, o no tener definido qué vas a hacer con tu vida y que eso no genere preocupación. Cerebralmente es muy posible que pueda haber alguna alteración a nivel de neurotransmisores. Se convierte en una forma de vivir”, afirmó.

El carácter distímico: la persona y su contexto

Pouy define “carácter” como “aquellos rasgos de personalidad que son permanentes en el tiempo o aquellos patrones que se repiten a lo largo de los años”, y considera el carácter distímico como un tipo de personalidad donde un individuo no tiene síntomas con una magnitud como para llegar a una depresión o a una situación grave, pero estos “nunca dejan de estar presentes”.

“En general, los síntomas tienen que ver con la falta de iniciativa, el desgano o los trastornos en el sueño, entre otros. Por ejemplo, una persona que tuvo una pérdida, un divorcio o la pérdida de un ser querido no se encuentra bien. Esta situación podría evolucionar en un TDM, es decir, se acentúa el malestar, o también puede evolucionar favorablemente, algo más como el proceso que se realiza en un duelo. Pero si este malestar se mantiene con el tiempo, ahí ya estaríamos más en un TDP o distimia”, afirma, y agrega: “Lo hereditario es relativo, la distimia es algo que puede ser aprendido. Si se crece en un ámbito donde las personas no suelen expresar lo que sienten, es algo que se puede reproducir”.

Por su parte, Fernández considera que la forma en la que la “constelación de síntomas” se presenta en cada paciente es algo “complejo”. En cuanto a síntomas compartidos por todas las personas que sufren de distimia, la baja autoestima es “transversal”, no solo a este trastorno, sino a los trastornos depresivos en general.

“En mi experiencia, dentro de lo que he visto entrevistando pacientes que están dentro del grupo de trastornos depresivos en general, la baja autoestima es algo que aparece muchísimo. Está la imagen desvalorizada de uno mismo y muy unido a sentimientos de inutilidad como 'no sirvo para nada', 'nunca voy a poder salir de esto'”, sostuvo.

Fernández distingue las conductas basales de las conductas pragmáticas, también llamadas conductas complejas. Las primeras son aquellas conductas de base que nos permiten funcionar, como comer o dormir; las segundas son las que tienen que ver con el trabajo, el estudio o la vida social en general de una persona, entre otras. Según la psicóloga, generalmente en los trastornos mentales se pueden observar alteraciones en ambos grupos: “Todo lo que tiene que ver con lo social, tanto para la distimia como para el TDM, en realidad no está dentro de los criterios diagnósticos, pero las personas pueden presentar alteraciones porque los síntomas que sí aparecen en los criterios diagnósticos de alguna manera dificultan el funcionamiento social”.

“Hay muchas personas que pueden vivir con todo esto sin saber que tienen distimia. Me ha pasado de entrevistar personas que en el momento en el que empezás a explorar algunas cosas vinculadas al grupo de la depresión lo que te manifiestan no es un TDM, pero sí algo que ya tiene tres o cuatro años, se sienten siempre tristes, nunca tienen energía, no duermen bien, no disfrutan de las cosas, se sienten inútiles y es como que se acostumbraron a que eso es parte de su forma de vivir”, subrayó.

Además, la psicóloga sostiene que, si bien aún no se sabe con precisión qué es lo que causa diferentes trastornos mentales, estos son multicausales y pueden darse, entre otras cosas, por una combinación de la predisposición genética y las experiencias de vida en nuestra primera infancia.

“Hay varias teorías que plantean que determinadas experiencias adversas tempranas predisponen a que después una persona desarrolle determinada sintomatología. También la forma en la que nos criaron determina cómo entendemos el mundo y nuestro rol en él, entonces si después nos pasan determinadas cosas que son incongruentes con esa forma que tenemos de ver el mundo, más una predisposición de temperamento, todo esto puede hacer que se desarrollen determinados síntomas”, afirmó.

Asimismo, Fernández remarca que hay otros factores de riesgo que aumentan la probabilidad de sufrir un trastorno como la distimia, como ser mujer o el bajo nivel socioeconómico. “Según varias hipótesis, las mujeres somos socializadas para contactar más con las emociones y los hombres están más socializados a conductas más externalizantes. En los hombres son más prevalentes las conductas impulsivas, de agresión o consumo, y en las mujeres son más prevalentes los trastornos vinculados con la depresión, que, justamente, se llaman internalizantes, porque el dolor o la angustia van más hacia adentro”, sostuvo, y agregó: “Haber crecido o vivir en un hogar de nivel socioeconómico muy bajo, con todos los problemas que eso puede acarrear, aumenta las probabilidades de desarrollar varios trastornos mentales. Todo este tipo de cosas van acumulando riesgo, y cuantos más factores de riesgo se tiene, más probable es que, frente a un evento que puede ser menor, una persona desarrolle un trastorno como la distimia”.

Herramientas y abordajes para su tratamiento

Según Pouy, la distimia es algo que se puede dejar atrás y, para esto, “lo primero y fundamental es un buen diagnóstico”. Además, el psiquiatra considera también indispensable para el tratamiento el complemento entre antidepresivos y psicoterapia.

“Desde lo farmacológico, lo básico son los antidepresivos. Hay sensibilidades distintas para estos, aquel que uso con un paciente y da resultados no tiene por qué generar el mismo efecto en otro, aunque la sintomatología sea muy similar. La psicoterapia es un recurso muy importante que también es psiquiátrico, aunque su ejercicio no esté limitado a los psiquiatras. Se ha visto que en los tratamientos de todos los tipos de depresión los mejores resultados se ven con la unión de estas dos herramientas”, subrayó.

Por su parte, Fernández también destaca la importancia del trabajo en equipo desde la psiquiatría y la psicoterapia, ya que es fundamental tener un tratamiento farmacológico que ayude a disminuir los síntomas y, además, estar acompañados en un proceso psicoterapéutico para “apuntalar” el farmacológico.

A su vez, afirma que entre los trastornos mentales hay algunos que son crónicos y, por ende, la persona va a vivir con ellos durante toda su vida, pero la distimia no es uno de ellos. Desde el punto de vista de la psicóloga, con un buen abordaje terapéutico se puede tener una disminución de los síntomas, pero se debe buscar aquel que sea el más adecuado para el paciente, según diversos factores.

“Todos los pacientes van a presentar manifestaciones sintomáticas diferentes, pero también van a presentar historias de vida diferentes, y uno tiene que saber qué es lo que ese paciente va a poder llevar adelante, porque es una persona que tal vez está hace dos o tres años con esta sintomatología, entonces puede suceder que el tratamiento que sea capaz de sostener, por ejemplo, es uno que no sea muy demandante en la cantidad de sesiones semanales”, sostuvo. “Mi perspectiva es que no se tiene que evaluar al trastorno, sino al paciente, para ver cuál es el mejor abordaje”, remarcó.