La esporotricosis es una infección fúngica causada por hongos del género Sporothrix, que se encuentran en el suelo, en espinas, astillas y materiales en descomposición, como madera, paja y ramitas. Antes era más conocida como “enfermedad del jardinero” o “arañazo de mulita”, según informó el Ministerio de Salud Pública (MSP).

En los últimos años emergió Sporothrix brasiliensis, una especie que los gatos transmiten a otros animales y a los humanos. Es hiperendémica en algunos estados de Brasil y en regiones limítrofes se registran áreas de alta endemia. También se han registrado brotes en Argentina, Paraguay y Chile, lo que evidencia un aumento sostenido en América Latina.

Según el MSP, esta forma zoonótica “es más agresiva, de rápida transmisión y difusión territorial y provoca compromiso cutáneo y sistémico”. Los gatos pueden infectarse por contacto con el suelo contaminado o a través de heridas producidas durante peleas con otros animales ya infectados, mediante arañazos o mordeduras. La infección es más frecuente en gatos machos no castrados que circulan en la calle. El hongo se concentra en las lesiones y puede alojarse en las uñas, ya que los felinos suelen enterrar sus heces en la tierra o arañar los troncos de los árboles.

En los gatos la infección puede ser grave. Si no se trata adecuadamente, con un antimicótico administrado diariamente durante seis meses, la enfermedad y sus complicaciones pueden causar la muerte del animal. Los principales síntomas son lesiones cutáneas en la cabeza, las patas y la cola, así como síntomas respiratorios, principalmente estornudos. Ante cualquiera de estos signos se recomienda consultar sin demora al veterinario.

¿Cómo se transmite a las personas y qué precauciones hay que tener con un gato enfermo en el hogar?

Las personas pueden infectarse por contacto con tierra contaminada, al lesionarse con espinas o astillas, o al ser arañadas o tocar las lesiones de un gato enfermo. En humanos no suele ser una enfermedad grave, aunque una vez diagnosticada debe tratarse de forma rápida y eficaz, especialmente en niños, personas mayores o inmunocomprometidas. Los síntomas incluyen lesiones en la piel, nódulos o úlceras de difícil cicatrización.

En caso de convivir con un gato infectado es fundamental cumplir estrictamente con el tratamiento indicado y no suspenderlo hasta que el veterinario lo autorice. Además, se recomienda manipular al animal con guantes durante el tratamiento, aislarlo de otros animales y desinfectar diariamente con hipoclorito el entorno donde circula.

El origen del brote en Uruguay

El Instituto de Higiene confirmó la presencia del último brote en el país y recordó su origen y dispersión, tras un seguimiento comunicado en noviembre de 2025. El caso inicial, presentado el año pasado en una jornada del instituto por Lucía Dalcín, asistente de la unidad académica de parasitología y micología de la Universidad de la República, fue el de una mujer de 22 años, procedente de Rocha, que viajó a Brasil, donde permaneció en Recife, y regresó por tierra a Uruguay el 20 de diciembre de 2024. Durante su estadía adoptó un gato cachorro de tres meses en Rio Grande do Sul.

En el hogar convivían además otros dos gatos. Uno de 18 años, sin enfermedades previas, que en enero de 2025 presentó lesiones en el hocico y la cabeza; fue sacrificado y el diagnóstico se confirmó un mes después. El segundo, de siete meses –el adoptado en Brasil– recibió tratamiento con itraconazol por lesiones en el cuerpo y las patas, pero falleció durante la evolución. Un tercer gato adulto presentó lesiones en una pata trasera y evolucionó favorablemente con tratamiento.

Una semana después de regresar a Uruguay, la joven comenzó con blefaritis, sensación de cuerpo extraño e irritación ocular. Fue derivada al Hospital de Clínicas por mala evolución y recibió tratamiento con ciprofloxacina tópica. Dos semanas más tarde presentó mejoría oftalmológica, pero comenzó a adelgazar y a mostrar deterioro general, además de una pequeña lesión en la boca. A partir del interrogatorio clínico se citó a su madre, de 57 años, quien también presentaba síntomas y había estado en contacto con el gato enfermo. Ambas fueron tratadas en el Hospital de Clínicas.

El caso constituyó el primer reporte confirmado en humanos por Sporothrix brasiliensis en Uruguay, junto con dos casos probables de esporotricosis felina autóctona relacionados, configurando el primer brote en gatos y humanos en el país con fuerte nexo epidemiológico.

El estudio del hongo y sus variantes no comenzó con este caso. Actualmente, Dalcín está realizando una maestría en genotipificación de Sporothrix, con la tutoría de Elisa Cabeza, docente de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de la República. En este momento se están analizando, mediante biología molecular, muestras almacenadas para identificar cepas clínicas y de suelo; hasta ahora se han identificado unas 30, faltan 35, y ninguna corresponde a Sporothrix brasiliensis, salvo las aisladas hace algunos años, en 2018. El objetivo principal es determinar qué especies circulan en Uruguay.

En 2022, la Unidad Académica de Parasitología y Micología publicó un análisis de casos registrados entre 1983 y 2000. De 157 pacientes, 128, es decir, el 81,5%, presentaban nexo epidemiológico por arañazos de armadillos (mulitas); 11 casos se vincularon a lesiones con plantas y en 18 no se identificó el origen. La presentación clínica más frecuente fue la forma linfática nodular, detectada en 120 pacientes.

Antes, en 2018, junto con la Facultad de Química, la unidad caracterizó diez cepas provenientes de aislamientos clínicos; tres fueron identificadas como Sporothrix brasiliensis, aunque sin casos autóctonos asociados. Además, existen ceparios con muestras conservadas desde 1960, a partir de los cuales se inició un estudio epidemiológico para describir los primeros casos en Uruguay. Hasta 2024, 20 cepas aún no habían sido identificadas.