El Instituto Nacional del Cooperativismo (Inacoop) fue creado en nuestro país en 2008 con el objetivo de ser la entidad que proponga, asesore y ejecute la política nacional en el movimiento cooperativo de Uruguay, teniendo como principales funciones el asesoramiento al Estado, promover los principios y valores de la cooperación, y la formulación y evaluación de planes de desarrollo cooperativo, entre otras.
Desde marzo de 2025, con la asunción del gobierno de Yamandú Orsi, Graciela Fernández fue designada presidenta del Inacoop. Fernández fue presidenta de la Confederación Uruguaya de Entidades Cooperativas (Cudecoop) y de la Cooperativa de las Américas, el organismo regional de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI). En conversación con la diaria, analizó en profundidad el mundo del cooperativismo, su contexto local e internacional, sus principales virtudes y las dificultades más importantes que enfrenta, destacando que desde que asumió se logró “un cambio en las definiciones estratégicas”, como el de apostar a la asistencia técnica para que las cooperativas puedan desarrollarse.
“Esta asistencia tiene que estar apoyando la capacitación y formación diaria, con otras herramientas que tenemos, pero además debe dar visibilidad a la herramienta cooperativa y de la economía social, y poder ayudarlas para que presenten proyectos y, a la vez, para que busquen financiamiento”, sostuvo.
ACI anunció en mayo de este año que el lema para el Día Internacional de las Cooperativas de 2026 es “Cooperativas por un mundo en paz”. ¿Qué valor tiene este lema en el actual contexto internacional?
A los que formamos parte del cooperativismo este lema no nos llama la atención y coincidimos totalmente; el concepto de paz hoy es un tema clave.
Las cooperativas tienen en su esencia un concepto de principio democrático. Es decir, los socios lideran, participan, gestionan. Y ese concepto, a nivel gremial en la ACI, está conformado por un consejo directivo que lo conforman todas las regiones, y los consejeros son representantes de todos los países del mundo.
La ACI logra una actividad dirigida por su presidente, Ariel Guarco, en la que sentó en una misma mesa, a fines de diciembre, a cooperativas de Rusia y cooperativas de Ucrania. Hay acciones concretas que muestran que, más allá de lo que está sucediendo desde el punto de vista geopolítico, económico, además de los enfrentamientos de guerra que están existiendo, el cooperativismo continúa aportando en lo que tiene que aportar.
¿Cuál sería el rol de los cooperativistas en esta contribución activa por la paz mundial?
Los cooperativistas que conforman cooperativas en el mundo entero tienen un claro relacionamiento con lo que son los principios y los valores cooperativos. Entre estos principios está el compromiso con la comunidad, en el que las cooperativas, que están desparramadas por todo el territorio, van a ayudar a sus socios a poder restablecerse y continuar viviendo, los ayudan a recibir alimentación, a poder hacer un consumo justo, a tener sistemas de salud, por ejemplo, la vacunación en la época de la pandemia. Es decir, hay una red tan grande establecida en el territorio que los socios cooperativistas logran aportar, con sus actividades, a lo que es el concepto de “paz positiva”.
Una cooperativa habitualmente nace para satisfacer una necesidad de los socios, y trabaja en ese objetivo. El tema es que la organización cooperativa va más allá de eso, es decir, más allá de su propia organización, y cumple en su comunidad y en su territorio otro tipo de cuestiones que están unidas a la cooperación y la solidaridad. Estas cosas forman parte de esos valores.
¿Cómo ve el movimiento cooperativo uruguayo en la actualidad?
Uruguay es un país histórico en desarrollo cooperativo, tiene más de 150 años en eso. Por ejemplo, la principal empresa cooperativa, que es Conaprole, cumplió 90 años. Por lo tanto, hay vida cooperativa.
Sin embargo, Uruguay está sufriendo lo que sufre el mundo cooperativo en todas sus expresiones, y es que estamos necesitando adaptarnos a determinadas realidades difíciles y complejas. Una es que nosotros debemos lograr visibilizar y que se nos identifique como cooperativas. Cuando salimos al mercado a ofrecer lo que sea, en el sistema de cooperativas, sobre todo, de trabajo, sociales, o cooperativas que licitan con otras empresas, nuestra identidad y nuestra visibilidad están sumamente limitadas, y eso es complejo.
Entonces, debemos visibilizarnos, debemos crear reglas de competencia claras, debemos formarnos en lo que tiene que ver con las nuevas tecnologías, terminar con la brecha digital que existe y que cada vez es más profunda, y tener presente que el avance tecnológico es una cuestión necesaria para poder desarrollarnos. Por otro lado, capacitación, educación y financiación, también esto es clave.
Uruguay tiene un buen desarrollo cooperativo, pero también está necesitando actualizar legislación a las necesidades del cooperativismo actual, y que el apoyo financiero, la tributación y la fiscalización tengan presente nuestra identidad cooperativa.
Inacoop surge, entre muchas otras razones, como respuesta a un pedido del movimiento cooperativo por tener un interlocutor válido con el Estado al momento de proponer y asesorar en materia de elaboración de políticas públicas. Actualmente, ¿cuáles son las principales demandas del cooperativismo nacional en ese sentido?
Hoy el movimiento cooperativo tiene solicitudes concretas que habitualmente van casi todas centradas en lo que es, como primer punto, el tema de capacitación y educación específica en la gestión y la gobernanza cooperativa.
En este tema, nosotros hemos realizado algunos cambios para atender este tipo de cuestiones. Primero, una articulación con otras instituciones del Estado que desarrollan políticas públicas. Por ejemplo, con el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop) se ha logrado un acuerdo de lo más relevante en los últimos años, con montos importantes para educación y capacitación cooperativa. Hoy las cooperativas tienen un lugar donde pueden formarse con asistencia técnica concreta y la que necesiten, y los montos duplican y, en algunos casos, triplican los montos anteriores para formación, educación y capacitación.
El otro punto es la necesidad de investigación. Necesitamos realizar investigación en temas concretos. Uno de los temas en los que hoy se está pidiendo investigación es en la fiscalización, en lo que tiene que ver con la identidad cooperativa y cómo se traduce en la tributación, cómo se tiene en cuenta por parte de las distintas organizaciones del Estado en la interpretación de lo que es el acto cooperativo, las relaciones de socios dentro de las cooperativas, de las cooperativas entre ellas con intercooperación, y cómo eso redunda en lo que tiene que ver con el tema tributario.
Diferentes cooperativas de vivienda que integran la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (Fucvam), la Federación de Cooperativas de Vivienda de Usuarios por Ahorro Previo (Fecovi) y la federación Covipro, entre otras, plantean la necesidad de mayor presupuesto para vivienda y la creación de un Fondo Nacional de Vivienda (FNV) que permita atender las necesidades de la población, teniendo en cuenta el problema habitacional que sufre el país, con un déficit que supera las 80.000 familias sin vivienda y que, sumando las condiciones inadecuadas, alcanza a más de 300.000. ¿Cómo se toma este planteo desde Inacoop y qué perspectivas hay de que este reclamo sea atendido por el gobierno?
Los planteos de las federaciones respecto a viviendas son planteos compartidos, por supuesto. La política pública de vivienda está en manos del Ministerio de Vivienda [y Ordenamiento Territorial, MVOT] y nosotros tenemos un intercambio fuerte con ellos tratando de traducir esta realidad.
En este tema estamos tratando de pensar cuáles serían los mecanismos posibles de financiación desde la política pública, más allá del MVOT. En lo que tiene que ver con políticas de vivienda en general, el Inacoop no tiene los recursos posibles para encontrar una solución a este problema, pero sí podemos tratar de amortiguar esta situación.
También podemos tener una clara influencia. El Inacoop concurre al intercambio en la mesa que tiene en el MVOT; además está dentro de nuestras competencias tratar de solucionar e influir en las políticas públicas, pero tiene que haber cuestiones concretas. Para nosotros, una de estas cuestiones es tratar de conseguir o de crear un fondo de intercooperación en el sistema cooperativo y en la economía social que financie los cupos vacíos, por ejemplo. En esto se está trabajando en algunos de los programas que tenemos dentro del Inacoop, pensando y tratando de encontrar soluciones, y un mecanismo de intercooperación en el SíCoop [Sistema de Intercooperación].
Sin embargo, el tiempo pasa, pero algunos de estos problemas parecen permanecer con la misma fuerza y las cifras de déficit ocupacional se mantienen.
El problema de vivienda en Uruguay es histórico. Pienso que hay cuestiones que para encontrarles una solución nos tenemos que sentar en una misma mesa los afectados en el tema. Esta administración del MVOT, más allá de lo que se pueda hacer en la mesa de Inacoop junto con Cudecoop [Confederación Uruguaya de Entidades Cooperativas], ha logrado sentar a todas las federaciones de cooperativas de vivienda en un trabajo continuo donde, por ejemplo, se logró la exoneración del IVA a los materiales de construcción, y creo que es un resultado tangible y patente que va a habilitar una mayor construcción, porque va a haber un costo menor en la construcción de vivienda, y por lo tanto se va a poder construir más.
Según estudios realizados por la Universidad de la República (Udelar), una de las principales dificultades mencionadas por las personas que integran las cooperativas de trabajo son los problemas de financiamiento, de acceso a capital de giro, a mantenerlo y a contar con una inversión estable. ¿Por qué pasa esto? ¿Qúe rol tiene o debería tener el Fondo de Desarrollo (Fondes) – Inacoop para que este financiamiento no represente una dificultad?
La necesidad de financiamiento es el talón de Aquiles del sistema cooperativo, acá y en cualquier lugar del mundo, y las políticas públicas tienen que tener como tema central crear mecanismos que ayuden al financiamiento de las cooperativas.
Uno de los temas centrales que hemos tenido desde que ingresamos hace un año y medio es buscarle otro movimiento y otra asistencia al Fondes. A nuestro entender, el Fondes estaba paralizado, se otorgaban determinados créditos, pero no con la necesidad que tiene el movimiento cooperativo y la economía social. Se tuvo que buscar una nueva estructura, cambios legislativos, adaptarse a nuevas situaciones, y todo eso llevó a su enlentecimiento desde hace años.
Hoy hay una invitación a las organizaciones productivas, a las cooperativas de trabajo, a las agrarias y a las organizaciones de la economía social que necesiten un apoyo financiero a presentar proyectos en el Fondes. Nosotros cambiamos esa estructura donde no se habilitaban determinados préstamos para las líneas de producción. Un ejemplo de esto fue Pueblo Apícola, una cooperativa de Tacuarembó que sale a exportar. Necesitó un apoyo de 300.000 dólares, y esto se hizo a través de las líneas crediticias del Inacoop. La facilidad que le dio este apoyo financiero le permitió duplicar las exportaciones de miel al mercado europeo en otras condiciones. Esto demuestra que si se fortalece este punto débil, las cooperativas pueden tener otras posibilidades.
Queremos también lograr menos burocratización, hacer que las solicitudes sean más ágiles y flexibles, para que las cooperativas lleven adelante las solicitudes de crédito. Nosotros cambiamos y simplificamos los requisitos, y llegamos a la conclusión de que, por sí solas, las cooperativas no se presentaban al Fondes porque no podían hacer el proyecto, ya que no tenían todo ese aparato técnico alrededor que necesitan para hacerlo. Entonces se planteó, por la representante en el Fondes de Cudecoop, un proyecto de asistencia técnica dentro del fondo. Hoy asistimos técnicamente para que armen el proyecto y se presenten a solicitar en el Fondes.
