En plena campaña electoral brasileña comenzaron a circular en Tik Tok videos que aparentan mostrar entrevistas espontáneas a ciudadanos sobre su intención de voto. Las escenas simulan ser “testimonios callejeros”, en los que un periodista se acerca a una persona, le pregunta a quién votará y el entrevistado explica sus motivos. Sin embargo, ni los periodistas ni los votantes que aparecen en ellas son reales.
Una investigación del sitio brasileño de verificación Aos Fatos identificó al menos 50 videos de este tipo publicados en Tik Tok, vinculados a los dos principales candidatos de la elección presidencial de 2026, el actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), y el senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL). Según consignó ese medio, hasta el 17 de agosto, esos contenidos acumulaban 7,4 millones de reproducciones.
Los videos fueron creados mediante herramientas de inteligencia artificial y presentan a supuestos ciudadanos explicando por qué votarán por uno u otro candidato. En los contenidos favorables a Lula, los personajes suelen atribuir al presidente mejoras en sus condiciones de vida o presentarse como beneficiarios de políticas sociales. En los que respaldan a Flávio Bolsonaro, los supuestos votantes hablan de renovación política, seguridad y combate a la corrupción y la delincuencia.
La investigación también encontró contenidos destinados a desacreditar a los votantes de Lula mediante estereotipos. Algunos personajes aparecen en lugares precarios, con ropa sucia o rota y rodeados de basura, mientras afirman recibir programas sociales y respaldar al candidato por esos beneficios. Las imágenes reproducen estereotipos asociados con sectores populares y con el nordeste brasileño.
En algunos casos, los videos incluyen una etiqueta que indica que fueron generados mediante inteligencia artificial. Pero en al menos el 18% del total no se había indicado que las personas que aparecían habían sido creadas artificialmente, según consigna la investigación. De todos modos, la presencia de una etiqueta de IA no necesariamente permite al usuario comprender que el supuesto entrevistado no existe y que la entrevista nunca ocurrió, sino que puede ser percibido como que sufrió alguna leve edición, agregado de filtros u otros elementos que permiten las aplicaciones de IA.
Los primeros contenidos identificados fueron publicados en marzo, varios meses antes del inicio oficial de la propaganda electoral. La cantidad aumentó desde junio y se concentró especialmente durante julio y la primera mitad de agosto. La investigación no encontró indicios de que las cuentas responsables tuvieran vínculos aparentes con las campañas de Lula o Flávio Bolsonaro. Muchas pertenecían a perfiles dedicados a producir videos con inteligencia artificial, incluidos aquellos que simulaban podcasts.
Esto no significa que el fenómeno carezca de consecuencias electorales. Según los especialistas consultados por Aos Fatos, la utilización de personajes ficticios para presentar declaraciones de voto puede fabricar artificialmente la percepción de que existe un determinado sentimiento entre los electores.
“Un video que simula un elector que no existe y atribuye a ese personaje ficticio una declaración de voto no es solo propaganda: es la fabricación de un hecho social que nunca ocurrió”, explicó Leandro Petrin, especialista en derecho electoral, según consignó el medio brasileño.
Qué dicen las reglas electorales brasileñas
El uso de inteligencia artificial en la campaña electoral brasileña está regulado por el Tribunal Superior Electoral (TSE). La Resolución 23.610/2019 prohíbe el uso electoral de contenidos sintéticos de audio o video que creen o manipulen la imagen o la voz de personas vivas, fallecidas o ficticias cuando se utilizan para favorecer o perjudicar candidaturas.
Por lo tanto, la prohibición no se limita a los llamados deepfakes en los que una persona real aparece diciendo o haciendo algo que nunca ocurrió, sino que también alcanza la creación de personajes inexistentes cuando se los utiliza con fines electorales.
Esto no implica que cualquier contenido creado con inteligencia artificial sea ilegal. La normativa distingue entre los usos permitidos de estas herramientas y aquellos destinados a beneficiar o perjudicar una candidatura. Por eso, para determinar una infracción se debe analizar el contenido, su finalidad y las circunstancias de su producción y difusión.
Además, el hecho de que un contenido haya sido publicado por un tercero y no por una campaña política no elimina necesariamente la responsabilidad. Según Petrin, los perfiles que producen y difunden estos materiales pueden responder civil y penalmente por sus contenidos. Sin embargo, cuando no existe una conexión comprobable con una candidatura, resulta más difícil aplicar las sanciones electorales más graves, como multas a los candidatos o la pérdida de un registro.
La dificultad aumenta cuando se intenta determinar si una publicación fue realizada espontáneamente por un simpatizante o si existe coordinación, financiación o conocimiento previo de una campaña. Si se demuestra la participación de una candidatura, el caso puede adquirir una gravedad mayor y eventualmente ser analizado como abuso de poder o uso indebido de los medios de comunicación.
Aos Fatos envió los 50 videos identificados a Tik Tok para su análisis y resolución, y esa plataforma informó que eliminó todos los contenidos señalados porque violaban sus reglas sobre medios manipulados y contenido generado mediante inteligencia artificial.
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