En 1959 debutó con Dalton Rosas Riolfo en Tierra de campeones por CX 24 La Voz del Aire y desde entonces pasó por varias emisoras hasta recalar en Radio Fénix, en la que se mantuvo hasta el final de su carrera como relator. Tras el fallecimiento de Casco, en 2006, la radiotelefonía uruguaya -así le gustaba decirle a él- perdió a una de sus voces más originales, la primera que se animó a desacralizar las transmisiones deportivas con toques de humor, que hicieron de aquellos relatos un objeto de culto y ahora pueden disfrutarse en un blog* que evoca su figura.

La idea de hacer un blog en homenaje a Casco fue de Pablo Dugrós, un viejo oyente de radio que tiene 43 años y comenzó a escuchar las transmisiones del periodista a través de las ondas de CX 40 Radio Fénix en 1987, un hábito que mantuvo hasta que Casco abandonó el relato, a comienzos de este siglo. En ese momento advirtió que no tenía nada grabado de aquellas transmisiones radiales y desde entonces se propuso conseguir audios de sus relatos. Una de sus primeras acciones consistió en dirigirse a Radio Fénix en procura de ubicar algunas grabaciones: “Mi primera impresión fue que estaba en una catacumba. Me atendió la secretaria y le comenté que precisaba archivos, ella me miró como si le estuviese pidiendo audios de Orson Welles”, cuenta Dugrós. Sin embargo, la magia de la radio hizo que apareciera en escena el operador Miguel Bobbio (responsable del legendario programa El fantasma de la discoteca), quien le aseguró que contaba con un casete con grabaciones de Casco.

Atento, Casco

• “Con ser buenos muchachos no arreglamos nada. Hay tantos buenos muchachos... Aquellos muchachos, ¿se acuerda? Los muchachos del 73 para adelante. Ahora todo el mundo les quiere dar caza a los muchachos, eran buenos, decían, pero hay que demostrarlo”. • “Va uno para afuera, una verde para [Enrique] Peña. ¡Qué cosa bárbara este Peña, cómo golpea este muchacho! Muchacho tranquilo, que atiende una biblioteca. Un hombre dedicado a la lectura, a la meditación, incluso es del culto Babalú, culto que requiere mucha sobriedad. Se olvidó del culto y le pega en el culto a todo el mundo, Tito [Bernardo]”. • “Tengo cosas de viejo. El otro día estaba con unos amigos que me cargaban como locos porque en vez de decir jean dije far west… Gilún, gilastrún, todo eso que se decía antes, esas palabras de Carlitos Gardel que se usaban, tan añosas. ¿Usted no las usa? Está en el léxico moderno, claro, usted es un hombre rockero, un hombre de la noche del rock, Tito. • “¡Andá! Jugaste bien, Marcio, te estás comprando una casita allá en Río, podés ir a Copacabana todos los días; no hagas macanas. Tito, después lo llevan preso, la mujer lo está esperando, una mulata brasileña… Tá bein. ¿Querrá llevarse a uno para allá porque hacen convivencia con muchachos? Ah, no, perdonemé”. • “¡Goool uruguayo! [Daniel] Fonseca. Menos mal, papafrita, que hiciste un gol… Le doy el mérito del gol a Paz porque el otro me cae gordo como tipo”. • “Peñarol los partidos que jugó en Belvedere últimamente los perdía. Perdió y empató y tuvo gran trabajo en Belvedere para obtener puntos. Con ese criterio, el cumpleaños de mi hijo la semana que viene en vez de hacerlo en mi casa lo hago en la del vecino porque es mejor. ¿Usted sabe lo que es estar en la casa con la torta, lo que implica meter los dedos en la torta y comer todo el dulce de leche, porque es la casa de uno? [golpeándose el pecho]”.

Comenzó a subir esos audios a la web, primero en un perfil de Facebook y posteriormente diseñando un blog. La colaboración de los hijos del relator fue fundamental para rescatar la mayor parte de estos archivos: “Uno de ellos tenía un bolso lleno de casetes con relatos de Casco, unos 15 partidos completos, entre ellos las finales de la Libertadores que jugaron los grandes en 1987 y 1988, aparte de otros partidos inolvidables”, comenta Dugrós. Además de pasajes de los relatos de Casco en Radio Fénix, el blog cuenta con imágenes de su participación en Estadio 1, una insólita transmisión de Fórmula 1 en el SODRE durante 1974 (recordada porque Carlos Reutemann lideró toda la carrera hasta que se quedó sin nafta a falta de media vuelta) y entrevistas tanto a comunicadores que gustaban de su relato como a familiares del periodista.

¿Cómo sabe que me llamo Álvarez?

El estilo de Casco se cimentaba en cierto humor que no era frecuente durante aquellas transmisiones deportivas caracterizadas por lo solemne y grave del relato. La dupla de Casco con el comentarista Ángel Tito Bernardo establecía un pacto de complicidad con el oyente, fundado en el humor. Una suerte de Álvarez & Borges (Alberto Olmedo y Javier Portales) capaces de disertaciones insólitas, frases cargadas de doble sentido, mensajes entre líneas y valoraciones paródicas sobre las condiciones de los futbolistas más rudimentarios. De hecho, entre las frases más recordadas de Casco figura “dedicate a las ocho horas”, y fingía cierto encono con los goleros excusándose en que uno de ellos se había propasado con su hermana.

Más allá de esos pasos de comedia, sus opiniones deportivas tendían a lo equidistante y en uno de los momentos de mayor polarización en el ámbito deportivo supo repartir críticas hacia el técnico Luis Cubilla y los futbolistas por entonces denominados “repatriados”. Casco parecía vivir al margen del gran negocio; el único vínculo comercial que procuraba era con sus anunciantes, pues era el encargado principal de vender publicidad para solventar sus transmisiones. De ese modo desarrolló su carrera al margen de los grandes medios y solía estar enfrentado con los intereses dominantes. Acerca de eso Dugrós recuerda: “Si el partido era espantoso lo decía. Tengo grabaciones de relatos de Casco en diciembre que manifestaba que estaba harto de las 25 finales restantes: ‘llega el 24 de diciembre y voy a estar acá relatando, mi familia me va a matar’, decía. Hoy nos acostumbramos a que haya fútbol a toda hora y a que se transmitan casi todos los partidos”.

Otro de los aspectos que destaca Dugrós sobre el estilo de Casco es su capacidad de filtrar mensajes entre líneas que solía enhebrar durante los relatos, fundamentalmente ligados al acontecer político. Acerca de eso recuerda: “En 1987 estábamos en democracia pero algunas cosas no habían cambiado mucho respecto de la dictadura. De ahí la anécdota sobre aquellos relatos de Casco en los que muchas veces aludía a la tarjeta verde, vinculada al voto del referéndum de 1989 sobre la Ley de Caducidad. En ese entonces, cuando amonestaban a un jugador con una amarilla Casco decía: ‘tarrrrjeta verrrde’. Antes, durante la juntada de firmas relataba el partido y decía: ‘la lleva el Cascarilla [Morales], no se olvide de firmar, pica por la punta, firme…’” Casco, ex afiliado al Partido Comunista, aun así mantenía una estrambótica amistad con el pachequista Julio César Sánchez Padilla, quien lo llevó por primera vez a la televisión, a Estadio 1, y también a un Mundial, en este caso el realizado en Estados Unidos en 1994.

Durante su periplo televisivo Casco parecía encorsetado por el formato del programa y las lógicas dramáticas con las que se solía abordar el acontecer deportivo. Sin embargo, protagonizó pasajes cómicos, a menudo desarrollados en las polémicas con Jorge Crosa y Juan Carlos Scelza. También solía levantarse de la mesa, rompía vasos con una torpeza inusual y recurría a la improvisación más olmediana para desplegar su humor de doble sentido. Por encima de las diferencias que experimentaba su trabajo en radio y televisión, la consigna siempre pareció ser la misma: deconstruir el fútbol describiendo el cartón pintado y mostrando los hilos del títere. Esa deconstrucción es la materia prima de este blog que brinda una panorámica del trayecto profesional de Casco, uno de los relatores más originales que tuvo este país.

Escuchar aquellos relatos revaloriza el lugar del humor como parte del juego y recuerda ese atractivo que puede tener una transmisión deportiva volcada a lo cómico. En especial para aquellos aficionados que no tienen un interés directo en el resultado del encuentro, pero que aun así mantienen encendida la radio por el morbo de saber cómo le fue al otro equipo o por ese hábito de escuchar fútbol, pero en este caso con el diferencial del humor. Algo que experimentaban las transmisiones de 13 a 0 con las intervenciones de los personajes de Andrés Reyes, fundamentalmente Lubo Adusto, que desarrolló un espacio titulado “Coqueto escenario”. Ahora el humor está presente en las transmisiones deportivas a partir del chicaneo entre los periodistas o los chistes internos, pero no como una forma de parodiar la actualidad futbolística. La desaparición de esas pinceladas de humor en algunas transmisiones resta matices a las propuestas y no colabora en la desdramatización de los espectáculos deportivos, eventos tan polisémicos que caben en aquellos relatos de Casco.

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