Singapur es uno de los países más pacíficos del mundo, pero decidió recientemente entrar en guerra tras los reportes de múltiples ataques sufridos por sus ciudadanos. ¿El arma elegida? Escopetas para disparar a los invasores.

Para darle un aire aún más macabro a todo el asunto, en algunos parques de este país asiático se observan cadáveres de los enemigos colgando cabeza abajo. Es una imagen chocante pero engañosa. Los cuerpos son réplicas de plástico y los invasores no son soldados de potencias extranjeras, sino ejemplares de una especie muy inteligente: el cuervo doméstico o indio (Corvus splendens). Los proyectiles de las escopetas, sin embargo, son muy reales y en ocasiones han llegado a impactar contra viviendas.

Singapur estuvo en guerra contra este cuervo durante muchos años, pero había “depuesto” las armas en 2020. ¿Por qué retomarlas en marzo de 2026? Debido al aumento de reportes de ataques de cuervos a ciudadanos. Conviene aclarar que este cuervo no es gratuitamente agresivo con las personas. Suele reaccionar cuando los humanos pasan cerca de sus nidos, y como esto ocurre en parques y plazas públicas, los encontronazos son bastante frecuentes.

Los ataques no llegan a niveles hitchcockianos, como podría temer alguien que recuerde la macabra escena de Los pájaros en la que los cuervos se lanzan sobre niños de una escuela, pero son molestos. Por lo general rozan la cabeza o la espalda de los transeúntes con sus garras y ocasionalmente dan algún picoteo admonitorio.

En cuanto a las réplicas colgantes de los cuervos muertos, son parte de un plan piloto usado ya en Estados Unidos, que intenta prevenir que se formen grandes grupos de estos animales.

Los cuervos indios son perseguidos por otros “crímenes” en Singapur y en muchos otros países, por ejemplo, debido al daño que provocan a especies nativas y aves de corral, su impacto en cultivos como el maíz y el sorgo, y su rol potencial como transmisores de enfermedades que afectan a los humanos.

Como suele ocurrir en estos casos, la historia es más compleja y el cuervo no es el verdadero villano. Es originario del subcontinente indio, pero ha llegado a Singapur y a muchos otros sitios con ayuda humana, tanto voluntaria como involuntaria. La historia suena familiar, porque en las invasiones biológicas el humano es ese animal que tropieza mil veces con la misma piedra.

En el siglo XIX fueron introducidos en Malasia, Zanzíbar y Yemen para combatir las orugas que dañaban los cultivos, pero a los cuervos les terminaron gustando mucho más los ambientes urbanos, donde la basura les proporcionaba comida en abundancia. De allí llegó a Singapur y otros países como polizonte en barcos y, libre de amenazas en su nuevo entorno, se reprodujo explosivamente. Esto no ocurre en su lugar de origen, donde las poblaciones de esta especie son controladas por varios factores naturales, entre ellos, el parasitismo en sus nidos provocado por otra ave, el koel asiático (Eudynamys scolopaceus).

Los cuervos indios han viajado en barco más que un naturalista del siglo XIX. Este medio de transporte fue el que les permitió establecerse desde entonces en Europa, Medio Oriente, África Oriental, el este de Asia, las islas del Índico, Australia, Estados Unidos y algunas islas centroamericanas. En varios países se han vuelto un problema serio, como muestra lo ocurrido en Singapur y otros casos más extremos como el de Kenia, que planea matar al menos un millón de estos cuervos para mitigar su impacto sobre la biodiversidad y la producción.

Aún no se han establecido en Sudamérica, pero hay indicios preocupantes. De eso trata justamente un reciente trabajo del biólogo brasileño Calel Passarelles, que registra una muy reciente aparición de esta especie en Río de Janeiro y rastrea avistamientos en Brasil, Argentina y Uruguay. Para entender el alcance de la amenaza, hablan tanto Calel como el biólogo local Washington Jones, encargado de la colección de aves del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) y gran apasionado por los cuervos.

De aquel marinero bengalí

Para Calel, todo comenzó con una vocalización similar a un “cra-cra” que escuchó durante un monitoreo de fauna en abril de 2025, cerca del puerto de Itaguaí, en Río de Janeiro. Aquel graznido no lo tomó por sorpresa porque estaba allí siguiendo una pista sugerida por dos de sus colegas.

Poco después, observó al autor de ese crá-crá en vuelo posándose en un árbol en una zona de manglares, a pocos metros de la playa. Para su preocupación, comprobó que la pista era acertada y que aquel individuo ruidoso era un cuervo, un animal exótico.

En una segunda incursión por el lugar pudo fotografiar al animal en un pequeño pueblo de pescadores que hay en la zona. Su preocupación aumentó cuando posteriormente comprobó que se trataba de un cuervo indio, de reputación temida y a miles de kilómetros de las poblaciones más cercanas de la especie.

“Es probable que estuviera explorando el lugar debido al descarte de pescado”, cuenta Calel. Esa es justamente una de las características que ha convertido a esta especie en una invasora tan eficiente. Es omnívora y prospera con nuestros desechos. De hecho, hoy en día todas sus poblaciones están ligadas a asentamientos humanos.

Inquieto por la aparición de este polizonte potencialmente tan problemático, Calel decidió hacer un registro de su avistamiento e indagar de paso en otros reportes ocurridos en la región. Una golondrina no hace verano y un cuervo no hace una invasión, pero unos cuantos pueden comenzar un gran lío.

Hizo una búsqueda de imágenes en plataformas ciudadanas en línea, como eBird y iNaturalist, para identificar otros reportes en Sudamérica. Además, buceó en antecedentes de trabajos anteriores.

El ejemplar que observó y fotografió cerca de Río de Janeiro no es el único que ha aparecido en los últimos años. Cerca de esa ciudad ya hubo reportes en 2014 y en 2016, este último muy próximo al área protegida Guapimirim, donde al menos un individuo fue visto en forma regular durante un año. En 2016 también hubo avistamientos en Itaipuaçú (Río de Janeiro) y en el puerto de Tubarão, en Vitória. La búsqueda de Calel mostró que la especie ha seguido apareciendo en localidades de Brasil desde entonces, con reportes en 2021, 2023, 2024 y 2025.

El problema no es solo brasileño. Su artículo revela avistamientos de esta especie en Argentina (en 2022 y 2023) y en Uruguay (en 2022). En el caso de nuestro país, la búsqueda en eBird y iNaturalist mostró registros en Montevideo, Rocha y especialmente Maldonado, aunque se supone que las numerosas fotos tomadas en este último departamento corresponden a un mismo ejemplar. Allí el cuervo fue fotografiado por varios especialistas locales de aves, pero no ha vuelto a ser reportado en esas plataformas desde entonces.

Tampoco puede descartarse que el protagonista de los reportes en los tres departamentos de Uruguay sea un solo individuo. El cuervo fue fotografiado a comienzos de marzo de 2022 en Montevideo, luego en mayo y junio en Maldonado, y finalmente en agosto y setiembre en Rocha (aunque también hay algún reporte en Maldonado en esos meses). Esta secuencia cronológica va en sintonía con la hipótesis de Calel sobre la probable vía de introducción de los ejemplares que han aparecido en Sudamérica.

Cuervo indio en El Tesoro, Maldonado.

Cuervo indio en El Tesoro, Maldonado.

Foto: Mauricio Silvera (NaturalistaUy)

Cría cuervos y te subirán al barco

“La mayoría de los avistamientos confirmados en América del Sur se encuentran a menos de 25 km de puertos importantes, lo que respalda la teoría de introducciones relacionadas con el transporte marítimo”, señala el artículo.

Según Calel, este cuervo es una especie que explora intencionalmente el ambiente marino para aprovechar los restos de pescado dejados por las gaviotas. “En este contexto, los barcos amplían su capacidad de dispersión; su introducción a través del transporte marítimo es un proceso bien documentado”, aclara.

El biólogo local Washington Jones coincide en que el o los cuervos avistados en Uruguay llegaron de este modo. “Cuando vi los registros pensé enseguida en que se trataba de un polizonte de barco, porque no es una mascota común como para suponer que haya escapado de alguna jaula. Y es un animal grande, con buena capacidad de vuelo; si un barco se acerca a la costa puede salvar bien esa distancia”, dice.

Considera que su entrada al país fue por el puerto de Montevideo y no por Maldonado o Rocha, porque estas aves suelen trasladarse en barcos grandes, capaces de atravesar el océano y con paradas en puertos de gran calado. La citada cronología de los reportes en Uruguay respaldaría esta idea, con uno o varios ejemplares que aparecieron primero en Montevideo y se fueron moviendo luego hacia el este hasta desaparecer (al menos de los reportes disponibles online).

Aunque lo deseable sería que se tratara de un solo ejemplar, Washington no descarta que hayan llegado más. “Es un bicho súper social, entonces si hay uno que se sube a curiosear a un barco, es muy posible que tres o cuatro más lo sigan”, aclara. Y a mayor número de individuos, como parece estar ocurriendo en Brasil, mayor el riesgo.

“Cada nuevo registro de la especie en el continente americano es motivo de preocupación. Si encuentra condiciones adecuadas para reproducirse, su dispersión se ve facilitada. El aumento en el número de individuos eleva la probabilidad de encuentro entre machos y hembras, que podría favorecer el establecimiento de la población”, advierte Calel. Que sean animales longevos, que pueden vivir 15 años, complica aún más la situación.

El artículo aclara que, “de acuerdo con las experiencias de países como Malasia, Kenia e Israel, una vez establecida la especie, controlarla se vuelve extremadamente difícil”. Con la aparición de estos ejemplares que enumera el artículo, ¿cuál es el riesgo real para los países de la región?

Counting crows

Como el cuervo indio tiene una capacidad de dispersión y adaptación tan grande, el establecimiento de una población de esta especie en cualquiera de los países del Cono Sur sería una pésima noticia también para sus vecinos.

Según el artículo, “los modelos ecológicos muestran una alta idoneidad de la especie en áreas costeras y urbanas, y Brasil presenta un potencial de expansión particularmente alto en comparación con otros países de Sudamérica”.

Para Washington, el clima uruguayo también resulta ideal para esta especie (tolera climas muy extremos en su propio lugar de origen), pero es difícil estimar el riesgo real que representan unos pocos ejemplares. Su aparición, sin embargo, es un llamado de atención.

“Formar una población estable de este tipo de animales requiere varios individuos no emparentados, para evitar problemas de endogamia. Estamos en una etapa en la que este cuervo ha llegado a diferentes puntos de América, pero no hay información clara de lo que está sucediendo o puede suceder”, sostiene.

Tampoco sabemos qué problemas ocasionaría el cuervo indio en Uruguay en caso de establecerse. Tiene un prontuario criminal bastante frondoso, pero las especies no reaccionan igual en todos los ambientes y contextos. ¿Se convertirá en un vándalo con los humanos, como en Singapur y Kenia? ¿Hará bullying a aves nativas y se comerá sus huevos, como pasa en Malasia, Tanzania y otros países? ¿Transmitirá enfermedades, como en Yemen? ¿O no tendrá efectos graves?

“No se puedn hacer predicciones al vuelo. Sabemos que es un ave agresiva y que mata otros pájaros, que ocupa sus lugares, que come basura y carroña, pero no sabemos qué efectos causaría acá. La llegada de algo nuevo siempre es peligrosa por la impredecibilidad que tiene. Hay que tener cuidado, claro, y trabajar para impedir que entre un ave de este tipo”, asegura.

No tenemos ejemplos de invasiones de cuervo indio en países cercanos y parecidos al nuestro que nos permitan tener una idea aproximada de los efectos negativos. Distinto es el caso de la posible invasión de los visones, que ya han provocado impactos catastróficos en Chile y Argentina.

El artículo también apunta en el mismo sentido que Washington. Llama a reforzar la vigilancia en los puertos y estar atentos a los reportes para que los ejemplares puedan ser atrapados.

“Se puede implementar estrategias de bajo o ningún costo, como el monitoreo pasivo mediante la difusión de información a los trabajadores portuarios, o colocar imágenes de la especie en lugares de gran circulación con el mensaje ‘avísenos si ve a este animal’ puede aumentar la probabilidad de detección temprana”, agrega Calel.

Una vez establecido este cuervo en un nuevo lugar, la lucha contra él es cara, a menudo ineficiente y también abre una discusión moral al respecto.

Cuervo indio en El Chorro, Maldonado.

Cuervo indio en El Chorro, Maldonado.

Foto: Adrián Antúnez (NaturalistaUy)

Qué cobrás, cuervo

“En algunos lugares son muy drásticos con la aparición de este cuervo, hacen eutanasia y listo”, dice Washington. Como ya hemos visto, en Singapur directamente les disparan y en países como Kenia y Yemen se los envenena en masa.

“A mí este tipo de medida no me agrada, sobre todo porque se está matando a un ser vivo con una capacidad cognitiva impresionante, además de que la responsabilidad no es del animal”, agrega.

Los cuervos, dice Washington, “son los primates de las aves”. “Tienen una gran capacidad social y relaciones interindividuales súper complejas. Hacen estrategias para cazar y son capaces de anticiparse a otros seres vivos. Tienen una suerte de ‘teoría de la mente’, que les permite inferir lo que piensan otras especies con las que interactúan, no necesariamente aves”, agrega.

Es buen momento para aclarar que en Uruguay no vive ninguna especie de cuervo, si nos atenemos a la definición más restrictiva que considera cuervos solo a las especies del género Corvus. Sí tenemos integrantes de la familia que incluye a los cuervos (Corvidae), como las urracas, y les decimos “cuervos” a tres especies de buitres americanos, porque a los colonizadores europeos que llegaron aquí les hicieron recordar a sus cuervos.

La apreciación de Washington sobre la inteligencia de los cuervos alude a las especies del género Corvus, pero la evidencia respalda lo que dice sobre el cuervo indio (Corvus splendens) específicamente. Esta especie está entre las que han logrado pasar la “prueba del espejo”, como se llama a un test que busca establecer si un animal es capaz de reconocerse a sí mismo en el reflejo de un espejo (lo que, para algunos, es una forma de medir si tienen autoconciencia).

La prueba tiene sus limitaciones, pero cuenta con la ventaja de ser bastante sencilla: a los animales se los marca (cuando están anestesiados) con una mancha que solo pueden observar en un espejo. Se considera que “pasan la prueba” aquellos que intentan remover o manipular la mancha observando su reflejo, del mismo modo en que nosotros intentaríamos limpiarnos algo de la cara con ayuda de un espejo.

Además, esta especie es capaz de usar herramientas, por ejemplo, palos, para extraer comida, y de apagar ex profeso lámparas de aceite para consumir artículos de su interior, como han mostrado observaciones corroboradas por sendas investigaciones.

Espantacuervos

Entonces, llegado el caso, ¿seríamos capaces de matar en masa animales sociables y que demuestran una inteligencia práctica superior a la de algunos niños pequeños? ¿Sería justificado hacerlo para salvar a otras especies que habitan nuestro país, algunas en peligro de extinción? ¿O para impedir perjuicios económicos a la producción? ¿Qué lo justificaría? Algunas de estas preguntas no tienen respuestas sencillas, como suele ocurrir en el terreno de la ética animal. Son también pertinentes, aunque el cuervo indio no se haya establecido aún en Uruguay. Las cotorras también son inteligentes, y son nativas, pero Uruguay aprobó recientemente el uso de venenos potentes para exterminarlas.

Para Washington, es muy importante estar alerta ante la aparición de ejemplares de esta especie para intentar atraparlos y aislarlos. “Creo que la gente que actúa en control de invasoras debe trabajar en esto para prevenir y también para intentar entender cómo se están moviendo los individuos detectados en la región y cuántos son”, dice.

Si aparece algún otro ejemplar en Uruguay, matarlo en realidad no sería muy bueno porque “no ayudaría a responder las preguntas que debemos hacernos”, aclara. En un mundo ideal, por ejemplo, lo mejor sería atraparlo y colocarle un dispositivo de rastreo.

Por lo pronto, será fundamental la nutrida y apasionada comunidad de especialistas y avistadores de aves en Uruguay, que ya en 2022 registró muchísimas fotos de esta especie, para alertar sobre la llegada de nuevos individuos.

La atracción de cuervos y humanos parece mutua, a juzgar por lo mucho que se han servido de nosotros para prosperar y la gran importancia que el folclore humano les ha adjudicado desde hace miles de años.

En muchas culturas, desde la china a la india, los cuervos han sido tanto un símbolo como portadores de profecías. Quizá aún lo sean si tenemos en cuenta su asociación con el hiperconsumo de la vida moderna, la basura y las metrópolis superpobladas.

En Uruguay, lo mejor que podemos esperar es que la presencia ocasional de esta ave en tiempos recientes sea, citando a Edgar Allan Poe y su famoso poema “El cuervo”, “algún visitante tardío que suplica entrar [...] Eso es todo y nada más”.

Artículo: The arrival of the house crow (Corvus splendens) in Brazil: An unwelcome presence and the need for immediate control measures
Publicación: Ornithology Research (marzo de 2026)
Autor: Calel Passarelles.