Saltar a contenido
Ciencia Investigación científica
Mesetasaurus protector. Ilustración de Merlina Ramírez

Mesetasaurus protector. Ilustración de Merlina Ramírez

Artigas en la meseta paleo: describen nueva especie de dinosaurio del Cretácico de Paysandú y lo bautizan Mesetasaurus protector

Gracias a dos vértebras fósiles encontradas en la Meseta de Artigas hace más de 40 años, paleontólogos de Facultad de Ciencias dan otro heroico paso paleontológico al definir la segunda especie de dinosaurio reportada a partir de fósiles de nuestro país luego del famoso Udelartitan celeste

Nuestro periodismo depende de vos

Si ya tenés una cuenta Ingresá

Para alguien que se fascina con la paleontología, el estudio de la vida del pasado de nuestro planeta, es tan difícil comenzar esta nota como lo sería para quien se dedica al periodismo deportivo si Uruguay hubiera salido campeón del presente Mundial de fútbol. ¿Debería usar frases llenas de signos de exclamación que desborden orgullo, alegría y ganas de gritar a los cuatro vientos lo maravilloso de lo que acaba de pasar, o debería conservar la postura y describir detalladamente los hechos?

¡¡¡Uruguay nomá!!! ¡¡¡Se acaba de describir la segunda especie de dinosaurio a partir de fósiles del paisito!!! ¡¡¡José Artigas tiene su primer dinosaurio!!! ¡¡¡Qué lujo los paleontólogos que tenemos en este pequeño y bendito país!!! ¡¡¡Qué maravilla el titanosaurio Mesetasaurus protector con sus 80 millones de años y sus diez metros de largo!!! ¡¡¡Gracias suelo sanducero con tus sedimentos del Cretácico Tardío por regalarnos no solo la primera especie de dinosaurio, el Udelartitan celeste en 2024, sino ahora también al Mesetasaurio protector!!! ¡¡¡Qué genial la gente que encuentra fósiles y los dona para que sean estudiados!!! ¡¡¡Ahora quedamos terceros en el podio del Campeonato Sudamericano de Géneros de Dinosaurios!!! ¡¡¡Vamo la paleontología celeste, qué no ni no!!!

Ejem. Perdón. Es que si bien en los últimos tiempos esto pasa cada vez más seguido ––los cinco únicos géneros de dinosaurios conocidos para Uruguay se describieron todos entre 2020 y el corriente 2026: Torvosaurus y Ceratosaurus en 2020, Aeolosaurus en 2021, Udelartitan en 2024 y ahora el nuevo Titanosaurio aeolosaurino– uno jamás se acostumbra a lo espectacular que es agregar una nueva especie a la historia de la vida de la Tierra, y más aún si se trata de ese grupo de reptiles particulares que despiertan tanta fascinación entre peques y grandes. Así las cosas, la publicación del artículo Un nuevo Aeolosaurini (Sauropoda, Titanosauria) del Cretácico Superior de Uruguay provoca un tsunami de emociones difícil de controlar.

Al mirar quiénes son los autores del trabajo, no sorprende que lleve las firmas de Matías Soto y Daniel Perea, del Instituto de Ciencias Geológicas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, y Felipe Montenegro, del Museo Nacional de Historia Natural. Junto a distintos y distintas colegas, tanto de acá –Valeria Mesa y Pablo Toriño– como del extranjero, en todos los otros artículos que se reportan géneros de dinosaurios para Uruguay participaron al menos dos de estos tres paleontólogos. Los tres autores forman parte del núcleo central de nuestra dinosaurología.

Así que más rápido de lo que la gurisada tarda en decir cinco especies de dinosaurios, demostrándonos que no hay palabras difíciles, sino más bien algunas más interesantes que otras, salimos al encuentro de Matías Soto y Felipe Montenegro para hablar del Mesetasaurus protector, la nueva especie y género de titanosaurios para el Cretácico Superior de Uruguay.

Un turista, un dinosaurio

Como siempre sucede, para conocer a una nueva especie de animal extinto son necesarios fósiles. Y estos tienen su historia.

Las dos vértebras caudales con las que los tres paleontólogos describieron la nueva especie fueron recolectadas por Guillermo Sena y Daniel Montano en la década de 1980. Ambos habían ido junto a sus parejas a conocer la Meseta de Artigas. Curioseando y disfrutando del paisaje, bajaron al pie de la meseta para pasear junto al río Uruguay. Los fósiles no tienen ojos, pero podríamos pensar que la vértebra de 80 millones de años les hizo una guiñada a Daniel y Guillermo, porque al pasar su vista por el barranco la vieron y decidieron rumbear hacia ella. Al acercarse, ¡booom! ¡Había otra vértebra fósil al lado! Como buenos amigos, se repartieron el botín: cada cual se llevó una vértebra para su casa, felices por el hallazgo a pesar de que ignoraban que aquellos dos fósiles, más de 40 años después, permitirían describir una nueva especie de dinosaurio herbívoro para la ciencia, la segunda en ser nombrada por paleontólogos de Uruguay. Ir a conocer un lugar y dar con fósiles así de relevantes es como sacar el premio mayor de la lotería habiendo jugado una única vez en la vida.

“Son esas cosas que se dan por azar. Los ayudó que en esa época el barranco estaba expuesto y era más fácil encontrar fósiles. Hoy la parte donde encontraron las vértebras está tapada de vegetación”, comenta Felipe Montenegro. “La Meseta de Artigas tiene todo un murallón donde todavía se puede ver la roca de la Formación Guichón, pero no es allí donde encontraron las vértebras”, agrega.

La nueva especie de dino uruguayo probablemente nunca se hubiera conocido de no ser por la paleontóloga y geóloga Valeria Mesa, que entre otras cosas realizó un estudio minucioso del trillo de huellas de dinosaurios a las afueras de la ciudad de Tacuarembó, sitio donde hoy hay un museo a cielo abierto que puede visitarse. En 2024, su amiga Ana Facelli, docente de Comunicación Visual en el Liceo 1 de Barros Blancos, participó en una jornada de bienvenida de los primeros años del laboratorio de Biología. Allí los profesores Gonzalo Curuchaga y Marta Presno le mostraron un fósil que parecía ser de un perezoso gigante, pero tenían dudas. La red del en-Uruguay-nos-conocemos-todos se puso en acción.

Ana les contó que tenía una amiga que estudiaba fósiles. Los docentes le enviaron a Valeria fotos de la mandíbula, y ya que estaban, también de la vértebra de la Meseta de Artigas que Guillermo Sena había donado al liceo y que, según entendían, era de un saurópodo. Cuando Valeria vio la vértebra del dinosaurio, contactó de inmediato a sus colegas Daniel Perea, Matías Soto y Felipe Montenegro, con quienes ya había descrito, gracias a vértebras similares, la presencia en Uruguay de los Aeolosaurus.

Daniel, Matías y Felipe tomaron entonces la posta con la dinoobsesión que los caracteriza.

Matías Soto y Felipe Montenegro.

Matías Soto y Felipe Montenegro.

Foto: Alessandro Maradei

Entran los dinoquiroprácticos

Cuando Matías vio las fotos de la vértebra caudal donada por Guillermo Sena al liceo de Barros Blancos, se le cayó la mandíbula: si bien era parecida a muchas vértebras de aeolosaurinos, un grupo de titanosaurios dentro de los que están los Aeolosaurus, tenía diferencias como para pensar que estaban ante una nueva especie. Así que hasta allá fueron, y los docentes de biología les donaron el material para que le hicieran todas las preguntas paleontológicas pertinentes.

“Ya habíamos comenzado a escribir el artículo cuando nos dijimos de hacer un esfuerzo por conseguir la otra vértebra”, cuenta Matías. “Le escribimos a Guillermo a ver si su amigo aún la tendría, así que nos pasó el contacto de Daniel Montano”, dice Felipe con el embale que un pibe tendría ante la posibilidad de conseguir la figurita de Messi para el álbum del Mundial. Como respuesta recibieron un “sí, la tengo”, así que rajaron a su encuentro. ¡Bingo! La nueva vértebra caudal ampliaba lo que ya habían visto.

“Si bien no están a muchas vértebras de distancia una de otra, presentan diferencias que nos dieron mucha más información y datos para describir la nueva especie”, dice extasiado Matías, que junto a Felipe son ahora nuestros dinoquiroprácticos: se han especializado en sacarles secretos a las vértebras de estos fabulosos animales.

La primera vértebra caudal que habían comenzado a estudiar era la sexta o séptima. En la colección de fósiles de vertebrados de la Facultad de Ciencias ahora se identifica como el fósil FC-DPV 3740B. “Al verla me dije que si no era un aeolosaurio pegaba en el palo”, dice Matías. “No era como la del udelartitán ni la de otros dinosaurios cretácicos de Uruguay. A la que se parecía más era a la del Aeolosaurus de Young, pero tenía sus diferencias. La de Young es bien cóncava de abajo, pero esta no lo es tanto, por decir una”, apunta.

“Para Matías ya estaba claro que era un nuevo género de dinosaurio, pero yo tiendo a ser más escéptico, trato de ser un poco más conservador. Teníamos una vértebra, que era de un aeolosaurino seguro por la forma, y poco más. Pero Matías insistía en que para él estábamos ante un género nuevo”, cuenta Felipe, que entonces decidió acompañar. “Le dije de probar, seguro que cuando viniera el arbitraje del borrador del artículo nos iban a decir que nos fuéramos a robar a los caminos, que con una vértebra no nos iban a dejar describir un género y una especie nueva, que lo dejáramos como un aeolosaurino y punto”, narra Felipe.

“Ante eso, siempre pongo el ejemplo de un dinosaurio argentino que fue descrito con un fragmento de hueso postorbital. ¡Dos vértebras eran más que un postorbital!”, se defiende retroactivamente Matías. “Cuando aparece la segunda vértebra, nos da un montón de información, y ahí el trabajo empezó a tomar otra fuerza”, cuenta Felipe, sintiendo que con ella ya no les dirían que fueran a robar a los caminos.

El fósil que les donó Daniel se ubicaba un poco más adelante del que les había dado Guillermo: se trataba de la tercera vértebra caudal. Y el esfuerzo por dar con ella pagó: “Esa vértebra, además de dar más información, nos proporcionó el único carácter diagnóstico de la especie, lo que se llama una autapomorfía, un carácter exclusivo de ella”, exclama Matías.

En efecto, al estudiarla para la publicación notaron que la tercera vértebra caudal tenía una característica diferente a la de todos los demás aeolosaurinos. “Tenía la fosa ciega ubicada bien hacia atrás, tocando el borde del cóndilo. Sin esa fosa ubicada allí hubiéramos tenido que recurrir, como hicimos con el Udelartitan, a una combinación singular de caracteres, o sinapomorfías”, agrega.

Como la segunda vértebra estudiada se ubicaba más adelante, y encima cuenta con este carácter diagnóstico, pasó a ser la primera en la colección de la Facultad de Ciencias: hoy es el fósil FC-DPV 3740A.

En el trabajo definen al nuevo género de aeolosaurino como Mesetasaurus y describen la combinación de caracteres única de sus dos vértebras caudales. Pero al hablar de esa “fosa ciega ovoide situada debajo del eje anteroposterior del cuerpo vertebral y muy cerca del cóndilo”, la marcan con un asterisco que indica una “potencial autopomorfía”, es decir que cualquier otra tercera vértebra caudal que se encuentre de estos aeolosaurinos que la presente nos indicaría que estamos ante un Mesetasaurus.

Estimación de tamaño de _Mesetasaurus_ y en rojo vértebras halladas. Ilustración: Soto y otros 2026

Estimación de tamaño de Mesetasaurus y en rojo vértebras halladas. Ilustración: Soto y otros 2026

El trabajo que publicaron nuestros tres paleontólogos confirma pues, científicamente, aquella primera impresión que tuvieron al ver la vértebra del liceo de Barros Blancos: los rasgos y caracteres descritos al detalle fueron colocados en una matriz y comparados con los de todas las vértebras conocidas de dinosaurios cretácicos de la región. Tras el análisis numérico y desapasionado, las vértebras solitas emergen como distintas al resto. “El análisis filogenético recupera el nuevo taxón profundamente anidado dentro de Aeolosaurini”, reportan.

Les pregunto, más allá de la broma de que son dinoquiroprácticos, cuánto incidió el haber estudiado a fondo vértebras de dinosaurios cretácicos para los trabajos sobre el Aeolosaurus y el Udelartitan en esto de ver una vértebra caudal y sentir que pueden estar ante una especie y género nuevo.

“Mucho. Ahora, vértebra de la cola que encontremos, de taquito podemos pensar de qué dinosaurio Cretácico podría ser. El tema es que si sale una vértebra cervical o dorsal, como nunca encontramos ninguna, vamos a tener que empezar de cero”, reconoce Matías. “También si la vértebra no hubiera sido la tercera, que es la que tiene esa fosa ciega tan especial, nos hubiera complicado para proponer un nuevo género o especie”, agrega. Como dicen, a la suerte es mejor encontrarla trabajando. Hubo fortuna, sí, pero también mucho trabajo previo.

¿Se desperfila el paleodentista?

A Matías Soto lo hemos apodado el paleodentista, porque su obsesión con los dientes jurásicos le ha permitido, junto a colegas, reportar para nuestro país los géneros carnívoros Torvosaurus y Ceratosaurus y a la familia carnívora de los abelisáuridos, así como a la nueva especie de pterosaurio Tacuadactylus luciae así como mejorar lo que sabemos del animal similar a los cocodrilos Uruguaysuchus del Cretácico. Le preguntamos si ahora no tiene miedo de estarse desperfilando: su dinoquiropraxia lo llevó, junto a colegas, a reportar al Aeolosaurus y a las dos especies de dinos uruguayos, Udelartitan y ahora el mesetasaurio protector.

Matías ríe. Entre vértebras y dientes, tiene claro quién tira más. Pero además, en breve el paleodentista se va a despegar del dinoquiropráctico: “si todo sale bien, se viene un triplete de nuevas publicaciones en base a dientes de dinosaurios”, adelanta con alegría. “Con ese hat trick de terópodos hay paleodentista para rato”, lanza entre carcajadas.

Bautizando a la dinocriatura

Convencidos de que aquello era un nuevo género y especie de dinosaurio, y con el respaldo de la evidencia estudiada, había entonces que ponerle el correspondiente nombre científico. El nombre científico de un animal consta de un binomio inseparable formado por el género, que vendría a ser el “apellido” y un segundo vocablo, el “nombre”, que distingue a la especie dentro de ese género así como el nombre de pila distingue a dos hermanos o hermanas.

La vez pasada, al nombrar al Udelartitan celeste, Felipe no había estado del todo de acuerdo con lo de celeste. Esta vez no planteó tantas objeciones al nombre propuesto por Matías. “Estoy viejo, me ablandan más fácil”, ríe Felipe. Sin embargo, como ying y yang que se complementan, la dupla llega a sanos equilibrios. Matías cuenta que la vez pasada, en las redes, recibieron muchas críticas por el nombre escogido. Algo de eso lo marcó, porque no pocas personas le habían recriminado que el nuevo titanosaurio no tuviera el sufijo “saurus”, como el famoso Tyrannosaurus rex.

“Tengo un amigo que se queja de que somos pocos creativos. Él está muy a favor del nombre Bicharracosaurus que describieron en Argentina en 2026 y quería que a nuestros dinosaurios le pusiéramos un nombre así, con esa pegada”, cuenta Felipe. En cambio, optaron por otro camino.

Valeria Mesa en barranco de la meseta donde se encontró el fósil. Foto: gentileza Matías Soto

Valeria Mesa en barranco de la meseta donde se encontró el fósil. Foto: gentileza Matías Soto

“Sabiendo que quería usar el saurus, el nombre cantado para mí era Mesetasaurus, porque los fósiles vienen de la Meseta de Artigas”, cuenta Matías. “Después para el epíteto de la especie, repasamos las cosas. Aparecieron en la Meseta de Artigas, a metros del busto de Artigas, a pocos kilómetros al sur de donde estaba el campamento de Purificación, en el río Uruguay mirando hacia la Liga Federal que concibió Artigas... no había cómo no dedicarle el nombre al Protector de los Pueblos Libres”, confiesa Matías. El Universo además parece respaldarlo: el artículo fue aceptado para su publicación el 19 de junio pasado, día del natalicio de José Artigas.

Tras barajar Protectorsaurus mesetaensis, se inclinaron entonces por Mesetasaurus protector. “Tendría que haber sido protectori, como bien marcó Daniel Perea, pero no me gustaba cómo sonaba esa última i”, comenta Matías. Si bien suena mejor, sin esa vocal es como que el ser “protector” fuera una característica del mesetasaurio, algo para lo que no tienen ningún indicio. La i final, en cambio, hablaría del mesetasaurio del Protector, es decir, del mesetasaurio de Artigas. “En este caso no hubo tanta discusión con el nombre”, dice Felipe, pero por su entonación deja ver que sí las hubo respecto de otros asuntos.

“Más o menos por ese entonces coincidió que estaba escribiendo sobre Artigas y me entré a copar con su figura, por lo que me dije que había que hacerle un homenaje mayor todavía que el que ya tenía en la paleontología con el mayor roedor más grande de todo el mundo”, dice Matías en alusión al Josephoartigasia monesi.

En la justificación del nombre elegido, el trabajo tiene un párrafo bastante largo para lo que suelen ser estas descripciones: “Protector: expresión en latín para ‘aquel que protege’. José Artigas (1764-1850) fue un héroe nacional uruguayo conocido por derrotar al ejército español en 1811 (batalla de Las Piedras), por ser seguido por los orientales en una migración tras rechazar un armisticio entre Buenos Aires y España, y por su sensibilidad hacia los más vulnerables. Fue nombrado Protector de los Pueblos Libres, es decir, líder de la Liga Federal, también conocida como Liga de los Pueblos Libres, una confederación de provincias que abarcaba lo que hoy es Uruguay y parte de Argentina. La capital de esta Liga se ubicaba a pocos kilómetros al norte del yacimiento fósil. Cerca del sitio, en la cima de la Meseta, se encuentra un gran busto de Artigas”.

“Era más largo. Felipe me lo hizo cortar”, se queja Matías. “¡Era un artículo de paleontología, no de historia! Tenía frases y todo, como ‘Los más infelices serán los más privilegiados’. Era el doble de largo, le pedí por favor que lo acortara”, dice entre risas Felipe. Sin embargo, el dedicarle el dinosaurio a Artigas sí le convencía. “Que cerca estuviera la Meseta de Artigas ya nos daba como para tirar el nombre por ese lado”, reconoce Felipe. “Por otro lado, si bien Artigas no peleó por un Uruguay independiente, sino que tenía un pensamiento federalista, es una figura que une al país. Tierra y justicia social para unos, patria para otros, banderitas de Uruguay para todos”, enfatiza Felipe como justificando que de esa forma el nombre sería aceptado por casi todos.

¿Qué tan grande habría sido el dinosaurio de Artigas?

“Los aeolosaurinos tenían lo que se denomina cola protónica, una cola que en vez de bajar suavemente, lo hace con una curva pronunciada y luego se acomoda”, nos dice Matías sobre cómo se vería el Mesetasaurus.

En el trabajo no hacen una estimación de su largo o masa, pero en función del tamaño de la vértebra, Matías se anima a alimentar la fantasía de las lectoras y lectores de la diaria con un dato a verificar, pero que se basa en lo que conocemos de aeolosaurinos similares: estos fósiles de Mesetasaurus protector probablemente pertenecieron a un dinosaurio que midió entre 9 y 10 metros de largo.

No hay forma de determinar con base en estas vértebras si el individuo era ya un adulto, por lo que ya habría alcanzado su máximo tamaño, o un juvenil al que aún le quedaría tiempo para crecer. Las dos vértebras lo colocan entre los dinosaurios que rondaban la decena de metros. Su compatriota herbívoro contemporáneo del Cretácico Superior, el también sanducero udelartitán, con sus 15 o 16 metros de largo, sería entonces bastante más grande. En Río Negro, el otro género de herbívoro que sabemos que vivió en el Cretácico de nuestro país, el Aeolosaurus, también rondaba los 14 metros (si no más). Así las cosas, el mesetasaurio sería el más pequeño de los titanosaurios identificados, hasta ahora, en Uruguay.

¿Qué comerían? Los aeolosaurinos eran herbívoros. Y en la ilustración que Matías le encargó a la artista Merlina Ramírez, puede verse un detalle que, como el de su posible longitud, es también una especulación informada: uno de los pequeños mesetasaurios está por comer una palta. “Del lado argentino, en formaciones de la misma edad cretácica que la Formación Guichón, que es donde aparecieron estas vértebras, reportaron la presencia de madera del árbol de palta”, sostiene Matías. Así las cosas, el mesetasaurio podría haberse adelantado unos 80 millones de años en reconocer las bondades del consumo de ese manjar verde.

Un privilegio y medalla de bronce para Uruguay

Junto con Daniel Perea y tres paleontólogos de Argentina y Brasil (José Carballido, Max Langer y Julián Silva), Matías y Felipe nombraron la primera especie de dinosaurio propuesta para la ciencia a partir de fósiles de Uruguay. Hoy vuelven a hacerlo. ¿Se siente tan especial como cuando reportaron al Udelartitan o el segundo ya no causa tanto nervio?

Matías saca pecho. “Hasta la descripción del Mesetasaurus en Sudamérica estábamos empatados con Chile en cuanto a géneros de especies de dinosaurios descritas para cada país. Ellos tenían cuatro y nosotros también”, dice refiriéndose a los ya mencionados Torvosaurus, Ceratosaurus, Aeolosaurus y Udelartitan. “Con este género sumamos cinco y nos afianzamos como único tercero en Sudamérica, detrás de Argentina y Brasil. Así que ahora estamos en el podio con medalla de bronce”, agrega con una sonrisa de oreja a oreja. Argentina tiene más de 100 géneros de dinosaurios en su territorio, por lo que el primer puesto sería casi imposible de alcanzar. Brasil, con su gran extensión, también está bastante lejos. “Con consolidar el tercer puesto me conformo”, saca pecho Matías.

“Creo que mi niño interior está contento con lo que terminé haciendo de su vida”, dice tras reflexionar Felipe. “Decidí hacer esta carrera porque de niño me encantaban los dinosaurios. Soy un pre-paleontólogo ya desde antes de ver Jurassic Park. Y creo que todos los paleontólogos en algún momento soñamos con ponerle nombre a algo, sea un dinosaurio, una planta, un molusco. Darse el lujo de hacerlo por segunda vez está buenísimo”, agrega. Para Felipe, además, esto tiene un sabor especial. “Estoy bastante alejado de la parte académica”, dice.

Fósil vertebra Mesetasaurus protector

Fósil vertebra Mesetasaurus protector

Siendo un brillante paleontólogo, Felipe tiene que trabajar en otras cosas. “Uno siempre piensa en volver. El tema es cómo y para qué. Volver a la precariedad laboral es complicado, porque uno ya está grande y tiene que vivir de algo. Entonces es más difícil volver 100% a la ciencia”, lamenta. Así, aunque no cobre para investigar y darle vida a nuestro pasado fósil, al menos se mantiene cerca de su pasión (Felipe es colaborador honorario del Museo Nacional de Historia Natural y trabaja como técnico ambiental en un ente estatal). “Si bien no hago investigación full time, esto al menos me alienta a tener ganas de seguir, algo que por mucho tiempo no tuve”, remarca Felipe. “Así que a ese niño Felipe de hace 40 años le puedo decir que le cumplí el sueño”, desliza.

“Nombrar otra especie de dinosaurio es un sueño recontra cumplido. Ahora vamos por el tercer género nuevo”, acompaña Matías, que se muere de ganas de contar sobre otro trabajo que tienen entre manos. Luego la ve un poco difícil para describir nuevas especies de dinosaurios, salvo, claro está, que aparezcan nuevos fósiles jurásicos y cretácicos. Algunos tal vez anden por la vuelta, como los que Guillermo y Daniel habían colectado hace más de 40 años en la Meseta de Artigas.

“Nosotros apreciamos muchísimo que hayan donado las vértebras a la Facultad de Ciencias para que puedan ser estudiadas”, agradece Matías. Tanto el liceo de Barros Blancos, al que Guillermo había donado la suya, como Daniel, que la donó directamente a la Facultad, recibieron a cambio réplicas perfectas. “Hoy hablamos de ciencia ciudadana. En Uruguay hay mucha gente que colecta fósiles, y eso es fantástico. Que la gente nos diga que tiene algo raro, que nos pase fotos para tratar de ver qué es, es fundamental. Muchas cosas no las conoceríamos si no fuera por esa colaboración”, sostiene Felipe.

El tiempo no corre, salta como un titanosaurio. Un dinosaurio de hace 80 millones de años esperó con paciencia a que dos amigos fueran a la Meseta de Artigas a dar con dos de sus vértebras caudales. Un caudillo se negó a doblegarse ante las fuerzas imperiales y los traidores locales, y durante décadas luchó contra la tentación del provincialismo nacionalista. Fracasó pero dejó una huella en la historia y en la toponimia. Una profesora de liceo atenta, colegas, y una amiga paleontóloga siempre a mano, lograron en unas semanas que esos dos fósiles se encontraran con Daniel, Matías y Felipe, los dinoquiroprácticos. En un año y medio los tres estudiaron, escribieron y lograron que su artículo se publicara en una revista científica. Hoy Uruguay tiene una nueva especie de dinosaurio del Cretácico. Bienvenido, Mesetasaurus protector.

Artículo: A new aeolosaurini (Sauropoda, Titanosauria) from the Upper Cretaceous of Uruguay
Publicación: Ameghiniana (julio de 2026)
Autores: Matías Soto, Felipe Montenegro y Daniel Perea.