La localidad coloniense de Conchillas fue seleccionada por Uruguay para competir en la edición 2026 de Best Tourism Villages, una iniciativa impulsada por ONU Turismo que reconoce a pueblos rurales que logran preservar su patrimonio cultural y natural, promover formas de desarrollo sostenibles y mejorar la calidad de vida de sus comunidades a través del turismo. Los ganadores de esa distinción serán dados a conocer en el tercer trimestre del corrente año, según anunción el comité organizador.
La candidatura fue presentada por el Estado uruguayo, único habilitado para postular localidades al certamen, tras la sugerencia realizada por la comuna coloniense al respecto.
Las postulaciones son evaluadas por un comité asesor internacional independiente que analiza aspectos vinculados a los recursos culturales y naturales, la sostenibilidad económica, social y ambiental, la gobernanza turística, la infraestructura, la conectividad y la seguridad, entre otros indicadores, según detalla la página web de ese certamen.
Para participar, los pueblos deben cumplir con varios requisitos, entre ellos tener una población inferior a 15.000 habitantes y baja densidad demográfica, estar ubicados en territorios donde mantengan relevancia actividades tradicionales como la agricultura, la ganadería, la pesca o la forestación, y conservar valores y estilos de vida propios de la comunidad local.
La iniciativa, creada en 2021, busca destacar destinos rurales donde el turismo contribuya a preservar las tradiciones, proteger la biodiversidad y generar oportunidades de desarrollo para las comunidades.
Un pueblo nacido de la piedra y del capital británico
Conchillas surgió a fines del siglo XIX como consecuencia de las obras de construcción del puerto de Buenos Aires. La empresa británica Walker & Cía., encargada de suministrar arena, piedra y cal para ese emprendimiento, instaló en la zona una explotación de canteras y adquirió unas 1.300 hectáreas de tierra.
Los primeros trabajadores llegaron desde Europa para desempeñarse en las canteras. Tras las dificultades sanitarias que enfrentaron los obreros en los precarios asentamientos iniciales, la compañía resolvió construir un núcleo urbano organizado, con viviendas, servicios, vías férreas y un puerto propio.
Ese origen empresarial dejó una impronta que todavía distingue a Conchillas. Sus viviendas de piedra, los edificios de estilo británico, las calles trazadas con rigurosidad y diversos elementos patrimoniales convierten a la localidad en uno de los conjuntos históricos más particulares del interior uruguayo.
La prosperidad vinculada a las canteras se extendió hasta aproximadamente 1930, cuando se redujeron las inversiones en el puerto de Buenos Aires. Dos décadas después, los propietarios ingleses transfirieron sus bienes a la firma Capandeguy y Urrutia, que fraccionó los campos y vendió las viviendas a sus ocupantes. Al mismo tiempo, espacios públicos como la plaza y el cementerio pasaron a manos del Estado uruguayo.
Del letargo al impulso de la celulosa
Décadas más tarde, Conchillas volvió a experimentar una profunda transformación. En 2006 la empresa española ENCE anunció la construcción de una planta de celulosa, energía y un puerto en la zona, que rápidamente entró en suspenso. Posteriormente el proyecto fue adquirido por el consorcio Montes del Plata —integrado por las empresas Stora Enso y Arauco—, y las obras retomadas en 2011 modificaron sustancialmente la dinámica económica local.
Durante la etapa de construcción, que alcanzó su pico en 2013, llegaron a trabajar más de 6.000 personas. El movimiento económico impulsó el comercio, los servicios y el mercado inmobiliario del pueblo.
Desde la inauguración de la planta industrial, en 2014, Montes del Plata se consolidó como uno de los principales empleadores de la región.
