La relación entre las personas y su entorno, los condicionamientos que atraviesan esa relación y la posibilidad de transformar aquello que aparece como dado están en el centro de Interfaz, la nueva exposición de Bernardo Cardarelli que se presenta en el Espacio Arte de la plaza de toros de Colonia del Sacramento.
La muestra, inaugurada el sábado 29 de agosto, reúne una serie de instalaciones realizadas fundamentalmente a partir del trabajo textil y propone un diálogo particular con la arquitectura del espacio. No se trata solamente de llevar obras a una sala: Cardarelli construyó el montaje pensando en las características específicas del lugar, en sus dimensiones, sus estructuras metálicas y, especialmente, en la enorme superficie vidriada que comunica el interior con el exterior.
Interfaz continúa una línea de investigación que el artista viene desarrollando en distintas exposiciones. Entre sus antecedentes se encuentran Interior + Interior, presentada en el Espacio de Arte Contemporáneo de Montevideo, y Dados o el azar inexistente, exhibida en el Museo Zorrilla en 2023. En esta última, Cardarelli trabajaba sobre las nociones de lo dado, las reglas y el azar, utilizando estructuras textiles para modificar y resignificar aquello que aparece como establecido.
En Interfaz ese recorrido se desplaza hacia las relaciones: “Todo en lo que se basó es cómo las relaciones entre nosotros y nosotros, y nosotros y el otro, nosotros y el medio, el medio y nosotros; lo que nos condiciona, lo que condicionamos, lo que podemos cambiar de lo que hay”, explicó Cardarelli a la diaria.
Inauguración de la exposición “Interfaz”, de Bernardo Cardarelli.
Foto: Susan Ramallo, difusión
Una obra que no existe separada del lugar
La elección de la plaza de toros no fue accidental. Cardarelli ya conocía el Espacio Arte porque había trabajado allí como montajista en otras exposiciones. Esa experiencia previa le permitió observar las posibilidades y dificultades de una sala que, por sus dimensiones y por su frente vidriado, tiene una relación permanente con lo que ocurre afuera.
La instalación aprovecha tanto la profundidad como la altura de la sala. Algunas piezas se suspenden desde la estructura de hierro y otras ocupan diferentes planos, generando un recorrido que puede ser observado desde distintos puntos de vista. Pero la experiencia tampoco queda restringida al interior.
“Cuando vos mirás desde afuera, hay un sector que solo se puede ver desde afuera”, señaló Cardarelli. A través de perforaciones y superposiciones, determinadas obras permiten observar otras piezas ubicadas en el interior. Así, una instalación que está adentro también puede convertirse, dependiendo de la posición del visitante, en una obra que se percibe desde afuera.
En ese juego aparece una de las ideas centrales del título. La interfaz funciona como una zona de contacto, un lugar en el que dos espacios, objetos o personas se encuentran y se modifican mutuamente.
“La sala tiene un gran frente vidriado, entonces vos ves todo de afuera prácticamente”, resumió el artista. Por eso buscó “abrir la sala” y potenciar al máximo su ancho, profundidad y altura.
La vidriera, además, adquiere un papel particular. Cardarelli parte de la asociación habitual entre vidriera y espacio comercial para darle otro sentido: “Nosotros traemos la costumbre de la vidriera como cuestión comercial, ¿no? Eso de la aparición del espacio”. En Interfaz, ese dispositivo deja de ser simplemente una frontera entre interior y exterior y pasa a formar parte de la obra.
Una instalación que cambia con cada montaje
Uno de los aspectos que Cardarelli subraya es que las piezas no deben pensarse necesariamente como objetos aislados. La exposición reúne alrededor de una docena de elementos, algunos con mayor autonomía que otros, pero el artista entiende que es el conjunto el que construye el sentido.
“No hay individuales. Es como que todo conforma algo, a pesar de que algunas tienen como una autonomía”, explicó.
La comparación que utiliza es la de un libro de cuentos: cada relato puede tener vida propia, pero todos terminan formando parte de una unidad. También lo relaciona con los antiguos discos, donde existía un orden para escuchar las canciones. En Interfaz también hay una secuencia y una relación entre las distintas partes.
Eso hace que la muestra sea, necesariamente, diferente cada vez que se instala. “Yo desarmo y armo. Esta no se va a armar nunca, jamás va a ser igual, ni ahí ni en ningún otro lado, porque no tiene nada que ver con nada en ese sentido”, afirmó.
La arquitectura deja entonces de ser un simple contenedor para convertirse en uno de los materiales de la obra. Cada sala introduce condiciones diferentes y modifica las relaciones entre las piezas y entre estas y el público. En ese sentido, Cardarelli sostiene que en este caso se produjo una relación especialmente productiva: “La muestra potencia la sala, la sala potencia la muestra. Es como que la muestra habita en el espacio”.
“Jugar de local”
Para Cardarelli, exponer en Colonia también supone una experiencia diferente a hacerlo en Montevideo u otras ciudades.
“Para mí hay una cosa muy interesante, que es estar de local”, dijo. Una exposición en su propio departamento le permite llegar a personas que quizá no forman parte del circuito habitual de las artes visuales. “Si yo invito a alguien fuera del ambiente a Montevideo o a otro lugar, va a ser más difícil. Y acá tenemos una relación social”.
La inauguración, según contó, permitió precisamente ese encuentro entre públicos diversos. Personas que no necesariamente acostumbran visitar exposiciones se acercaron al Espacio Arte, en un contexto en el que la muestra podía funcionar también como lugar de encuentro y conversación.
Para el artista, esa proximidad modifica incluso la manera de acercarse a una obra. “No es alguien que vos tengas que interpretar, que está un ruso o un francés o un estadounidense. Nosotros estamos acá, en el mismo lugar, con las mismas cosas. Somos contemporáneos”.
En esa condición de contemporaneidad encuentra otra dimensión de Interfaz: la obra no pretende imponer una interpretación única, sino abrir un espacio para que cada visitante establezca sus propias relaciones.
“Hay que ir con más soltura, disfrutarlo. Es eso y nada más y nada menos que lo que estamos haciendo todos en la vida común y corriente: cada uno tiene su interpretación, su cosa, pero sabe que es de hoy con hoy”, señaló.
La muestra también representa para Cardarelli la posibilidad de trabajar durante varios días en una instalación de gran escala sin abandonar la vida cotidiana. Montar las piezas implicó utilizar un andamio para alcanzar las zonas más altas de la estructura y realizar numerosos viajes para trasladar materiales, pero hacerlo en Colonia permitió que ese proceso ocurriera cerca de su casa.
“Estar viviendo en el lugar te soluciona cosas mientras vas armando: seguís viviendo”, resumió.
