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Cultura Teatro y danza
Ballet. · Foto: S/d de autor, difusión

Ballet.

Foto: S/d de autor, difusión

Pasajeros en trance: el regreso de Roberto Suárez con Ballet

La creación colectiva transforma el teatro Odeón.

La obra manda. El escenario nunca se repite. Aunque Ballet trascurra en el Odeón, el mismo teatro donde hace siete años se estrenó Chacabuco, nada será igual. El 9 de octubre Roberto Suárez y equipo, su Pequeño Teatro de Morondanga, encenderán otra vez la sala de Ciudad Vieja con lo que promete ser un plato fuerte del Fidae. Los fantasmas volverán a habitar las historias, los espectadores se rendirán a la sugestión, pero los artistas, insiste Suárez, seguirán siendo nómades. “Siempre, según las necesidades de la obra, nosotros adaptamos el espacio donde estemos. Y en este en particular hubo una transformación total. No van a reconocerlo”.

Será, seguramente, la primera manera de descolocar a quien asista, desde su butaca, a un espectáculo en el que se trabaja la alucinación. “Este es un viaje hacia las profundidades de la mente, donde creo que interviene mucho el inconsciente”, adelanta el director, escueto en referencias para no arruinar el efecto que desplegará durante 80 minutos.

“Esta obra tiene una condicionante: que para lograr lo que queremos, decidimos sacrificar la cantidad de gente y que sea como la soñamos. Por eso es tres veces más grande el escenario que el público”, explica. El nuevo montaje permite que entren apenas 50 personas por función. Serán solo diez, por lo que conviene reservar.

Decrepitud, grotesco

El método de Suárez consiste en acercar un cuento a los ensayos y a partir de eso empezar a profundizar. El proceso empezó hace tres años. Después, “la escena es quien cambia o mantiene una historia según cómo lo va demandando, porque empieza a tener vida propia. Lo que puedo adelantar es que Amanda es una exbailarina que se va a enfrentar a sus alucinaciones y a sus miedos. Es una historia que habla sobre la pasión desmedida, también”, dice el creador.

No hay que esperar jetés ni dévelopés, aclara, ninguna figura o pirueta previsible en la danza clásica. El título obedece al universo de la protagonista y “tiene que ver con un dispositivo de movimiento”. Entonces vuelve el tironeo entre convocar y revelar demasiado: “Nos parece relevante que no se sepa mucho de la trama, ni de los mecanismos ni los fenómenos que ocurren en el escenario. La intención es muy importante para nosotros. Estamos hablando sobre la subjetividad y es una obra que, por su contenido, por quién la guía, es absoluta y políticamente incorrecta”, fundamenta el director.

“Son siete actores en escena, pero no quisiera describir nada más”, agrega. Como ocurrió en 2012, cuando estrenaron Bienvenido a casa en La Gringa, preservar la sorpresa es un pacto de toda la troupe, integrada ahora por Inés Cruces, Pablo García, Chiara Hourcade, Bruno Pereyra, Soledad Pelayo Alonso, Mariano Prince y Gustavo Suárez. ¿En qué estado los encontrará el público? “Poseídos”, asegura el director.

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Foto: S/d de autor, difusión

Si la poética de Suárez y sus trabajos colectivos suelen rozar la locura, las herencias y cierto fetichismo hacia otras épocas, esta vez está convencido de haber logrado estéticamente lo más macabro y grotesco de su cosecha: “Es la obra más potente que hemos hecho hasta ahora. Se suman muchas formas nuevas. Sin embargo, siempre hay residuos del pasado, en el sentido de que lo que a mí más me gusta de lo que estamos haciendo es que tiene algo extrañamente clásico y, por otro lado, algo muy novedoso conviviendo al mismo tiempo. Y por supuesto, hay una pasión por la belleza en la fealdad”.

Desde la década de 1990, Roberto Suárez mantiene una relación con lo teatral de procesos largos y de prolongadas ausencias, con puestas en escena ambiciosas y reconocidas, como El bosque de Sasha y El hombre inventado. En los últimos años, su vínculo con la productora audiovisual Cimarrón le abrió las puertas del mercado argentino, y es cada vez más frecuente verlo en películas y series rioplatenses, como Gordon, Fauna, 27 noches, Barrabrava y El Santo. El día en que dará a conocer Ballet en Montevideo coincidirá con el estreno mundial de Prince, una comedia negra de Federico Borgia, en el Festival de Cine de Londres.

Ballet se concreta en coproducción entre el Fidae y el Auditorio de Tenerife, lo que implica que en marzo Suárez y los suyos viajen a España y desde allí enganchen una serie de giras. Algo similar ocurrió con Bienvenido a casa, con la que recorrieron unas 14 ciudades españolas, aparte de presentarse en Chile, Colombia, Brasil y Argentina. Otra suerte corrió con Chacabuco, que tras las funciones en el festival Santiago a Mil, tuvo que interrumpir el viaje previsto a Europa a causa de la pandemia.

Suárez cree que quizás ahora sea más fácil sumergir al público en una ficción. “Es cierto que hay un bombardeo de información, de imagen, etcétera, pero están muy poco trabajadas la inducción y la sugestión. Nuestra intención es que lo vivan como una experiencia teatral sensorial”.