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Sepultura. Foto: redes sociales de la banda (@rodrigosimasphoto)

Sepultura. Foto: redes sociales de la banda (@rodrigosimasphoto)

La S huesuda que no volverá: Sepultura pone fin a su carrera

En su gira de despedida, la banda brasileña se presentará este viernes en Montevideo.

Fue demasiado tiempo el que tuvo que esperar la horda de metaleros uruguayos para ver por primera vez en vivo a Sepultura. Su debut oriental fue el sábado 21 de abril de 2007, en el marco de la segunda edición del Montevideo Metal Fest. Algunos recordarán: la muchedumbre alrededor del Velódromo, la lluvia fría que nunca se detuvo, la entrada ultrademorada, el piso de barro movedizo, la creciente incertidumbre, el escenario empapado y el grupo de plomos tratando de secar una y otra vez micrófonos, equipos e instrumentos.

Los argentinos Rata Blanca debían arrancar el espectáculo, pero en esas condiciones no estaban dispuestos a salir de su hotel. Las horas seguían pasando y el humor de los fanáticos cambiaba del entusiasmo y los nervios a los nervios y la rabia. Entonces, a alguien se le prendió la lamparita y decidió dar vuelta el cartel, que también incluía a los locales Rey Toro, Radical y Narval.

Con tres horas de atraso, el gigante brasileño se subió al escenario municipal y “calmó las aguas” con la mejor actitud, gran sonido y un repertorio imbatible. Junto con el vocalista estadounidense Derrick Green y el baterista virtuoso Jean Dolabella, los históricos miembros del grupo, el guitarrista Andreas Kisser y el bajista Paulo Jr., salían de las siluetas de las revistas para tomar forma ante los fieles de una más de sus filiales alrededor del mundo.

Esa noche imposible, con clásicos como “Refuse/Resist” y “Territory”, los norteños encendieron el pogo y salieron triunfantes. El resto del show confirmó la solidez de un grupo ubicado entre grandes interrogantes desde el gran quiebre de fines de los años 1990, cuando la banda y su cantante y frontman, Max Cavalera, tomaron caminos separados. Poco después, el baterista Igor Cavalera seguiría los pasos de su hermano para acompañarlo en proyectos como Cavalera Conspiracy, con el que visitaron Montevideo en 2015. Después de aquella noche fatal e inolvidable, Sepultura volvió varias veces por aquí para cumplir con compromisos menos trascendentes en La Trastienda y Complejo Sala, y lo mismo hicieron los hermanos de rancho aparte.

En el caso de Sepultura, el grupo continuó con su carrera de giras por Europa y Estados Unidos, grabó discos irregulares como A-Lex y Kairos, y retomó su camino más inspirado con Quadra, lanzado en días de pandemia.

El viernes 8 de diciembre de 2023, el guitarrista y líder de la banda, Andreas Kisser, anunció el comienzo de un nuevo tour de Sepultura y el cierre definitivo de sus oficinas. La noticia sigue impactando al mundo del metal y de la música en general, y el grupo no ha dejado de girar desde entonces. Los rumores de una posible reunión de los hermanos Cavalera con los actuales Sepultura tampoco se detienen, a pesar de la compleja relación entre las dos partes. Oficialmente, Sepultura ofrecerá el último de sus conciertos el 7 de noviembre en San Pablo, pero antes les dirá adiós a sus fans uruguayos, este viernes 2 de octubre, en Montevideo Music Box, nuevamente acompañados por la banda de Fabián Chupete Furtado, Rey Toro.

Raíces, sangrientas raíces

Los orígenes de Sepultura se remontan a 1984, en Belo Horizonte, con los hermanos adolescentes Max e Igor Cavalera y sus compadres Paulo Jr. y Jairo Guedz. Tachas, cueros, discos de Venom, Judas Priest y Motörhead, pocos recursos y el atrevimiento de formar una banda de metal con canciones en inglés, lejos del dominio de cualquier idioma, pero confiados en el swing de sus ruidosas composiciones.

Para 1985, Cogumelo, que era un sello y a la vez la disquería de referencia de la movida metalera para ir a pasar la tarde, publicó el primer material de Sepultura en un EP compartido con sus colegas de Overdose, y al año siguiente, su primer LP, Morbid Visions.

Eran años fértiles de correspondencia cruzada entre fanzines y bandas alrededor del mundo, y Max no desaprovechó esa oportunidad. Atomizó a los sellos europeos y estadounidenses especializados y logró que el nombre de una banda del lejano y extraño Brasil sonara cada vez con mayor insistencia entre las recomendaciones de los sabiondos del heavy más radical.

En 1987, el guitarrista Jairo Guedz abandonó la banda y su lugar lo ocupó el paulista Andreas Kisser. Con él grabaron el influyente Schizophrenia y, a la vez que se acercaron al thrash metal, adquirieron una personalidad musical mucho más original y atractiva.

El resto es la historia más conocida. En 1988 firmaron con Roadrunner y al año siguiente editaron el fundamental Beneath the Remains, con clásicos como “Inner Self”, “Mass Hypnosis” y “Primitive Future”, y en 1991 editaron su primo cercano Arise, con una portada cadavérica igual de icónica que la de su antecesor.

En poco tiempo y a partir de su primera gira europea, Sepultura se volvió un fenómeno de consenso mundial, al menos en el vasto universo heavy metal. Además de su impronta dentro de los subgéneros más guturales del rock pesado, tenían sentido y oportunidad, sus textos cargados de crítica política y social con tintes apocalípticos, lejos de los dragones y la mitología satánica de sus colegas en retiro.

En América Latina, el impacto conseguido por Sepultura se tradujo en una victoria de festejo colectivo. De pronto, la patria grande con la que soñaron Simón Bolívar y José de San Martín se volvía realidad, solo que con peludos vestidos de negro y con la emblemática S huesuda impresa en sus camisetas.

Publicaciones prestigiosas como las inglesas Kerrang! y Metal Hammer confirmaban la calidad musical de la banda, que empezaba a codearse con los gigantes de Megadeth, Metallica y Slayer, entre muchos otros, pero aún faltaba mucho más en la carrera de los brasucas.

Una mezcla de talento y ambición empujó a Sepultura al éxito masivo de MTV y a pelear por el título del grupo de heavy metal más pesado, más popular y con mayor onda de todos los tiempos. Eso sucedió alrededor de 1996. No solo la música de Sepultura estaba de moda, tanto como la de Pantera, Korn y White Zombie. Los metaleros y otras tribus le copiaban a Max sus championes pegados con cinta pato, sus rastas y sus camisetas deportivas, como la de la selección brasileña, en vez del cuero ceñido al cuerpo.

Muchos quisieron copiarle a la banda el sonido maquinal y orgánico de sus guitarras, plasmado en su disco Chaos A.D., que marcó un antes y un después en el encare de la música pesada.

Mucho más reales que los delineados Metallica del álbum Load, más pesados que Megadeth y mucho más divertidos que Slayer, en 1996, con el lanzamiento de Roots, el último álbum con los hermanos Cavalera, la banda provocó el tercer o cuarto cimbronazo en las columnas del metal, cuando se la jugó por la música autóctona de su Brasil y la mezcló, con gran astucia, con canciones densas y pesadísimas que recibieron una aprobación unánime del público metalero.

En lo más alto, la banda conoció su más auténtico final, envuelta en una disputa de lo más corriente, con una mánager acusada de actuar como lo hizo para algunos Yoko Ono con The Beatles (Gloria Cavalera, pareja de Max), una muerte inesperada (la de Dana Wells, hijo de Gloria) y un rencor que aún permanece. De aquellos días ya han pasado más de 30 años.

En 2022, Patricia Perissinotto, esposa de Andreas Kisser, murió de cáncer. En febrero de 2026, Christina Cavalera, hija de Gloria e hijastra de Max, también falleció luego de una larga enfermedad.

En 2021, en una conversación con este periodista, Andreas Kisser contaba: “Conservo todo el material de memorabilia de la banda. Quizás en algún momento hagamos algo así como un museo de Sepultura. Entre lo más raro, conservo un ejemplar de Arise editado en Polonia. Lo compré en una tiendita de discos en Auschwitz, cuando fuimos a conocer ese campo de concentración. Nunca nos terminamos de acostumbrar a los lugares a los que llegamos con nuestra música”.

Confeso fanático de Star Wars, cuando le pedí a Andreas que eligiera uno solo de sus personajes, admitió que era la más pregunta más brava, pero que siempre había preferido a Luke Skywalker: “Cuando tenía 9 años, en 1977, fui a un cine yo solo para ver Star Wars. Y luego acompañé toda la trayectoria de Luke y Anakin. También me encanta el General Grievous, pero con Luke siempre tuve algo especial. Fue muy emocionante ver Episodio IX: el ascenso de Skywalker. De alguna manera, cuando él pasó a otra dimensión vi reflejada toda mi vida desde aquella vez cuando tenía 9 años”.

Por último, sobre el secreto para sonar pesado y convincente, respondió: “Si hay algo, creo que es inconsciente. Viajar siempre te da ideas nuevas. Cuando estás escribiendo para metal, hay un espíritu en el medio, algo, no lo sé”.

Sepultura. El último show. Viernes a las 20.00 en Montevideo Music Box (Dámaso A Larrañaga 3195). Entradas desde $ 3.580 a $ 4.580 en Redtickets. Banda invitada: Rey Toro.