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Cultura Cine, TV, streaming
Bajo la superficie.

Bajo la superficie.

¡Suelten al kraken! La miniserie Bajo la superficie

Los calamares asesinos regresan a la pantalla.

Si bien los reyes indiscutidos del terror marino son los tiburones (más precisamente, los Carcharodon carcharias o grandes tiburones blancos), no es que los calamares gigantes sean unos recién llegados a la pantalla. Incluso, tienen también una base literaria compartida: para cuando Peter Benchley, el autor de Tiburón –la novela en la que se basó Steven Spielberg para inventar el primer blockbuster de la historia y alejar multitudes de las playas– ya nadaba en dinero, pensó alternativas para nuevos relatos. En 1991 publicó La bestia, una historia con muchos puntos en común con su obra maestra, y bastante inspiradora para la serie que nos ocupa hoy.

Bajo la superficie tiene como base muchos tropos evidentes de “horror marino”, pero en particular toma de la novela de Benchley algunos personajes –pescadores, biólogos marinos y millonarios que piensan en enriquecerse mientras ocurren las desgracias– así como su particular monstruo, un Architeuthis dux, o calamar gigante, particularmente enojado con la especie humana.

Más allá de esta referencia literaria, no es el cefalópodo de Bajo la superficie el primero en ocupar celuloide. La propia novela de Benchley fue adaptada en 1996 como miniserie de dos episodios (con William Petersen, Charles Martin Smith y Larry Drake) para sumarse en franco formato monstruo a las diferentes apariciones que habían tenido hasta este entonces los calamares gigantes: el ataque al Nautilus en el momento indicado (es uno de los mejores recuerdos que tengo de 20.000 leguas de viaje submarino en la versión Disney de Richard Fleischer) y su aparición para arrasar ciudades cuando Zeus se impacientaba y terminaba gritando “release the kraken!” (en cualquiera de las versiones de Furia de titanes).

No eran, con todo, presencias frecuentes. Sin embargo, este mismo año dos producciones con el mismo título –Kraken– aparecieron en diferentes servicios de streaming, ambas europeas (noruega y rusa), ambas de bajo presupuesto, y, al menos en un caso, con pobres resultados. Ahora Netflix suma su granito de arena con esta miniserie de seis episodios, ambientada en Terranova, Canadá.

Olor a mariscos

El pequeño pueblo de Snook’s Arm ha visto mejores días. Una comunidad que ya fue traspolada de otras partes por la adquisición forzosa de tierras se enfrenta a la pobreza, a la prohibición de pescar y a un nuevo traslado –siempre y cuando lo favorezca la votación que se realiza entre los locales– que desarticularía la comunidad. Pero mal o bien, sobreviven pescando pequeños icebergs que se utilizan para hacer vodka o alquilando sus pintorescas casas mediante Airbnb. Esta es la situación de Calvin Penney (Josh Hartnett), nuestro protagonista, quien al frente de su familia (Wade, Mary y Jay, interpretados por Charlie Stranger Things Heaton, Ruby Stokes y Rohan Campbell, respectivamente) trata de llevar las cosas adelante lo mejor posible.

Todo cambia cuando aparece en la bahía del lugar un gigantesco iceberg –con muy mal olor– que se vincula a una serie de ataques y desapariciones que vienen ocurriendo por la zona, así como la ausencia de gran parte de la vida marina, en algo que viene siendo estudiado por la científica Fonda Howander (Mackenzie Davis).

La presentación de los personajes y los primeros ataques y desapariciones dan pie a dos episodios estupendos, que ponen muy arriba el interés, en un franco relato “de monstruos” muy bien presentado. Lamentablemente, no le basta a la serie creada por Jesse McKeown, puesto que pronto comienza a agregar ingredientes en la olla, algunos interesantes y otros que son puro relleno. Entre los primeros, una reacción que se da entre aquellos que tienen contacto con el calamar o las aguas que ha “infectado” (por decirlo de algún modo) que tiene como efecto excesos de delirio o franca locura, así como la aparición de una expedición liderada por David Wenham que también busca a la bestia.

Entre lo innecesario, hay montón de subtramas que mucho no vienen a cuento de nada y que parecen solo puestas allí para lograr alcanzar la duración necesaria de los seis episodios televisivos. Sobrevuela la sensación de que una película sin grasa ni sobrantes habría sido un formato mucho más efectivo, así como abrazar con mucho más entusiasmo la diversión bien clase B de una de monstruos, sin necesidad de mensajes pseudoecologistas que no conectan con nada.

En sus mejores momentos, aquellos que involucran los ataques del calamar o permiten a su elenco brillar (con todo y los acentos extraños a los que hay que acostumbrarse), _Bajo la superficie _ es una serie que entretiene, que aprovecha su buena producción y que trae de regreso a la pantalla a los calamares gigantes que bien pueden, cuando los dejan, aterrorizar con suficiente fuerza como para lograr alejarnos a todos del agua.

Bajo la superficie. Seis episodios de aproximadamente 40 minutos. En Netflix.