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Cultura Miradas
Foto principal del artículo 'Totalmiente obviamiente: una lectura adverbial del edil Gómez y sus asesores' · Ilustración: Ramiro Alonso

Ilustración: Ramiro Alonso

Totalmiente obviamiente: una lectura adverbial del edil Gómez y sus asesores

Coincidencias en el discurso de dos involucrados en el escándalo nacionalista.

El edil nacionalista Gonzalo Gómez dijo que “desconocía totalmente las actividades ilícitas que llevaba adelante” Pablo Leiva. Aclaró que “formalmente” no era su asesor y que cumpliría unas tareas no muy complejas, “que las podía llevar esta persona tranquilamente”. Sobre Lucio Leiva, hijo del detenido y también asesor, sostuvo que “yo confío en su persona, por eso es que trabajó conmigo muy cercanamente”, además de que nunca habían pensado que el padre cometiera o cometería ilícitos, “que, obviamente, a todos nos toman por sorpresa y nos generan mucha tristeza”, con una rima que podemos suponer que se dio de manera involuntaria.

En cuanto a otras estribaciones del caso, Gómez aseguró que el exsenador y director del puerto Jorge Gandini y su esposa “se vieron involucrados injustamente en toda esta causa”. Lucio, quien también se expresó, lamentó ver su nombre vinculado a “hechos que me son completamente ajenos”.

La sola lectura de la secuencia “desconocía totalmente” resulta interesante. El verbo se forma adicionando el prefijo de negación des- a la base conocer, lo cual significa “no conocer”. En general, cuando desconocemos algo no lo hacemos parcialmente, más o menos o un poco. Los políticos, por otra parte, incluso cuando no saben algo completamente, intentan generar la sensación de que su dominio sobre el tema es absoluto y definitivo. Con desconocer ya habría bastado, pero el hablante sintió la necesidad de complementar el verbo con un adverbio que lo graduara, es decir, que expresara hasta qué punto absoluto desconocía, de modo que no se supusiera que desconocía parcialmente, escasamente o nulamente las actividades delictivas de esa persona cada vez más desconocida.

Dicho sea de paso, es interesante ver el cambio semántico de la idea de asesorar, que por lo general sería sinónima de “orientar, aconsejar, sugerir, recomendar, proponer, aclarar, encauzar, encarrilar, dirigir, instruir, informar”, según recoge el diccionario de la RAE, que no incluye el uruguayismo que podría definirse como “cumplir tareas no muy complejas, en caso de que estas fueran encomendadas”.

El caso llama la atención por diversos motivos que han hecho que se haya hablado constantemente sobre el tema, y una mirada atenta a lo que publica la diaria permite ver la cantidad de “adverbios en mente” que necesitaron los declarantes. Hubo que aclarar que la condición de asesor no lo era de manera formal, con lo cual se toma un poco de distancia del personaje; Lucio trabajaba cercanamente y no cerca, tal vez para darle un toque de formalidad; los ilícitos obviamente son una sorpresa, de modo que no hay que tener un atisbo de duda sobre la probidad del edil; Gandini y su cónyuge se ven involucrados injustamente, con lo que queda clara la evaluación que se hace de la limpieza de todos menos de quien cayó y, por último, Lucio dice que los delitos no le son ni parcial ni escasamente ajenos.

Es muy larga e interesante la historia de estos adverbios presentes en todas las lenguas románicas menos el rumano (que los incorpora con gradualidad en el siglo XIX por medio de préstamos del italiano y el francés) que, según explica la lingüista Concepción Company,i fueron sustituyendo a los adverbios latinos, que ya no eran comprendidos con facilidad en la época de las Glosas Emilianenses, datadas entre los siglos X y XI, uno de los primeros documentos donde se identifica algo que podemos llamar “español”. Esta productiva clase de palabras se formó, en su origen, agregándole a un adjetivo el sustantivo mente –que significaba eso mismo: “mente, cerebro”–, el cual pasó de designar una parte del cuerpo a aludir a la actividad realizada con ella, trasladándose de lo concreto a lo abstracto. La autora, además, propone que puede haber una influencia del cristianismo en este cambio lingüístico, ya que, valiéndose de las palabras de Rafael Lapesa, puede haberse hecho necesario “el análisis de la propia conciencia, el afán por ver en los actos la intención con que se realizaban”, como, por ejemplo, buenamente o sanamente.

Como dato no de color sino de sonido, podría agregarse que en el español medieval existieron algunas variantes del sufijo o elemento compositivo -mente, que luego se fueron perdiendo, tales como -mentre, -mientre o -miente, como en liurementre, limpiamientre o naturalmiente.